Año 8 • Nº 110
Junio 2010
Nuestro modo de ser

"… y esta casa es nuestro modo de ser", dice María Elena Walsh en una de sus canciones. Es verdad; el espacio en que vivimos dice mucho de nosotros mismos: cómo disponemos sus objetos, cuáles son las zonas que adquieren mayor importancia, cuáles son los rincones más íntimos, y cuáles se utilizan para recibir a los visitantes.

Desde hace un tiempo, en el ISCA nos estamos haciendo preguntas acerca de nuestro espacio en la web. Nuestro “sitio" (nunca tan adecuado el sustantivo) también habla de nosotros, e interrogarnos acerca de este espacio también es interrogarnos acerca de quiénes somos. Hace mucho que no renovamos la arquitectura de este sitio web. En estos años hemos cambiado mucho. Y se impone transformar nuestra casa para qué se parezca más a nosotros.

Les pedimos un aporte. Uno importante. Que se acerquen a nuestro sitio web, http://www.isca.org.ar y lo observen por unos momentos. Y que luego nos cuenten cuáles son las cosas que podríamos transformar para que ustedes tengan una experiencia de mayor facilidad en la lectura, mayor utilidad y más interactividad. Propuestas alrededor de la estética del sitio, el orden que elegirían de acuerdo a sus necesidades, la clase de contenidos que quisieran ver allí.

Los invitamos a enviarnos su opinión a comunicandonos@isca.org.ar. Cuenten qué es lo que ven, cómo nos ven. Acompáñennos en la construcción de nuestra identidad.

Mariano Nicolás Donadío
comunicandonos@isca.org.ar

Entre Congreso y Congreso

¿No podemos separar la historia de nuestro primer Congreso Catequístico Nacional del contexto que lo vio nacer. Estamos en 1962. La palabra “renovación” llenaba todos los espacios. El presidente Frondizi proponía el desarrollo de la industria. En Estados Unidos, Kennedy impulsaba la Alianza para el Progreso. ¿Y la Iglesia? En pleno Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXIII…

Franz de Vos, testigo privilegiado de estos años, confiesa que “los que estábamos activamente en el movimiento catequístico seguíamos con apasionamiento el desarrollo del Concilio y nos interesábamos por todas las discusiones y definiciones del mismo. Las orientaciones de la catequesis renovada estaban siempre fundadas en los documentos del concilio. Al principio era, incluso, un poco mágico. Cualquier afirmación era aceptada con tal de que pudiéramos aseverarla con una cita del Concilio, aunque no se entendiera el alcance de lo que se afirmaba”.

Se puede decir que el movimiento catequístico nace en la Argentina de la conjunción de estos dos eventos, que se alimentan y se potencian entre sí. El influjo de ambos llega hasta nuestros días. Cuando sostenemos que la catequesis tiene que ser bíblica y litúrgica, basada en la Palabra de Dios por encima de los catecismos, nos estamos haciendo eco de las conclusiones del primer Congreso. Cuando entendemos que la catequesis tiene que ser acompañada de una acción pastoral y abarcar a los adultos, o que la formación de los catequistas es de primordial importancia, somos interlocutores cercanos de estos debates.

Desde nuestro “Comunicándonos” vamos a tratar de contar algunas de estas historias de la renovación catequística, ocurridas entre aquel primer Congreso del 62 y el próximo, ese que estamos preparando para el año 2012. En el fondo, se trata de la historia de la marcha de un pueblo que trata de encontrar, desde su ministerio de catequistas, una respuesta a las interpelaciones que proponen los signos de los tiempos.

Volverse cristianos

El contexto pastoral hoy

Tesis: Por un lado, podemos constatar que estamos al final de la civilización parroquial, inadaptada al cuadro cultural y religioso de la modernidad. Por otro lado, se perfila una nueva sociabilidad eclesial alrededor de tres figuras: el practicante, el peregrino y el converso.

1. La situación en Bélgica
Una encuesta reciente sobre los valores de los Belgas en el año 2000 permite extraer algunas enseñanzas (L. Voyé y K. Dobbelaere, “Acerca de la religión: ambivalencias y distanciamientos”, en “Bélgica siempre”, Bruselas, 2000, páginas 143-173).

En lo que se refiere al conjunto de los belgas, 40 % declaran no pertenecer a la Iglesia.

Entre los menores de 29 años, 55 % declaran no tener ningún vínculo con la Iglesia.

En el mismo grupo de edad, la práctica semanal es de 4 % contra 11 % para el conjunto de los belgas.

Ç“La disociación que se opera entre los jóvenes y la Iglesia no puede más que jugar a favor de una acentuación de la ruptura. La figura de esta institución nos remite a una población de gente de edad avanzada, tanto a nivel de sus líderes como en lo que se refiere a su frecuentación”

Y sin embargo, el Catolicismo sigue estando muy presente, en Bélgica, pero a título de cultura nacional común.

