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Se las veía como un gran amplificador, y resultaron ser un mundo. Las nuevas tecnologías no son solamente una herramienta de difusión. Para los que vivimos estos últimos años en el campo de la comunicación, son un lugar en el que se vive. El mundo de la web -con sus redes sociales, sus conocimientos al alcance de todos, sus experiencias de palabra, imagen y sonido- configura un desafío apasionante. “La comunicación actual no es sólo el conjunto de las numerosas y depuradas tecnologías para comunicar, sino un ambiente de vida, que incide en el modo de pensar y de vivir de todos nosotros”, dijo hace poco en Buenos Aires el padre Darío Viganó, de la Pontificia Universidad Lateranense.
La Iglesia ya comenzó a habitar este espacio. La Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) se reunió en Bogotá entre el 3 y el 5 de junio. En la reunión, el Presidente del Pontificio Consejo para las comunicaciones sociales recordó los grandes desafíos ante los que se encuentra: primero, preguntarse sobre la finalidad de la nueva fase de la RIIAL, que ya ha cumplido cierto servicio y que ahora, necesita sobrepasarse, mirar más adelante, permaneciendo las grandes inspiraciones que han guiado el camino de estos años. Segundo, ayudar a las comunidades latinoamericanas a superar problemáticas ligadas a situaciones socio económicas.
Estas motivaciones se inspiran en el deseo de hacer partícipe a quienes no cuentan con los recursos tecnológicos, para que participen de este banquete de la tecnología. Se trabajará para impulsar iniciativas de formación a todos los niveles, en áreas como la inculturación del Evangelio en la era digital, el uso de los nuevos medios y los nuevos lenguajes que éstos requieren. La RIIAL ofrecerá, además, un espacio para dar visibilidad y articular las iniciativas de formación virtual que existen en el contexto eclesial, numerosas y de muy buena calidad.
En esta reunión, la RIIAL incorporó a su estructura un Comité de integrantes que apoyarán de manera particular la reflexión de la RIIAL, y también realizarán algunos proyectos y servicios transversales y para la Iglesia y la sociedad. Sus miembros son personas de la comunicación en América Latina: Leticia Soberón, coordinadora general de la RIIAL, Monseñor Lucio Ruiz, asesor de la RIIAL, y, entre sus cinco miembros está la presencia del padre José Luis Quijano, rector de ISCA. El ISCA participará, además, en la construcción de la RIIAL Argentina. Podemos consultar sobre este encuentro en el sitio web de la RIIAL.
Son muchos proyectos, y necesariamente ambiciosos. Así como en el siglo XIX fue esencial la construcción de carreteras y vías de trenes, hoy es imprescindible la inversión de tecnología y conocimiento para hacer cercano lo lejano, sin restricciones. Entre los cristianos, surge una nueva “diakonía”: la de la cultura digital.
Mariano Nicolás Donadío |
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Internándonos en el camino, dejando huella
CRISIS
POLITICO-ECONOMICA |
CRISIS EN LA
TRANSMISION DE LA FE |
CRISIS
EN LA CATEQUESIS |
| Desde hace tiempo hasta estos días, el país, y el mundo todo, se encuentra inmerso en una profunda crisis, que acentúa de forma escandalosa la brecha entre los pobres y ricos. |
Lo que ocurre en este tiempo es que muchas veces más que transmitir, queremos clonar nuestra fe cristiana. |
Y lógicamente la catequesis no podía escapar a semejante escenario. |
| Una crisis que es el resultado de diversos componentes: corrupción e impunidad, falta de valores y de compromiso social, evasión de impuestos y derrochamiento de fondos del Estado, entre otros. |
Una fe carente de vida, inmersa en un marco bastante complejo, dominado por una completa secularización, en una cultura de la ausencia de Dios. |
La catequesis muestra en el presente, las marcas que ha dejado esta crisis. |
| Una crisis en la que todos somos parte. |
Y a este fenomeno tenemos que agregarle otros característicos de estos tiempos, y que tienen que ver con la familia: divorcio, aborto, homosexuales. Nuevos "modelos" de familia. |
Lo que se conoce como el sistema "tradicional" de la catequesis no está dando los frutos que solía dar en otros tiempos. |
| El texto presenta todos estos elementos, y del mismo modo, ehxorta al cambio, nos llama a una conversión generadora de esperanza. |
Todos elementos que atentan contra la transmisión de la fe, que necesita otros tipos de relaciones y de ámbitos para poder ser llevada a cabo con éxito. |
Su mensaje resulta extemporáneo, y ya no comunica de manera clara. |
| No contamos con un número de catequistas capaces de formar nuevos cristianos. |
| Ni tampoco hubo demasiados avances en lo que refiere a la catequesis con adultos. |
| Se requiere de una respuesta pastoral compleja y concreta. |
Quise comenzar este segundo trabajo encolumnando los puntos más salientes de los tres diferentes focos en donde la crisis ha calado hondo.
