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La
cultura comunicacional
Prof. Beatriz
Sarlo
Les
quiero agradecer a los organizadores
la invitación.
Me pareció un desafío
muy interesante cuando vinieron a
verme para hablar aquí, sobre
todo cuando supe quiénes eran
ustedes o, al menos, me dieron una
idea de quiénes eran. Doy habitualmente
muy pocas conferencias porque enseño
mucho en la Universidad, pero siempre
me parece valioso conversar con gente
que esté en contacto, en mayor
contacto del que yo tengo con una
sociedad más amplia. Yo tengo
contacto con una sociedad, en realidad,
muy estrecha, muy académica,
muy chica, muy parecida a uno, digamos.
Entonces siempre me pareció
que, si voy a dar una conferencia
una vez por año, el contacto
con gente que está en la vida,
en una sociedad más amplia
que la que yo conozco me parece más
interesante y me parece que de ahí
puede surgir un diálogo muy
rico. Por eso estoy muy agradecida
por la invitación.
Gramsci decía
que todas las sociedades construyen
una cultura sobre la base de lo que
él llamaba algunos repetidores
sociales, es decir, aquellos que llevaban
lo que decían los libros. En
la época de Gramsci no sólo
libros sino diarios, lo que decían
los libros hacia abajo de la sociedad.
Y que esos repetidores sociales eran
fundamentales en la constitución
de una cultura, en la conservación,
en la transmisión de una cultura.
Que si uno se quedaba sólo
en los intelectuales que están
colocados en un lugar de la sociedad
era muy difícil que ese discurso
bajara de manera alguna. Entonces,
en ese punto, en el punto de aquellos
que están trayendo y llevando
de un lugar a otro, de aquellos que
van de un lugar a otro trayendo y
llevando discursos, trayendo y llevando
experiencias que no son enteramente
de ningún lugar porque son
los que llevan y traen de un lugar
a otro, en ese punto me parece que
hay una gran riqueza intelectual,
y una gran riqueza para pensar relaciones
y relaciones específicamente
culturales como es el tema que nos
convoca..
El título
de ese tema yo lo recibí de
ustedes, de sus compañeros
organizadores y era la Cultura Comunicacional.
Esta idea de que la cultura venga
acompañada por un adjetivo:
comunicacional... No se hablaba de
cultura comunicacional hace 50 años.
Se hablaba de cultura, se podía
hablar de cultura de los letrados,
de culturas populares, se podía
hablar de culturas campesinas, de
culturas obreras, de culturas de elite,
de cultura de insumo interno. Lo que
no estaba unido, como una característica,
a la idea de cultura era este adjetivo
comunicacional. Algo sucedió
en las últimas décadas
para que, ya sea en ensayos o investigaciones,
y en los mismos medios de comunicación,
la palabra cultura tenga esta especie
de aditamento, esta precisión:
cultura comunicacional.
Y lo que sucedió, podríamos
decir, es lo que, en las últimas
décadas, se llamó giro
de la posmodernidad, o advenimiento
de la posmodernidad. Entre las muchísimas
definiciones que se han hecho de posmodernidad,
una de las definiciones posibles es
que la posmodernidad es aquella época
en que los medios de comunicación
hegemonizan y dirigen todo el espacio
cultural.
Hay otras caracterizaciones
de posmodernidad. Se puede decir que
la posmodernidad es la época,
dice Vattimo, donde estallaron los
grandes debates, es decir que ya no
hay un debate del progreso , ya no
se debate hacia dónde se encamina
la humanidad, hacia dónde se
encamina la Nación, ya no hay
de eso en la posmodernidad . Pero
ésta es la definición
que hace a lo cultural que me parece
que es muy precisa. Los medios de
comunicación han pasado a ser
directores hegemónicos, fuerzas
directoras, espacios de producción
casi únicos de iniciativas
culturales, definen la cultura.