Que uno sea creyente o no, aún fuera de todo vínculo con la Iglesia, “no excluye recurrir a los ritos, acontecimientos católicos (nacimiento, casamiento, funerales). Lo que sucede es que éstos son despojados a gusto de su especificidad religiosa para verse incluidos en una cultura nacional común, o también por ser considerados como uno de los tantos “servicios públicos” a los cuales cada ciudadano tiene tanto más derecho cuanto que el funcionamiento de la Iglesia está ampliamente financiado por fondos públicos. Sufrir un rechazo de parte de un sacerdote sería incomprensible.

Lo que sucede es que esos ritos católicos aparecen en cierta manera como los únicos creíbles y legítimos: constituyen un “recurso” público disponible, cuya utilización no presupone ninguna condición particular. Su especificidad confesional está neutralizada. En este sentido, el hecho de recurrir a ellos no expresa automáticamente una adhesión eclesial; se puede deber simplemente al deseo de dar un carácter “extraordinario”, incluso sagrado a los acontecimientos que esos ritos acompañan; puede también inscribirse en una tradición familiar o testimoniar aún la ausencia de alternativa efectivamente reconocida como tal.

No se trata más de considerar el pedido de ritos y de la catequesis que los acompañan como la manifestación de una preocupación religiosa, y aún menos como una expresión de fe, aunque sea remota. Nos encontramos, lo más frecuentemente, dentro del orden de una utilización cultural y simbólica. Tratemos de comprender por qué y cómo hemos llegado allí.

2. La transformación del paisaje pastoral
D. Hervieu-Léger (“El peregrino y el converso”, Paris, 1999) asegura que estamos al final de un mundo de observancia, de práctica. Ciertamente, existen aún personas que van a misa todos los domingos, pero asistimos al término de la civilización parroquial que sirvió de modelo para la organización de la Iglesia desde el Concilio de Trento.

Esta civilización parroquial descansa sobre un triángulo:

la ocupación total del espacio: por doquier hay campanarios.

la plena administración del tiempo: la vida de los fieles se organiza alrededor de los ritmos litúrgicos;

la autoridad está totalmente en las manos del sacerdote, cura de la parroquia.

Acerca de estos tres elementos del triángulo, el cambio es radical. Este modelo de organización de la vida religiosa es reemplazado progresivamente por fórmulas asociativas y comunitarias. Aún las parroquias se convierten, de hecho, en asociaciones de laicos y de sacerdotes.

Esta nueva manera de vivir la pertenencia religiosa tiene como consecuencia que el universo católico se reorganice alrededor de la idea del voluntariado. En otros tiempos, éste correspondía a un compromiso personal más allá de la obligación. Existía pues una división entre los militantes y los practicantes. Esta frontera ha desaparecido. Practicar se convierte en una elección voluntaria y aquellos que asisten regularmente a misa hablan de su práctica como de un compromiso personal en armonía con la manera de regir sus vidas.

Este practicante moderno tiene otra forma de vivir sus convicciones religiosas. La novedad esta en lo que se refiere a la relación con la Tradición. Esta última no es más concebida en su totalidad sino más bien como una fuente de signos y símbolos. Cada uno bebe a su manera para combinar su propio universo de significados y hacer su propia síntesis, a riesgo de extraer (pedir prestado) elementos a otras tradiciones religiosas. De este modo los católicos tienen la tendencia a hacer un poco de todo libremente, y con toda buena conciencia, su religión personal.

Asimismo, están más atentos a la experiencia religiosa y a la autenticidad de un recorrido espiritual que preocupados de estar en conformidad con una doctrina.

Asistimos también al desajuste entre creencia y práctica. Algunos católicos están muy profundamente convencidos del valor de la doctrina sin por ello asistir regularmente a misa.

Por último, esta manera de vivir su religión se cristaliza en pequeños grupos de intercambio intensivos donde el acento está puesto en el compartir las experiencias. La inversión afectiva y la búsqueda de expresiones sensibles de la fe ocupan un lugar importante

Se verifica también una progresiva desregulación del campo religioso, ya que los aparatos y las instituciones controlan cada vez menos lo que la gente vive.

Existe por otra parte dos formas de atribuirse la culpa por parte de los responsables de la Iglesia: unos se reprochan haber sacrificado demasiado en pro del espíritu moderno al punto de perder su identidad católica; otros, por el contrario, se lamentan no haber ido lo suficientemente lejos como para comprender la sociedad moderna, sus aspiraciones y sus valores.