Desde la década del ’30 a nuestros días, la historia de nuestro país se fue escribiendo de crisis en crisis. El agotamiento de un modelo agro-exportador, junto con una perpetua insuficiencia industrial, y un tan reiterado como elevado nivel de corrupción, concluyen una vez más en una crisis político-económica. Que hoy resulta alimentada por otra crisis aún mayor que está sufriendo el mundo todo.
Vivimos en un tiempo sin tiempos. Sin tiempos para el otro. Sin tiempos para mirarnos a la cara y reconocernos. Tiempos en donde la distancia entre los que tienen mucho y los que no tienen nada, resulta abrumadora. Tiempos en los que la vida no vale sino un par de zapatillas, o un celular, o ni siquiera eso. Tiempos de violencia e inseguridad.
Son momentos oscuros que nos llaman a la participación. Al compromiso. Al diálogo. Debemos recurrir a las enseñanzas pastorales en pos de alcanzar el discernimiento.
El camino es el diálogo, tenemos que comunicarnos en el momento de elecciones. Tenemos que hacerles entender que no queremos más esto. Que estamos dispuestos a un cambio, que no deambule de “transición en transición”.
Y es un camino en el que todos miembros de la iglesia (sacerdotes, obispos, laicos), y todos los hombres de buena voluntad, debemos manifestar nuestro compromiso, para alcanzar esa justicia que elimine la brecha antes mencionada, y que liquide de una vez nuestra deuda interna.
En lo que tiene que ver con la crisis en la transmisión de la fe, encontramos numerosas causas. En primer lugar creo que pondría a la secularización y la enorme disociación que desde un tiempo a esta parte gobiernan en nuestra sociedad. El hombre ha optado por una vida sin Dios, en donde la religión no tiene lugar ni en el ámbito social y tampoco en el cultural.
Y a esto hay que sumarle el ataque que viene sufriendo uno de los blancos preferidos, que es la familia (divorcios, abortos, familias mono parentales, parejas homosexuales, etc.), y que lleva adelante un papel fundamental en lo que refiere a la transmisión de la fe.
La transmisión requiere de una comunidad, de formas sociales como la familia, la escuela, y la iglesia institución. Formas sociales que han sido desgastadas una y otra vez.
El texto de Velasco, describe con gran claridad la situación que nos toca vivir, y resume esta realidad compleja en tres aspectos:
| Quiebre de la transmisión religiosa determinante de la realidad sociocultural. |
| Quiebre de la tradición como entrega de un depósito de ideas, de valores y de normas para orientar a la sociedad. |
| Pérdida de credibilidad de las instituciones (iglesia). |
Son tres aspectos en los que deberemos también estar comprometidos, desde el lugar que nos toque ocupar. Por ejemplo, en que respecta al primero de los puntos, en más de una ocasión como catequista he planteado en mi comunidad el hecho de encarar la preparación de los chicos para el sacramento de la comunión de otra manera. No tenemos que quedarnos, creo yo, en una catequesis para la preparación de un sacramento, sino que debería ser una catequesis de iniciación, que una vez alcanzado el momento de la eucaristía, desemboque en el grupo prejuvenil, que los prepare para luego ingresar al siguiente estadio, que sería el grupo de los jóvenes. Es decir, tenemos que formar comunidad, y dejar de quedarnos en el acontecimiento social de la comunión.