Esto no sucedió
así siempre, de ningún
modo. Esto no sucedió así
ni siquiera en todo el siglo XX. Esto
empieza a suceder , yo diría
en países como la Argentina
a partir de los años 40 . Es
allí donde los medios de comunicación
empiezan a disputar con otras instituciones
de la sociedad la dirección
sobre la cultura.
Hasta los años
40, otras instituciones de la sociedad
y, básicamente, la escuela
dirigían la construcción
de una cultura común . En el
momento en que la escuela entró
en proceso de retroceso, nunca nos
damos cuenta cuándo empieza
verdaderamente. Uno el proceso de
retroceso de la escuela lo pone en
los años 70 , el 80., pero
ese proceso de disputa a la hegemonía
de la escuela es anterior, cuando
los medios de comunicación
se implantan. Uno podría decir
entonces que las culturas populares
se arman en la intersección
, hacia 1950, de la institución
escolar y los medios de comunicación..
Y, a partir de ese momento, 1940 y
1950, de ese momento de intersección
donde todavía la escuela tiene
algo para decir y los medios tienen
algo para decir. No hay conflicto,
hay una cooperación entre escuela
y medio.
A partir de
ese momento, uno podría decir
que viene una sustracción progresiva
de la escuela y un avance progresivo
de los medios de comunicación
hasta que llegamos a la realidad contemporánea
donde tenemos una institución
escolar completamente destartalada,
absolutamente destartalada. No sólo
materialmente, no solamente cuando
uno piensa en las escuelas rancho
de los lugares más pobres.
Destartalada no sólo materialmente
sino destartalada en términos
simbólicos, destartalada en
términos de su autoridad.
De su autoridad
en el buen sentido de la palabra,
de tener un lugar donde emitir una
palabra autorizada como tuvo la escuela
en una parte importante de la historia
argentina.. Entonces nos encontramos
con una escuela absolutamente destartalada
y los medios de comunicación
en una competencia muy fuerte. Hasta
que ustedes ven en las encuestas que
se hacen sobre cultura juvenil, que
la credibilidad de la escuela es bajísima,
en todas las encuestas sobre opinión
pública juvenil, la credibilidad
de la escuela es bajísima y
la credibilidad de los medios, la
creencia en los medios es altísima.
Esto, podríamos
decir, es posmoderno y no nos sucede
sólo a nosotros. El conflicto
entre medios de comunicación
e instituciones escolares se reduplica
en otros conflictos: medios de comunicación
y familia, medios de comunicación
e iglesia, medios de comunicación
e instituciones de la sociedad, no
sólo la escuela, sino con todas
las instituciones culturales de la
sociedad. Este conflicto se da en
casi todo occidente. La naturaleza
de ese conflicto cambia por Nación..
Hay naciones
ricas, muy poderosas con estados muy
poderosos, con estados muy concientes
de la importancia de la cultura que
no abandonan la construcción
cultural a los medios de comunicación,
que defienden la escuela pública
.Si uno piensa en un estado de esa
naturaleza, uno puede pensar en Francia.
Francia es un país muy poderoso,
muy rico pero que también tiene
políticas públicas de
defensa de las instituciones públicas.
La institución
escolar es considerada la piedra fundamental
de la República y sobre esa
piedra se hacen todas las innovaciones,
todas las inversiones, todos los esfuerzos.
Pero en todos lados, aun en esas naciones
que están todas en el centro
del mundo,que se entienda: están
en el centro del mundo, aún
en todas estas naciones, la competencia
entre la cultura comunicacional y
los otros lugares de producción
cultural sigue siendo muy fuerte.
Esto es la posmodernidad....O sea
que cuando decimos cultura comunicacional
estamos tocando el núcleo,
el corazón de lo que llamamos
cultura posmoderna.
Esto genera
para nosotros, para los argentinos,
cada país tiene manifestaciones
particulares de este fenómeno...