Ahora bien, la cuestión no es saber si la Iglesia ha ido o no lo suficientemente lejos: es necesario comprender que una institución que dice lo que se debe creer y que indica las reglas de la observancia carece de validez a los ojos de la conciencia moderna. Porque la modernidad consiste en primer lugar en la afirmación de la autonomía del sujeto. Ahora bien, en nuestras sociedades, esta autonomía se vive como la independencia del individuo, en particular en la vida privada, lugar por excelencia donde se juega el compromiso religioso. Del mismo modo todo discurso que proclame la existencia de una norma exterior, encargada de regular la vida personal, es fundamentalmente cuestionado.

Hoy, las creencias así como las prácticas se han individualizado: cada uno construye su sistema de creencia en función de aspiraciones y de experiencias personales y no ya más en función de un código de sentido heredado, de un patrimonio transmitido. Muchos padres rechazan el principio mismo de esta transmisión religiosa para preservar la libertad de elección.

En cuanto a las prácticas, ellas manifiestan trayectorias singulares y de historias personales. Durante mucho tiempo, la institución era la que establecía el vínculo entre el individuo y el linaje (descendencia) creyente, sin el cual no se puede más hablar de religión. Hoy, es el individuo el que elige su propio linaje (descendencia) Las identidades sociales, culturales y religiosas no se transmiten dentro de un linaje (descendencia) de creyentes.

Tres figuras permiten comprender la situación actual y el nuevo tipo de sociabilidad que se perfila. Se pueden adivinar las consecuencias prácticas (implicancias) sobre la manera de vivir y de organizar la comunidad cristiana.

 
El practicante

Esta figura supone un modelo estable que no es ya más el nuestro. Es la religión de la vida ordinaria, de los gestos repetidos. Se asiste cada domingo a misa en la iglesia cercana; es el prototipo mismo del heredero que se inscribe en el linaje.

El peregrino se sitúa en la irregularidad, en lo extraordinario, la distancia, lo excepcional.

Es la religión de los lugares importantes y de los tiempos fuertes. De la misma manera como las personas circulan, cambian de ciudad y de oficio. El peregrino ilustra una forma de sociabilidad que reemplaza las prácticas religiosas por prácticas intensivas, moldeables y discontinuas cuyo prototipo es la peregrinación.

El converso vincula la pertenencia religiosa a una elección personal fuerte.

Lo que aquí prevalece es el sujeto y su experiencia.

El modelo parroquial corresponde a una lógica de imitación o de réplica colectiva, de pertenencia, de comunidades estables, territoriales, de prácticas regulares que no puede corresponderse con los modelos de sociabilidad que representan el “peregrino” y el “converso”.

Hoy en día, se cambia tres veces de escuela, uno se muda, estamos en un mundo móvil y que moviliza. Se trabaja en Liege, se vive en Buffet, se juega al football en Huy y se concurre a la misa en Scry. Todo somos de esta manera nómades, de múltiples pertenencias.

El nuevo contexto de la catequesis

Tesis: asistimos a una crisis aguda de la transmisión, consecuencia de la inversión de la relación entre Tradición y Sujeto. Hoy ya no es posible creer como antaño. La catequesis, el acto tradicional por excelencia, debe extraer las consecuencias.

Herederos del espíritu de “mayo 68”, esas categorías sociales poseen una expansión relativa y su peso político se mide, en Bélgica, por el éxito creciente de Ecolo. Sus valores primordiales son la autonomía y la libertad de autoconstruirse, el antiautoritarismo, el presente y la cotidianeidad. Su imagen del mundo tiende a convertirse en dominante.

Veamos más precisamente cuál es el modelo propuesto en materia de educación, dado que no está exento de consecuencias sobre la catequesis de transmisión.

Con respecto al niño, los padres practican una actitud basada sobre la relación, el diálogo, una cierta forma de estar presente, pero sin intervención en el sentido de una orientación precisa. Su concepción de la educación se debe a menudo a una reacción con relación a sus padres a quienes reprochan haber hecho elecciones demasiado precisas para ellos y para su futuro, lo que ellos estiman que va en contra de la libertad.

“El niño es considerado un ser cabal, que desde la más temprana edad, es capaz de hacer una elección y saber lo que quiere. A partir de ello, “educarlo” aparece como un obstáculo para la búsqueda de la autonomía. La intervención de los padres se limitará a dar bases, un máximo de apertura, posibilidades de elección, no dirigir y no tener ideas preconcebidas, reglas preestablecidas, ser comprensivo, cuidar el contacto y responder a la pregunta, pero no adelantarse a los temas. Lo más importante es que, más tarde, se sientan bien, hagan lo que tengan ganas y puedan realizarse.

En este contexto, se comprende la dificultad de pensar la relación con el pasado y con la tradición, pero también, más ampliamente, la relación con la sociedad y con la colectividad. La ruptura con la herencia representa el valor supremo. Con el proceso de individualización, se transforma finalmente toda la relación con la norma: rechazo del control social y necesidad de autonomía, ganas de vivir en el presente, deseo de realización o desarrollo

Todas estas temáticas de la mutación cultural hacen que la catequesis sea difícil de pensar como punto de articulación entre el sujeto y la tradición, autonomía y entrega de si a otro, emancipación individual e incorporación, autorealización y salvación. Se expresa aquí el rechazo de un orden normativo tradicional.