Del mismo modo con lo relativo a la tradición, pilar fundamental de la nuestra iglesia. Debemos ser testimonio, y ser transmisores de esos testimonios. No podemos callar lo que hemos visto y oído. Compromiso y coherencia.
Y por último, y en referencia a los retos que presenta la catequesis contemporánea, debemos actualizar los modelos tradicional, tomar toda la riqueza formadora que ha dado tantos frutos a lo largo de si historia, y amoldarlos a los chicos de hoy. Chicos que han nacido en el tiempo de las comunicaciones mediáticas y digitales (internet, telefonía celular, chat, mensajes de texto), que incomunican, y que nos llevan a amoldar nuestro lenguaje para que puedan interpretar el mensaje de Dios.
Necesitamos que una formación constante, que nos actualice a diario, para poder dar respuesta a cualquier pregunta. Luis Benavides, cuenta en uno de sus siempre interesantes libros, que en cierta ocasión un chico llegó a preguntarle si “Amén” era el apellido del Espíritu Santo [!].
La crisis está en todos los ámbitos. De nosotros depende. Eso es lo bueno.
Diego Guglelmi
diego.guglielmi@itau.com.ar |
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Naturaleza y finalidad de la Misión
a. Partir de una necesaria conversión
“Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo (…) La misión nos lleva a vivir el encuentro con Jesús como dinamismo de conversión” (p.11)
La Misión Continental se propone generar un proceso de conversión personal, pastoral y eclesial que parta del encuentro con Cristo. Ya en la Conferencia de Santo Domingo1 se había manifestado la necesidad de una conversión pastoral. La formación de discípulos y misioneros pasa primeramente por ello: “Todas las auténticas transformaciones se fraguan y forjan en el corazón de las personas e irradian en todas las dimensiones de su existencia y convivencia. No hay estructuras si no hay hombres nuevos y mujeres nuevas que movilicen y hagan converger en los pueblos ideales y poderosas energías morales y religiosas” (DA 538)
Algunas señales evidencian que el modelo evangelizador llevado a cabo hasta el momento presente muestra un desgaste:
| La fe católica ha sido reducida a un bagaje doctrinal y moral |
| Las prácticas de devoción se viven de manera fragmentada |
| La adhesión a las verdades de fe es parcial y selectiva |
| La participación en los sacramentos es ocasional 2 |
| La transmisión de las tradiciones, incluidas las religiosas, de una generación a otra no se da ya con fluidez3 |
| La migración de católicos a otros grupos cristianos y religiosos va en aumento4 |
Todo ello configura una identidad personal y comunitaria cristiana débil y sujeta a los vaivenes históricos.
Las mismas estructuras eclesiales se han ido convirtiendo en entidades pragmáticas5, aisladas6, burocráticas7, con escasa solidaridad8, excluyentes9 y poco participativas10.
La catequesis desarrollada hasta hace poco se ha centrado en una transmisión-asimilación doctrinal, dirigida masiva y predominantemente a niños y adolescentes procedentes de familias cristianas. El proceso catequético ha tenido hasta hace poco un tinte de carácter escolar: dirigido a niños y adolescentes, centrado en el contenido a asimilar, conducido por el catequista-docente, con lenguajes basados en el catecismo y la pizarra, dirigidos hacia la recepción sacramental, con evaluaciones eminentemente conceptuales. Como consecuencia el modelo de cristiano y de comunidad resultantes se ha manifestado débil y desinteresado por un proceso de crecimiento y formación de tipo permanente.