Para nosotros, para los argentinos
esto se genera en el marco de un proceso,
que todos conocemos bien, de empobrecimiento
colectivo fuertísiimo. Las
cifras de la pobreza, de la miseria
en la Argentina son bien conocidas.
No es mi especialidad repetirlas pero
todos tenemos la experiencia de que
eso está ocurriendo. Si no
quisiéramos enterarnos, nos
enteraríamos simplemente caminando
por la calle de una ciudad rica como
Buenos Aires, como fue Buenos Aires.
Simplemente, hoy aunque nadie quisiera
enterarse se enteraría porque
el proceso de latino americanización
aún en el estado mas rico de
la Argentina es evidente.
Y ese proceso
de empobrecimiento, dentro de una
cultura globalizada posmoderna es
un proceso muy fuerte, y es ese un
rasgo nacional. No en todos los países
donde hay cultura globalizada posmoderna
hay un proceso similar de empobrecimiento.
Ni siquiera uno puede decir que eso
sucede en Brasil. Brasil no es un
país que esté en proceso
de empobrecimiento. Es un país
de una injusticia pasmosa. Es el país
que tiene más diferencia en
la renta entre aquellos que más
ganan y aquellos que menos ganan.
Es el más injusto, en ese punto,
en el mundo, pero no podemos decir
que Brasil es un país que ha
atravesado las últimas tres
décadas en un proceso de empobrecimiento
por el contrario. Es un país
que tiene decenas de millones de personas
pobres pero no es un país en
proceso de empobrecimiento. Ésta
es la diferencia de la Argentina,
es decir, que ni siquiera podemos
compararnos con otros países
del tercer mundo, con otros países
del cono sur. La peculiaridad nuestra
es que somos un país en proceso
de empobrecimiento y en un proceso
que no habíamos previsto. De
repente nos despertamos de un sueño,
de un sueño de la Argentina
del siglo XX y nos despertamos en
un capítulo lamentable de ese
sueño como fueron los años
del menemismo y descubrimos, los que
no caímos, los que caían
ya lo sabían, pero los que
no caímos descubrimos que estábamos
en un nuevo país. Y prácticamente
en el curso de un año, dos
años, tres años, lo
cual es muy poco para una sociedad.
Para una persona un año , dos
años puede ser tiempo. Para
una sociedad es muy poco , por eso
digo que muy rápidamente, de
la noche a la mañana, descubrimos
que habíamos caído.
Y lo que cayó,
lo que cayó en esa caída
es algo que tiene que ver básicamente
con la cultura que son los rasgos
de una identidad. Yo creo que una
identidad nacional no está
vinculada ni con la bandera, ni con
el territorio ni con querer tener
las Islas Malvinas, ni con cosas sentimentales.
Yo creo que eso no tiene que ver centralmente
con una identidad nacional Es más,
a veces, el territorio ha producido
las peores cosas. El ansia de territorio
ha producido las peores cosas como
ha sucedido en la dictadura militar
de los últimos años.
Yo creo que eso no tiene que ver con
la identidad argentina.
La identidad
argentina tenía otros rasgos.
Otros rasgos que yo creo que estaban
basados en tres coordenadas que me
parece importante que analicemos.
Pero antes de ser analizadas, yo quisiera
darles una imagen de eso. Una imagen
que es una experiencia personal del
impacto de la quiebra de la identidad.
El impacto simbólico, el impacto
cultural de la quiebra de la identidad.