2. La inversión de la relación entre la Tradición y el Sujeto
Existe ruptura en la transmisión ligada al desmoronamiento de la memoria colectiva que ofrecía a cada uno un marco de sentido para su existencia permitiéndole establecer un vínculo entre lo que venía de antes y su propia experiencia presente.

No existe más una “memoria colectiva” comúnmente compartida, sino una memoria fragmentada, dividida, dado que no existe más una unidad de miras suficiente entre los individuos y los grupos que componen la sociedad.; no existe más una tradición comúnmente compartida, por lo tanto se da la imposibilidad de una memoria unificada.

Lo que sucede es que el individuo pertenece a una multitud de esferas especializadas y separadas que poseen cada una su memoria: el lugar y la comunidad de trabajo, de distracción, de domicilio, de práctica religiosa son diferentes y no guardan conexión. Fragmentación, división, parcelación de la memoria “social” que dejan al individuo solo consigo mismo en busca de una identidad que debe construir por sus propios medios.

No existe más una identidad colectiva dada, y como consecuencia resulta una dificultad ubicarse y una obligación construirse cada uno una identidad individual.

La llave de esta crisis es la inversión de la relación “Tradición-Sujeto” que corresponde al paso de una sociedad tradicional a la sociedad moderna. ¿Qué sucede desde el punto de vista religioso?

“En lugar de hacer derivar las obligaciones de los individuos del hecho de haber sido engendrados dentro de una tradición, la religión post tradicional supedita el reconocimiento de la capacidad de engendrar de la tradición a la efectividad del compromiso de los individuos. Ser religioso, en términos de modernidad, no es saberse engendrado sino querer engendrarse.” (D Hervieu-Léger, “La religión a título de indicación” Paris, 1993, página 245).

Para la religión tradicional, la Tradición engendra al Sujeto
La Tradición precede (la verdad viene de antes o de lo alto; en todo caso, del exterior del sujeto: principio heterónomo) al Sujeto, de donde se sigue que ella se impone al individuo quien según ella conforma su experiencia. Debo plegarme a una verdad determinada exterior a mí.

Así pues, la Iglesia dice que rezar es esto o aquello; mi experiencia de la oración para ser auténtica debe conformarse progresivamente según esta Tradición. Es necesario vivir su Tradición, he aquí el trabajo que se espera del adherente.

Dentro de este marco, cada uno desemboca en la misma experiencia religiosa que es “de normas” y normativa: la de la Tradición que tiene autoridad. Se produce la unidad de los creyentes por conformidad, incluso conformismo.

Para la religión post-tradicional, el Sujeto engendra la Tradición
El sujeto está primero, con su verdad individual, construida a partir de él, de su búsqueda, de su experiencia subjetiva (principio de autonomía). Para su experiencia y para su verdad, va a buscar, entre las Tradiciones existentes, una Tradición que se corresponda con ella (reconocimiento del Sujeto del valor de una tal Tradición, pero a partir de sí) o construirla (un poco de todo de las creencias, sincretismo).

El impone su verdad y “se inventa” una Tradición, un linaje a posteriori.

Dentro de este marco cada uno debe comprometerse efectivamente, hacer una experiencia antes de encontrar un linaje. La consecuencia es que se subjetiviza y se pluraliza debido a la infinidad de experiencias. Se trata del gran desafío de la unidad de esas diferencias en el seno de la misma Tradición o de la existencia de Tradiciones diferentes en el seno de la misma Iglesia de donde desaparece todo conformismo.

Observamos pues bien que el problema no es el de la devaluación cultural de la herencia simbólica de las religiones. Al contrario, ella reviste hoy, en un mundo incierto, un singular poder de atracción. Lo que está en tela de juicio, es el desplazamiento del lugar de la verdad del credo: desde la institución hacia el sujeto creyente: cómo es posible que una Iglesia pueda producir una “memoria viva” que se enfrente a creyentes que reclaman para sí primero la verdad subjetiva de su propia trayectoria creyente.

Un poco de todo en cuanto a creencias, subjetivar los contenidos de las creencias, disyunción de las creencias y de las prácticas; rechazo de la noción de “obligación religiosa”, desplazamientos del significado de las prácticas con respecto a la norma institucional (el bautismo o la 1º comunión solicitados no corresponden a la oferta que hace la Iglesia) son los síntomas de esta desintegración de toda autoridad y verdad institucionales.