De ahí la necesidad expresada en la frase “recomenzar desde Cristo” que expresa el deseo de llevar a cabo una evangelización (y en ella una catequesis de carácter iniciática) que no repita el modelo histórico de cristiandad sino que vuelve a la fuente, al punto de partida original que es Jesucristo y las primeras comunidades de donde parte la experiencia cristiana genuina y auténtica11.
El cambio de paradigma catequético exigirá, por lo tanto, buscar y discernir nuevas formas de acompañar el camino de fe no solo de los que se adhieren a Cristo como discípulos por primera vez, sino de aquellos que, habiendo recibido este don en la infancia, no lo han acrecentado en su vida. Aparecida hace su apuesta por el modelo operativo de iniciación cristiana como manera ordinaria e indispensable para llevar a cabo la evangelización12.
Para una Misión de carácter permanente
“Estado permanente de misión implica una gran disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales (...) Pero ello debe llevar naturalmente a forjar estructuras abiertas y flexibles capaces de animar una misión permanente en cada Iglesia Particular” (p. 13)
La Misión es entendida como un acontecimiento que, si bien tuvo un lanzamiento oficial a nivel latinoamericano (17 de agosto de 2008) como elemento visible, será un proceso que tomará un tiempo no delimitado por una fecha de conclusión. Se trata, en definitiva, de hacer un proceso de conversión no sujeto a un tiempo definido13.
En términos catequéticos, el paradigma de Iniciación Cristiana lleva a repensar todo el proceso evangelizador, dejando a un lado los modelos basados en un ambiente escolar que homogeneizaba el crecimiento en la fe de una manera lineal y progresiva. La Misión Continental puede ser un espacio ideal para tomar más en serio los procesos de conversión y discernimiento, dedicando un tiempo más reposado para proponer y llevar a cabo el Kerigma14. Aparecida recalca la necesidad de un tiempo largo en el que se establezca un itinerario respetuoso del caminar de cada persona15. En atención a los destinatarios, los procesos de iniciación y catequesis deben estar permeados de cierta flexibilidad y apertura, reconociendo que la acogida y vivencia de la fe se llevan a cabo de manera lenta, con avances y retrocesos en un proceso de descubrimientos y abandonos que pueden involucrar tiempos prolongados a lo largo de toda la vida.
Una acción continental que es esencialmente misionera
“Un objetivo esencial de la Misión Continental es tomar conciencia de que la dimensión misionera es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia y del discípulo del Señor. Por eso, a partir del Kerigma, ella pretende revitalizar el encuentro con Cristo vivo y fortalecer el sentido de pertenencia eclesial. ” (p. 17)
Colocar a la Iglesia en estado permanente de misión (DA 551) recuerda que la Iglesia es, en su ser, un ente misionero16. Realiza su objetivo dejando atrás el modelo pastoral de conservación para adentrarse sin miedo en una pastoral decididamente misionera17. Compartir con otros el regalo del encuentro con Cristo amplía también los horizontes de comprensión de lo que entendíamos como Misión Ad Gentes, dejando de ser una propuesta evangelizadora enfocada a una circunscripción geográfica y jurídica para abarcar los ámbitos sociales y culturales del mundo entero18.
Dentro de esta vocación misionera de la Iglesia, cambia también el concepto de la catequesis que debe encontrar su lugar dentro del dinamismo misionero. La Iniciación a la Vida Cristiana puede constituirse en la propuesta que la comunidad de creyentes hace a aquellos que, libremente quieren conocer y compartir el tesoro de la amistad con Cristo19.