Yo volvía el año pasado
de Chile, de una reunión en
Santiago de Chile y subo al avión
y me dan El Mercurio. Y era domingo
, o sea que El Mercurio venía
con su revista dominical que es igual
a la revista dominical de Clarín,
a la revista dominical de La Nación
y a todas las revistas dominicales,
con doscientos colores en la tapa,
una foto de gran impacto. Abro el
diario y la foto de la tapa de El
Mercurio era una de esas fotos del
Norte argentino, de una mujer de unos
quince, una chica de unos quince,
dieciséis años, completamente
desnutrida con un bebito en brazos
completamente desnutrido, agonizante
y decía, el título de
la tapa decía "Argentina,
la nueva África"
Y yo viajando,
ahí, cruzando la cordillera
quedé bajo ese impacto porque
eso sí que yo no iba a poder
suponerlo. Una persona nacida en la
década del 40 como soy yo no
iba a poder suponer que iba a venir
de Chile, no de París o de
Londres o de Roma sino de Chile y
que iba a encontrar en una revista
chilena, en la tapa de una revista
dominical, la foto de una adolescente,
madre desnutrida de un chico agonizante
de hambre- Típica foto que
se vieron el año pasado en
todos los diarios. Quedé absolutamente
confundida. Por un lado estaba eso
que nos había pasado; por otro
lado, estaba la globalización
cultural que convertía eso
en la tapa donde el domingo siguiente
seguramente estaba Valeria Mazza o
alguna otra star del mundo del espectáculo.
O sea, las tapas ponen, más
o menos, como equivalentes, cuestiones
que son de vida o muerte para los
pueblos y cuestiones que no lo son.
Bueno, ahí estamos. Entonces,
yo quedé ahí, sorprendida
y dije : "Esta tapa es la tapa
de la quiebra de nuestra identidad".
Esta tapa. Tapa que conservo por supuesto
y conservo la revista chilena. No
era lo mismo que verla en los diarios
argentinos. Siempre Argentina fue
admirada en América Latina.
"A ustedes no les pasa esto,
a ustedes no les pasa esto, a ustedes
no les pasa esto". Todavía
mis amigos chilenos, mis amigos del
partido socialista chileno, me seguían
diciendo "ustedes pudieron hacer
tal cosa, ustedes pudieron hacer tal
otra". ¡Todavía!.
Bueno, entonces bajo con la revista
y digo:" Esta es la foto simbólica
de la quiebra de nuestra identidad
"Porque
¿qué
era nuestra identidad?, ¿qué
era la identidad argentina?, ¿
qué fue la identidad argentina
en gran parte del siglo XX? En la
década del 80 creímos
que íbamos a poder recuperarla.
Todavía cuando vino la transición
democrática creemos que vamos
a poder recuperar esa identidad.
Esa identidad
estaba basada, en mi opinión,
en tres puntos, tres cualidades. Una,
el milagro pampeano del pleno empleo.
Éste era un país de
pleno empleo. Cuando había
desocupación o se pensaba que
había desocupación,
se estaba rozando el 7%. La cifra
habitual era del 5 al 6%, que es la
gente que está cambiando de
trabajo o la gente que, de alguna
manera, sale, por alguna razón,
del mercado de trabajo. Éste
era el país del pleno empleo.
Se podía trabajar en algo que
a alguien no le gustara. Se podía
luchar por mejores condiciones de
trabajo. Mi generación es la
típica generación que
entró en política acompañando
el movimiento por mejores condiciones
de trabajo. Típica generación
de los años 60 que luchó
por la SMATA Córdoba, metalúrgicos.
Típica generación que
acompañaba los movimientos
de los obreros de tal fábrica
que no podían trabajar tanto
tiempo...Típico movimiento
donde lo que estaba de manifiesto,
lo que estaba en conflicto social
eran las condiciones de trabajo, salario,
por supuesto, pero condiciones de
trabajo.
Si ustedes
ven la izquierda de los años
60 se agrupa alrededor de sindicatos
que tienen muy buenos obreros y muy
buen empleo pero que son muy combativos
porque están combatiendo a
la manera que hoy tienen los obreros
alemanes. Es decir, reducción
de la jornada laboral, mejores condiciones
para los obreros por el tipo de producción.
Eso era lo que pasaba en la Argentina.