¿Cuál es, en adelante, el lugar de la verdad del credo? No es más la institución, la Tradición autorizada, sino la experiencia propia del sujeto. Las consecuencias sobre el acto catequístico son considerables: éste no puede ser más transmisión de herencia, ni valoración unilateral de la experiencia subjetiva, sino que debe vincular creencia y práctica, conjugar pertenencia e identidad.

3. El converso: figura ejemplar del creyente hoy
D Hervieu-Léger analiza ese modelo y su impacto sobre la vida de las comunidades en “El peregrino y el converso”, Paris, 1999, páginas 147-155.

“En el contexto actual de fragilidad de identidad, dónde los pedidos de conversión de los sin religión se despliegan a contrapelo de la pesada tendencia a la disminución del número de los bautismos y de las inscripciones de los niños al catecismo, la figura del converso permite construir una representación renovada de una Iglesia abierta a los pedidos de sentido de los individuos modernos, ofreciéndose ella misma como comunidad catecúmena ampliada no solamente al número modesto de aquellos que solicitan ser contados entre el número de sus fieles, sino sobre todo a sus residentes “naturales” que no asumen su pertenencia religiosa formal como una identidad personalmente elegida.

Desde el punto de vista sociológico, la apuesta catecúmena cristaliza una mutación de la sociabilidad religiosa. La adhesión de los voluntarios, personal y conscientemente comprometidos, tiende a tomar ventaja sobre la integración “natural” de las generaciones sucesivas en el seno de la Iglesia”.

El converso se convierte en “un creyente ejemplar”: aquel que ha elegido su fe y responde a ella personalmente delante de la comunidad. El converso se transforma en la referencia de una pastoral de iniciación que se dirige potencialmente al conjunto de los antiguos cristianos”

Estamos de este modo en concordancia con la cultura moderna que exalta al individuo y la adhesión elegida a una Tradición. Esto se corresponde también con la condición a partir de ahora minoritaria de los creyentes en la sociedad contemporánea.

“De este modo el converso está simbólicamente situado como aquel que encarna los significados compartidos de una comunidad cuya agrupación resulta de la voluntad de los individuos que se reconocen pertenecientes a ella. Atestigua que la Iglesia como comunidad natural ha vivido”.

Hacia una catequesis de iniciación

Tesis: a nivel parroquial, se impone la implementación de una catequesis de iniciación a la fe y a la vida cristiana en la Iglesia. Pero sin olvidar que es preciso inscribir esta perspectiva catequística dentro del marco más vasto de un proyecto pastoral, tanto local como diocesano.

A partir de todo lo que antecede, nos vemos impulsados a realizar una transformación de nuestro mecanismo catequístico sobre cinco ejes identificados por D. Villepelet en “Catequesis y crisis de la transmisión” en “Sobre la propuesta de la fe”, Paris 1999, páginas 77-92.

1. Una catequesis centrada sobre el Cristo y no sobre verdades

La catequesis no transmite en primer lugar una doctrina sino un mensaje, la Palabra de Dios. Este mensaje, es el Cristo. La gestión catequística invita al encuentro con el Cristo y en consecuencia a descubrir su enseñanza. Se trata de formar discípulos.

2. Una catequesis centrada sobre el catequizado y el acto de fe, lo cual conduce a una catequesis permanente y no de una vez para siempre.

La catequesis debe ser concebida como un movimiento de maduración en la fe. No un movimiento que va de la fe de la Iglesia hacia la fe del discípulo, sino un movimiento que va de la fe inicial, apenas despertada, hacia una fe adulta y eclesial.
Se insiste pues sobre una concepción dinámica de la vida de fe vivida en la Iglesia. La fe no es una adquisición, ella está siempre en progreso (evolución), en trabajo. La fe de la Iglesia es el intermediario y el vector de esta maduración.

3. Una catequesis que da prioridad a los adultos y no a los niños

La catequesis está centrada sobre la persona y el desarrollo de su ser cristiano. Se insiste sobre la gestión del catequizado y el desarrollo de su fe como actitud, sobre la dimensión de decisión propia para el acto de fe. Se da decididamente prioridad a la catequesis de los adultos.

4. Una catequesis que se vuelve como hermenéutica de los signos de los tiempos y no más presentación de una doctrina
La catequesis no puede apuntar más a una fe concebida como adhesión a un contenido de creencias y de valores, una doctrina y una moral construidas de una vez para siempre.
La catequesis se hace atenta a un Dios que se revela, hoy como ayer, dentro de una historia con los hombres dónde los acontecimientos deben ser interpretados, a la luz de la fe, como signos de los tiempos.
5. Una catequesis implementada por una pedagogía inductiva e interactiva que se apoya sobre la experiencia y ya no más por una pedagogía frontal y deductiva.
Substituye el esquema exposición-memorización-aplicación, por el esquema experiencia-implicancia; explicación-comprensión; apropiación-transferencia.
Dentro de esta orientación pedagógica, la consideración de la experiencia del catequizado es un momento constitutivo del acto catequístico, dado que la catequesis supone asumir todas las realidades de la existencia humana.