Y este dinamismo misionero no puede dar por supuesto que los que ya han recibido el mensaje cristiano están exentos de una puesta al día. En este sentido, una propuesta formativa catequética de carácter iniciático requiere de formadores que hayan hecho la experiencia de re-iniciarse en la vida cristiana para poder acompañar a otros. Será por ello que la Misión no se pretende que inicie directamente con la evangelización, sino con una concientización en los agentes que la llevarán a cabo. Quizá, en este sentido, la verdadera misión de la Iglesia se realizará primeramente en la lenta conversión de los que ya están dentro y deben llevar a cabo el proceso.
a. El Kerigma como punto de partida
Una catequesis repensada en términos misioneros20 debe revisar los presupuestos desde los que partía en una sociedad cristiana con una transmisión de la fe asegurada. El nuevo contexto latinoamericano lleva a tomarse muy en serio la primera etapa del proceso evangelizador subrayada por Evangelii Nuntiandi21 y Catechesi Tradentae y recogida por el Directorio General para la Catequesis, es decir, la acción misionera22. Ésta está dirigida tanto a los no creyentes o indiferentes como también a los que han recibido los sacramentos de iniciación pero que no han hecho una opción clara por Jesús y su Evangelio23.
Retomar la acción misionera como punto de partida lleva a provocar en la persona el interés por Jesús y su mensaje, abriendo el corazón a la búsqueda, la disponibilidad y una posible actitud de fe. Tomando el modelo de los primeros cristianos, la acción misionera implica el testimonio de caridad, presencia, apertura al diálogo24, promoción humana en la sociedad como medios de preparar el terreno para la proclamación del Kerigma25.
Cabe hacer notar que hasta ahora los esfuerzos dedicados a esta primera fase del proceso evangelizador no han sido suficientes. Ello hace que, tanto en Aparecida, en la Tercera Semana Latinoamericana de Catequesis como en las orientaciones para la Misión Continental, el elemento kerigmático quede resaltado constantemente como parte fundamental e hilo conductor de todo itinerario de crecimiento en la fe26.
El paso del Kerigma a la iniciación cristiana estará señalado por el momento de conversión inicial o, en el caso de cristianos no suficientemente evangelizados, de reconversión a Cristo. No es fácil establecer en términos cronológicos precisos cuando se lleva esto a cabo27. En todo ello el proceso de iniciación cristiana está llamado a discernir con más detenimiento los tiempos y etapas alejándolos de convencionalismos sociales o tradicionales centrados en la recepción sacramental para dar paso a itinerarios que privilegien el encuentro de la persona consigo mismo y con Jesucristo.
b. Con unos elementos indispensables para el encuentro con Cristo
La Misión Continental llama a privilegiar cuatro lugares que llevan al creyente a una experiencia de encuentro con Jesús:
- La Palabra de Dios, como forma de acercarse al mismo Jesús, de beber de su mensaje, de compenetrarse de sus vivencias, para luego poderlas compartir con los demás. La catequesis está llamada a ser “una auténtica introducción a la lectio divina”28 partiendo del contacto asiduo de los textos que llevan al discípulo a escuchar de la boca de su Señor los hechos acaecidos que son Historia de Salvación y que hoy se prolongan en la historia personal, familiar y social29.
- En la Eucaristía, Jesús atrae hacia sí y hace entrar en el dinamismo de amor a Dios y al prójimo configurando la identidad del discípulo. Las orientaciones respecto a la Misión Continental recuerdan la íntima relación que tiene este sacramento con los demás sacramentos de Iniciación Cristiana dejando entrever que la catequesis no se circunscribe únicamente a la recepción de los mismos sino que va más allá: celebrar el misterio de Jesús en la Eucaristía lleva, a su vez, a la incorporación viva dentro de una comunidad y al seguimiento dentro de la misma30.
- La Comunidad, en sus diferentes facetas (familiar, parroquial, de grupos de base, de consagrados) está llamada a ser escuela de fe, testimonio y comunión31. La actividad catequética debe ser asumida no por unos pocos miembros sino por la comunidad entera32, pero en los tiempos actuales, en los que no se da por descontado la fe de los cristianos tampoco se puede dar por supuesta la existencia de comunidades o las relaciones de los miembros entre sí. La tarea catequética puede ser una forma de potenciar la comunión a nivel familiar, la acogida y sentido de pertenencia en las pequeñas comunidades, la corresponsabilidad a nivel parroquial y de vida consagrada y la participación de todos en la actividad pastoral33.