Era un país acostumbrado al
pleno empleo y eso hacía al
segundo rasgo de la Argentina, que
era un país que durante todo
el siglo XX, pese a las dictaduras
militares, a los intermedios de dictaduras
militares, había sido un país
de extensión de derechos cívicos
y sociales. Con un voto obligatorio
y universal masculino, muy temprano
para América Latina. Lo obligatorio
es muy importante: crea el hábito
de voto. Cuando se dice, no, bueno,
podría no ser obligatorio,
hay que mirar que pasa en Estados
Unidos, qué pasa en Colombia,
qué pasa en los países
donde el voto no es obligatorio y
los presidentes terminan siendo elegidos
por el 20% de la población.
Este país tiene voto obligatorio
y universal masculino en 1912 y ahí
empieza un capítulo de extensión
de derechos. Este país tiene
una ley de educación que es
más inclusiva que la propia
Constitución Nacional, porque
hace obligatoria la educación
para hombres y para mujeres. Mientras
que la Constitución todavía
diferenciaba entre hombres y mujeres,
en el voto y otros derechos, la Ley
de educación no diferencia,
de ahí que sea más inclusiva
que la propia Constitución
Nacional. Y después viene todo
el capítulo de extensión
de derechos que pese al juicio que
se tenga sobre la primera década
peronista, década del 45 al
55 es, sin duda, un período
de extensión de derechos.
Suspendido
el juicio que se tenga sobre el carácter
de régimen político,
sin duda, es un período de
extensión de derechos.
Éste es el otro rasgo argentino,
un país donde sus habitantes
estaban incluidos en la soberanía.
Y estaban incluidos en la soberanía,
eran soberanos, eran ciudadanos; el
ciudadano era el soberano... Estaban
incluidos en la soberanía porque
además tenían bases
económicas para sentirse incluidos.
El trabajador, el que tiene asegurado
su sustento, el que puede mantener
a su familia, el que puede mandar
a sus hijos a la escuela, el que tiene
un hospital donde recurrir más
o menos eficientemente, tiene tiempo
para ser ciudadano. El que no tiene
todo eso no tiene tiempo, disposición
intelectual, disposición mental
para ser ciudadano.
Cuando Perón
arengaba con su famosa frase "Corten
los alambrados para venir a votar",
él quería decir que
los peones rurales debían independizarse
de los dueños de estancia.
Pero esos peones estaban independizados
antes de cortar el alambrado, porque
había habido ciertas medidas
sociales que los habían independizado;
porque había habido un Estatuto
del peón que les había
dado una garantía de que no
podían ser tratados como mano
de obra servil, como mano de obra
esclava. Entonces los alambrados podían
ser cortados, real o simbólicamente,
porque había condiciones materiales
en las que ese corte era posible.
La ciudadanía política
siempre está basada en condiciones
materiales. Y qué decir de
la ciudadanía cultural. La
disposición cultural está
basada en condiciones materiales.
Entonces la
Argentina tenía el rasgo del
pleno empleo y este rasgo producía
otro rasgo: el de la extensión
progresiva de los derechos. Y entonces
aún cuando venían las
dictaduras, los argentinos pensábamos
que éste era un régimen
injusto. Que se luchara o no contra
ellas era otra cuestión pero
el régimen que cortara con
los derechos era injusto. Porque esos
derechos se tenían; la soberanía
de los ciudadanos se tenía,
estaba garantizada por otra cosa,
anterior. Por una pertenencia a la
sociedad.
Y el tercer
rasgo, es un rasgo directamente cultural
y es que la Argentina era un país
de alfabetización plena y eficiente,
no de alfabetización relativa
o de alfabetismo funcional. Esto es
lo que recibían los argentinos
como imagen de sí de América
Latina. Esto es lo que recibían,
cuando uno hablaba con el brasileño
que decía "No, claro porque
el pueblo argentino tiene una cultura",
¿Quería decir que el
pueblo argentino sabía tocar
el piano o iba siempre a los museos?.