Esta transformación de los ejes de la catequesis nos orienta hacia un proceso de iniciación más que de transmisión.

Además, es necesario hoy diversificar y diferenciar las propuestas a realizarse en materia de catequesis e implementar recorridos personalizados. Dado que uno se hace cristiano, no lo es nunca de una vez para siempre. Hoy, las cosas se han vuelto todavía más complejas tanto más cuanto que se pasa de una situación a otra en cualquier dirección. Una persona puede haber vivido como fiel en un período de su vida, haber tomado distancia en otro - permaneciendo a pesar de ello como simpatizante - y volver a encontrarse en un procedimiento catecúmeno entre los que se denominan re-iniciantes.

Como lo indica el DGC, “la catequesis se presenta como un proceso, un itinerario, una marcha en seguimiento del Cristo para alcanzar la madurez de la fe” (145), reúne a las personas a las cuales se dirige allí donde estén, respetando sus posibilidades y sus necesidades, dado que ella es más una iniciación que una enseñanza o un aprendizaje. El DGC la define por otra parte como “una iniciación cristiana integral a la forma de vida evangélica” (69).

Pero ¿qué significa concretamente practicar una catequesis de iniciación?
Existe por supuesto la situación de los no bautizados que solicitan se admitidos en la Iglesia, ya sea en nuestras regiones de vieja cristiandad o en las jóvenes Iglesias; para ellos, se trata efectivamente de iniciación en el sentido estricto, tal como la ha reformado el Concilio Vaticano II.

Pensamos más bien en aquellos o aquellas, niños, jóvenes o adultos ya bautizados que emprenden el camino de una catequesis. Dentro de este contexto, podemos proponerles una gestión catequística renovada porque está inspirada en la iniciación propiamente dicha. Se trata también de una iniciación a la fe, pero ella no es más vivida solamente como una conversión y una vida nueva, sino también como la apropiación de una memoria y la ratificación de una identidad.

M - L. Gondal, en “Iniciación cristiana”, Paris, 1989, ha inspirado las reflexiones que siguen.

1. La iniciación toma en cuenta lo individual y lo comunitario
- Se da importancia al encaminamiento individual en el que el iniciador camina al paso de aquel que descubre la fe y la Iglesia.
- La iniciación es aprendizaje de un “idioma” (bíblico, litúrgico, simbólico…), el de un pueblo particular con su mentalidad, su cultura, su historia;
- ella permite el descubrimiento concreto de lo que puede ser una pertenencia y una solidaridad, el “nosotros creyentes”, la comunión.

2. La iniciación hace de vínculo entre memoria, tradición e innovación
- ser iniciado, significa recibir una nueva memoria, más amplia, más colectiva que debe lograr integrarse a la memoria personal;
- entrar en una tradición y reconocerse en ella, pero también traerle la originalidad de su experiencia; la acogida de nuevos cristianos renueva la comunidad misma.

3. La iniciación es, como el término lo indica, un comienzo
- ello supone un pedido que debe ser formulado y recibido, honrado. ¿Dónde y cómo se expresan actualmente la solicitud de entrada a la catequesis y su recepción por la comunidad?
- ello implica un comienzo reconocible, localizable, del itinerario que constituye el tiempo de la catequesis.
- si ella es el comienzo de un recorrido, la iniciación conduce también a un término, un cierre que exprime socialmente y espiritualmente el final. Final “abierto” porque no se ha terminado nunca de entrar en la existencia cristiana.

4. La iniciación es un recorrido graduado, marcado por umbrales o etapas
- etapas ¿Cómo marcamos las etapas del camino que conduce a la 1º comunión, a la profesión de fe? Esto supone pensar en el conjunto del recorrido.
- etapas celebradas por un rito litúrgico en comunidad donde el lenguaje simbólico juega su rol. Después de esta celebración, llega el tiempo de la mistagógica, de volver sobre la experiencia vivida y profundizarla.

5. La iniciación se efectúa en un grupo específico: la comunidad catecúmena
- una “delegación” representativa de la comunidad local rodea y acompaña al catecúmeno. Dentro de esta perspectiva, se podría encarar la creación de lugares en los que se experimenta la vida en la Iglesia: lugares de iniciación. Cuando un adulto pide el bautismo, no se lo admite directamente en la comunidad eclesial; es necesario que primero se lo inicie. Se reúnen algunos cristianos que constituyen su grupo de acompañamiento y, con ellos, el transita hasta que esté listo a unirse a la vida de la comunidad cristiana local. ¿Por qué debería ser de otro modo tratándose de niños?
- el rol del “padrino” debe ser revalorizado ya que es capital en esta perspectiva de la iniciación.