- Finalmente los pobres, rostro tangible del Señor posibilitan la puesta en práctica de una forma de catequesis social incisiva (DA 505) que promueva la participación personal y grupal en la defensa de los derechos de los excluidos, la presencia en los medios de comunicación social y la participación en entidades relacionadas con el mundo de la política34.
Hno. Balbino Juárez fms
Guatemala, 8 de marzo de 2009
Día internacional de la Mujer y Segundo Domingo de Cuaresma
“Lo toca todo y a todos: en la conciencia y en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal” (SD 30)
“Es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad…” (DA 12)
“Algunos Movimientos eclesiales no siempre se integran adecuadamente en la pastoral parroquial y diocesana…” (DA 100e)
“Una parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen cualquier clase de burocracia.” (DA 203)
“Falta solidaridad en la comunión de bienes al interior de las Iglesia locales y entre ellas” (DA 100e)
“Es necesario superar una mentalidad machista que ignora la novedad del cristianismo” (DA 453) “Las mujeres son las primeras transmisoras de la fe y colaboradoras de los pastores quienes deben atenderlas, valorarlas y respetarlas” (DA 455)
“Es necesario que el laico sea tenido en cuenta con un espíritu de comunión y participación” (DA 203)
Manuel Jiménez recuerda que “la experiencia de ‘recomenzar’ se trata de dejar de vivir con la nostalgia y apegos a otras épocas y de asumir la novedad del momento, no de modo acrítico e irreflexivo, sino con fidelidad a Jesús y a su Palabra. Cf. Jiménez Manuel, La catequesis es un contexto de pastoral misionera. Una mirada desde Aparecida, p. 63. en http://www.seminariobogota.org/index4.html También puede expresar el redescubrimiento de la condición de bautizados, “redescubrir eso que en el Apocalipsis se dice de las Iglesias: redescubrir el amor primero” Entrevista a Manuel Jimenez, El gozo de ser discípulos de Jesús” en Umbrales, revista 194, 1 de marzo de 2009, en http://www.chasque.net/umbrales/rev194/PAG26.HTM
El documento más adelante habla de un itinerario de cuatro etapas que entre sí son simultaneas, flexibles e irradiantes. (Cf. p.50) pero siempre entendiéndolo no como un programa o proyecto, sino como un compartir la experiencia del encuentro con Jesucristo. (Cf DA 145)
Cf. Gevaert, Joseph, Primera Evangelización, Aspectos Catequéticos. CCS, Madrid, 1992, p.10
“Llegar a la estatura de la vida nueva en Cristo, identificándose profundamente con Él y su misión, es un camino largo, que requiere itinerarios diversificados, respetuosos de los procesos personales y de los ritmos comunitarios, continuos y graduales” (DA 281)
Cf. Conferencia de los Obispos de Francia, Texto para la orientación de la catequesis en Francia y Principios de organización. CCS, Madrid, 2008, p. 27
La propuesta no es nueva, ya el DGC, al final de la introducción, presentaba como desafío de la catequesis el ofrecer una propuesta evangelizadora con acentuado carácter misionero (Cf. DGC 33)
En este sentido, la Misión Continental enfoca el dinamismo misionero hacia dentro de sí misma y no tanto hacia los que no conocen a Cristo.