No. Quería decir que el pueblo
argentino era un pueblo alfabetizado,
que la lecto escritura estaba garantida,
que el derecho al acceso a la escuela
estaba garantizado porque la escuela
podía enseñar porque
no tenía que dedicarse a darle
de comer a los chicos. La maestra
podía enseñar porque
la escuela no estaba destartalada..
La escuela era la institución
respetable por excelencia y no tenía
que reemplazar a la familia en contención
para que los pibes no se droguen,
para que no sean chorros. Las maestras
podían desempeñar la
tarea para la cual el Estado les pagaba.
Y éste era un rasgo diferencial.
El orgullo
cultural argentino, esa cosa tan repugnante
por momentos , que yo he sentido,
que hemos tenido los argentinos en
buena parte del siglo XX, de sentirnos
superiores al resto de los latinoamericanos,
tenía esa base. La superioridad
que no se debería ejercer con
orgullo, por supuesto, pero que se
ejercía. La superioridad tenía
esta base.. La base de la cultura,
del piso cultural común logrado,
del pleno empleo por el cual los ciudadanos
no se convertían en reclamantes.
Lo que hoy
vemos en Buenos Aires y en toda la
Argentina son masas de reclamantes,
no masas de ciudadanos. Van a reclamar
al Estado. Van a pedir , ayer, 10.000
kilos de comida más. Eso no
es un pedido ciudadano, es un pedido
de la miseria , de la necesidad, Son
masas de reclamantes. Esto la Argentina
no lo tenía. El pleno empleo
hacía que no hubiera esta masa
de reclamantes. Había, por
supuesto, bolsones de pobreza; había
bolsones de pobreza en el norte, había
bolsones de pobreza en la Patagonia
pero eran chicos y se pensaba que
en el impulso esos bolsones quedarían
incorporados en el desarrollo.
Esto era la
identidad cultural argentina, en mi
opinión. En mi opinión
se basaba en este triángulo:
pleno empleo, plena alfabetización,
ingreso garantizado a la escuela y
la garantía de que esa escuela
funcionara como escuela, y extensión
de derechos. Y esa escuela funcionaba
como escuela. Esa escuela desde la
última década del XIX
hasta mediados del siglo XX fue una
escuela de una eficacia.
Imagínense
ustedes lo que eran las ciudades como
Buenos Aires, como Bahía Blanca,
como Rosario, todas las ciudades del
litoral, imagínense lo que
eran esas ciudades a comienzos del
siglo XX . Con una gran masa inmigratoria.
La mitad de las personas de la ciudad
de Buenos Aires no hablaban español,
la mitad de las personas de la ciudad
de Buenos Aires meran extranjeros
y en una década, los hijos
de esas personas estaban alfabetizados
y hablaban español. Acá
no hay ítalo norteamericanos
ni polaco norteamericanos como hay
en Estados Unidos.,no hay esas identidades
de ítalo yanqui, polaco yanqui.
Acá somos todos argentinos
desde comienzo de siglo.. Sí,
podemos preguntar "¿de
dónde venía tu abuelo?",
Venía de Piamente o de Kiev...
Pero la escuela,
en un punto, reprimió mucho
de las culturas de nuestros padres.
Los inmigrantes se olvidaron de su
cultura de origen. Mi abuela era piamontesa,
cuando yo la conocí ya no hablaba
ni una palabra de italiano ni de dialecto
. Nada. No quería. Por supuesto,
quería asimilarse al país
donde sus hijos habían ido
a la escuela, habían sido profesionales,
etc. Ella había sido una sirvienta.
Por supuesto, ella había perdido
mucho culturalmente al olvidar su
origen, pero ella hacía sus
cuentas. Digo, no las hacía
con lápiz y papel, no las escribía.