En resumen

El modelo de la iniciación puede servir de referencia a toda catequesis llamando la atención sobre:

- la articulación de los diferentes elementos de la identidad cristiana.

- La importancia de las etapas, de los pasos tanto espirituales como comunitarios.

- La parte indispensable de la individualización.

- El valor irremplazable de las celebraciones.
- La construcción de un verdadero recorrido.

Conclusiones

“Siendo la misión ad gentes el paradigma de toda la acción misionera de la Iglesia, el catecumenado bautismal, que está ligado a ella, es el modelo sobre el cual se inspira su acción catequística”
(Directorio, Nº 90)

Las características esenciales del catecumenado que deben inspirar la catequesis son su función de iniciación, la responsabilidad de toda la comunidad cristiana en esta iniciación, su carácter pascual, su dimensión de inculturación.

Concebida en base al modelo del catecumenado bautismal, la catequesis se convierte en un proceso de formación y una verdadera escuela de la fe caracterizada por “la intensidad y la integridad de la formación; su carácter gradual, con etapas bien definidas; su vínculo con ritos, símbolos y signos, especialmente bíblicos y litúrgicos; su referencia constante a la comunidad cristiana” (Directorio, Nº 91)

Podemos pues concluir que una catequesis de inspiración catecúmena debe abarcar cuatro dimensiones:

1. un espíritu misionero, que se marca por la voluntad de tomar a su cargo a los destinatarios según su grado de adelanto en la fe y de integración a la vida de la Iglesia. De este modo la catequesis es como la prolongación de la evangelización y llevará consigo siempre un momento propio de anuncio y de despertar de la fe.

2. un aprendizaje personalizado, dado que “para ser verdaderamente misionera, la catequesis debe estar atenta a la singularidad de las personas, a su historia, su evolución particular. Una catequesis tal pide pues ser pensada y organizada de manera suficientemente personalizada y progresiva para tener en cuenta el nivel de cada destinatario” (La confirmación, Acta, Liege, 1991, nº 84);

3. una integración a la vida cristiana en Iglesia: es el objetivo, e implica que la catequesis favorezca la incorporación en la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe. Será un lugar privilegiado de experiencia de construcción de la Iglesia;

4. una obra de y en beneficio de la comunidad cristiana misma, dado que el agente esencial de la catequesis es la comunidad. Enraizada en la vida y la práctica de una comunidad concreta, la catequesis beneficia a la comunidad misma y le brinda la ocasión de renovar su fe.

Marcel Villers
Extracto de la revista Lumen Vitae, marzo 2001, nº 1, páginas 75-96
Traducción de Cristina Kopytynsnki

Cursos ISCA - Región Platense

III° ISCA presencial - Región Platense
Con la asistencia de catequistas de las diócesis de Bahía Blanca, Azul, 9 de julio, Mercedes-Luján, Mar del Plata y (Comodoro) Trelew. Entre el 19 y el 23 de julio tendremos otra jornada presencial de nuestro curso regional platense. La Lic. Andrea Sánchez Ruiz de Welch, presentará el módulo correspondiente a la Cristología desarrollada en el plan de los cursos semi presenciales en las regiones. Los alumnos presentarán el diseño de sitios web para caequistas elaborado por cada diócesis y el relevamiento de sitios de interés

AECA Asociación Española de Catequetas
La Asociación Española de Catequetas (AECA) estuvo reuniéndose durante junio en Madrid para preparar las próximas jornadas de los días 2 al 4 de diciembre, a las que él ISCA fue invitado. Allí estarán presentes catequetas como Emilio Alberich, José Mª Pérez Navarro, François Moog y Álvaro Ginel. Entre los temas que van a debatirse se destacan dos: “Un modelo de creyente adulto para el mundo actual” y “La catequesis construye la Iglesia (el rol del catequista).”
SOS Catequesis

“¡S.O.S., CATEQUESIS! Hacia nuevos rumbos en la catequesis”
El libro de nuestro amigo y colaborador, Luis María Benavides, acaba de recibir una Mención de Honor en el concurso anual de la Exposición del Libro Católico. La distinción será entregada durante el acto inaugural de la XXII Exposición del Libro Católico, el día lunes 26 de julio a las 19 hs., en la Casa de la Empleada (Sarmiento 1272). Compartimos con Luis María y con ustedes esta alegría.

Conferencia internacional del catecumenado

Beatriz Carriego colaboradora del ISCA, en el ISPC - Conferencia Internacional de Catecumenado en París
Nos decía François Moog, Estimados amigos, ¡Ya estamos! La conferencia internacional del catecumenado está lista. En la hoja adjunta a esta carta descubrirán la diversidad y la riqueza de lo que nos va a reunir en el ISPC del 6 al 9 de julio próximos. Encuentren el programa en nuestro sitio web: www.icp.fr/ispc/ . Será un verdadero placer volver a verlos todos en París dentro de pocos meses. En esta espera, les deseo un buen camino hacia Pascua. François Moog (Ph.D., S.T.D.). Director del ISPC Institut Supérieur de Pastorale Catéchétique/ Theologicum de l'Institut Catholique de Paris. 26, rue d'Assas. 75270 Paris Cedex 06. Tfno. [+33]1.44.39.52.54

La Sra. Beatriz Bartolini de Carriego está participando de la conferencia internacional de catecumenado en el cual presentará un trabajo seleccionado por el Instituto (ISPC) entre todas las experiencias presentadas. Se trata de un trabajo sobre la formación de catequistas en base a lo que vienen trabajando en el Seminario Catequístico María Sede de la Sabiduría de la arquidiócesis de Buenos Aires donde Beatriz ha desarrollado una fecunda actividad. Esta experiencia puede ser vista en nuestro sitio (www.catequista.org) en la sección del Javaiá o solicitar el texto completo de la presentación en Paris. Desde el ISCA celebramos este reconocimiento a la trayectoria de una formadora de catequistas desde hace tantos años

Lomas de Zamora: Encuentro Diocesano de Catequesis
La Diócesis de Lomas de Zamora se encuentra preparando su Encuentro Diocesano de Catequesis 2010. Bajo el lema del III Congreso Catequístico Nacional, "ANTICIPAR LA AURORA, CONSTRUIR LA ESPERANZA", la Junta Catequística Diocesana prepara sus encuentros vicariales. Estos serán los sábados 14, 21 y 28 de agosto en parroquias de la Vicaría de Almirante Brown, Lomas de Zamora y Esteban Echeverría. El horario de cada encuentro es de 9 a 18 y puede pedirse más información al teléfono 4243-4136 y al correo electrónico catequesislomas@yahoo.com
 
 

Querida comunidad catequética de ISCA.
Quiero agradecerles todos los boletines y envíos que realizan. Es una buena forma de mantenernos siempre en proceso de evangelización. Gracias por todas las iniciativas y sugerencias para hacer de la catequesis un proceso misionero y evangelizador, donde prima más la iniciación que la mera trasmisión de conocimientos.
Unidos en esta misma tarea, pido al Señor que nos ilumine en este proceso.
Un abrazo.

Manuel López López.
Delegado de Catequesis de Cádiz y Ceuta

 

Hola. Queremos comentarles lo referente al curso que estamos desarrollando en nuestra comunidad.
 El curso esta destinado a los catequistas de todas las áreas, que  tengan "interés de formarse" (sí o sí tienen que ir al curso…), ahora bien, comenzamos haciendo una lectura comprensiva del Directorio Catequístico General, con aportes de documentos de reconocidos catequetas y el material que disponemos del ISCA., que nos fuera entregado cuando cursamos.
Los encuentros se desarrollan un día al mes, y al finalizar los mismos se les hace entrega de material y unas preguntas a modo de tarea, que deben ser respondidas en el encuentro siguiente. (Esto lo hacemos un poco para obligarlos a leer el material entregado). La coordinación está a cargo de egresados ISCA.
Seguro que a esta altura estarán pensando que somos unos atrevidos, por lo que estamos haciendo, y sí, tienen razón, pero veíamos que se nos estaba cayendo la casa y no hacíamos nada para sostenerla (catequísticamente hablando), fuimos a charlar con nuestro párroco el P. José Luis Serre (casi no tiene nombre ¿no, José Luis Quijano?) le contamos nuestra idea de desarrollar algo para jerarquizar la catequesis y a los catequistas, lo que le pareció fantástico, dando total apoyo a nuestro proyecto, y les contamos ahora que ya paso la zamba (parafraseando al P. Alejando Puiggari) que pasamos 1ª,  2ª, 3ª y 4º encuentros. Los alumnos están conformes y muy entusiasmados, por lo menos así nos lo manifiestan diariamente.
Aprovechamos para mandar un gran abrazo en Xto. Con mucho cariño.

Birthe y Carlos Alonso
Apasionados por Xto
Necochea

 

Estimados hermanos  en Cristo.
Realmente quiero agradecer, el boletín que me envían porque es tan útil. Sobre todo aquellos que trabajamos en la Evangelización directamente. En mi caso con la Misión y la Catequesis.  Disculpen las palabras pero me fascinó el artículo, de la conferencia internacional del catecumenado. Un material para seguir explotándolo. Yo insisto en estas nuevas estrategias que debemos utilizar, ya que el mundo cada día relativiza más y más la fe. 
Nuevamente agradezco el envío de los boletines por e-mail. Espero en algún momento poder ser parte de sus alumnas en los cursos.
Los saludo en el amor de nuestro Señor Jesucristo y nuestra madre celestial.

Iris Bambil
Apóstoles. Provincia de Misiones

 


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