Pero ella tenía sus cuentas
hechas. Yo después me di cuenta,
después de muchos años,
me di cuenta de que ella tenía
sus cuentas hechas. Ella había
perdido, ya cocinaba los tallarines
más o menos a la argentina,
ya no hablaba el dialecto. Ahora,
sus ocho hijos habían ido a
la escuela. Todos. Todos habían
terminado maestros o profesores. Ésa
era la cuenta de ella. Ésa
era la Argentina. Eso es lo que nos
quedó. Cuando hablamos de identidades
quebradas, hablamos de eso.
Entonces cuando
nosotros vemos los medios de comunicación,
hoy, eso, esa especie de carnaval
que son los medios de comunicación.
Cuando decimos medios de comunicación,
estamos pensando en la televisión
básicamente. Los diarios no
son eso, muchas radios no son eso.
Cuando nosotros vemos hoy esos medios
de comunicación, vemos que
están trabajando sobre una
tierra desvastada. Desvastada, en
un punto, porque son fenómenos
posmodernos que se comparten con todo
el mundo.
Por lo tanto
hay que construir nuevamente una cultura.
Todo occidente está preocupado
por cómo se construyen nuevos
anclajes culturales para la juventud,
como se construyen nuevos lugares
autorizados. La crisis de autoridad
es un fenómeno en todo occidente.
Pero esto está en la Argentina
reduplicado por la quiebra de la identidad
cultural. Entonces llegamos a este
punto donde los medios se convierten
en los únicos productores de
la identidad y en los únicos
lugares autorizados. Y acá
tenemos un problema fuerte. El problema
de un lugar autorizado es fuertísimo.
Yo en la década del 60 he sido
anti autoritaria, soy anti autoritaria
a muerte. Ahora, hemos ido aprendiendo
que en la transmisión de una
cultura y en la transmisión
de unas experiencias que eso, así
son las naciones, así son las
historias de las naciones, transmisión
de experiencias y transmisión
de culturas, transmisión de
saber hacer cosas con las manos o
con la cabeza, con el cuerpo o con
la cabeza, pero transmisión
de un saber hacer.
Es indispensable
la construcción de un lugar
desde el cual lo que se diga sea recibido
como un discurso que sea creíble.
No estoy hablando de un lugar autoritario
donde lo que se diga sea aceptado
sin examen sino de un lugar en donde
se pueda decir algo, transmitir algo,
transmitir un movimiento, una práctica,
un saber del cuerpo o de la cabeza
que sea creíble. Todos ustedes
verán si tienen una experiencia
en la escuela, tendrán una
experiencia con la escuela, si no,
la tendrán en la familia La
quiebra del proceso por el cual se
producía un discurso autorizado
que es muy distinto de un discurso
autoritario.
Un discurso
autoritario es un discurso pleno de
sí mismo. Un discurso que dice:
mi razón es la única
razón que existe. Un discurso
autorizado es un discurso dialógico,
pero hay un punto en ese discurso
que necesita de un espacio de autoridad.
Ese espacio de autoridad lo tenemos
hoy puesto, para las grandes mayorías,
lo tenemos hoy puesto en los medios
de comunicación audiovisuales
y ese es el problema. Primero, porque
va a ser muy difícil sacarlo
de allí. Tenemos que ser lo
más realistas posibles. Si
reconocemos que la posmodernidad es
el momento en el cual los medios audiovisuales
hegemonizan la construcción
cultural estamos diciendo algo que
no es algo que Dios nos dedica a los
argentinos. Es algo que está
democráticamente distribuido
por el mundo occidental, por lo menos.
Yo digo mundo occidental porque del
otro mundo lo conozco muy poco. Este
es un rasgo que compartimos Lo que
nosotros encontramos como dificultad
para la transmisión del discurso,
de prácticas y de saberes,
la dificultad que encuentra una maestra
o maestro de escuela para hacer que
su discurso sea creíble desde
aquellos que deben creer, por lo menos,
antes de refutar, que son los estudiantes,
esa dificultad existe. A ésta
se agrega otra dificultad o dos más,
podríamos decir.
Los medios
de comunicación audiovisuales
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