El Kerigma es parte medular en el ser y quehacer de la Iglesia. Es concebido como el anuncio alegre, directo e incisivo de Cristo vivo, el fundamento e hilo conductor del proceso evangelizador, la línea programática que no puede faltar en los planes pastorales. Cf. Tercera Semana Latinoamericana de Catequesis, Hacia un nuevo paradigma de la catequesis, CELAM, Bogotá, 2006, nn. 13, 18, 24 y 25
“La preocupación ampliamente expresada por los distintos agentes de pastoral de revivir esta dimensión kerigmática del ser y del quehacer de la Iglesia, manifiesta claramente que en nuestras catequesis la ausencia del kerigma es un vacío de grandes consecuencias que se traducen en la presencia de una gran masa de bautizados no convertidos” (3SLAC, 20)
Dionisio Borobio señala algunos elementos a tenerse en cuenta: la des-centración de la propia personalidad, poniendo en crisis o rechazo los propios valores que no son acordes al Evangelio; el encuentro con el Dios de Jesús que ofrece un sentido a la propia vida; la re-unificación del convertido en torno a unos valores con con-centran la personalidad y la identificación con la comunidad de los creyentes. Borobio, Dionisio, Catecumenado e iniciación cristiana. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 2007, 98-99.
Monseñor Víctor Sánchez menciona que uno de los grandes aportes de Aparecida es precisamente el rescate del papel fundamental de la Palabra de Dios en su doble manifestación: escrita y acontencida. Cf. Sánchez Víctor, El gran reto de la Misión Continental en América Latina, Celam, Bogotá, 2008, p.284
Cf. La Misión Continental para una Iglesia Misionera, p. 20
Aparecida lo expresa afirmando que “ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera” (DA 365)
Cf. La Misión Continental para una Iglesia Misionera, p. 24
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Junta Nacional de Catequesis
El segundo fin de semana de junio, con una gran convocatoria, se reunió la Junta Nacional de Catequesis con todas sus Áreas y representantes y delegados de las Regiones Pastorales del país. En esta oportunidad cada área vino acompañada no solamente de su coordinador, sino también de los miembros que la integran.
Durante la mañana, en el encuentro se sobrevolar la realidad del país tanto por los informes territoriales de cada región como por la mirada de los representantes de las áreas (catequesis de niños, adultos, familiar, catequesis especial, escolar…). Luego se trabajó sobre las distintas eclesiologías necesarias para impulsar una catequesis de iniciación que responda a los nuevos paradigmas. El encuentro culminó con la reflexión del texto bíblico donde Yahvé promete fecundidad a Abraham como metáfora: el reconocimiento de que solo visita de Dios hace fecundo lo infértil. |
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Observatorio Catequístico
En su búsqueda de caminos y respuestas para la Catequesis con adultos, el Observatorio Catequístico del ISCA sigue preguntando y preguntándose. ¿Cómo recibimos, en nuestras comunidades, a las personas que vuelven a la Iglesia después de una ausencia más o menos prolongada? Podemos leer el primero de una serie de artículos titulados “Acoger al que vuelve” en el espacio del Observatorio de nuestro sitio web. Y participar del foro. |
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Boletín Keryx
Ya está en línea otro número de ‘KERYX’ (El heraldo) boletín del Área Adultos de la Junta Nacional de Catequesis Este número, dedicado al Catecumenado y la Iniciación Cristiana de Adultos, contiene la primera parte de una nota escrita por el Pbro. Claudio Castricone acerca del catecumenado de adultos. Puede solicitarse a jnc_area_adultos@yahoo.com.ar |
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Misión Continental
LA MISIÓN CONTINENTAL PARA UNA IGLESIA MISIONERA: UNA IGLESIA MISIONERA EN EL CONTINENTE es el título de un folleto con textos y recursos para comprender la Misión Continental. Puede accederse a él por medio del correo electrónico dirigiéndose a este boletín: comunicándonos@isca.org.ar |
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Gracias por la comunicación. Estoy en camino junto a mis catecúmenos, este año formando un grupo de adultos surgido de encuentros pre-bautismales.
Es una gracia del Señor que el Kerigma anunciado en estos cortos encuentros, nos dé el fruto de un camino catecumenal.
En comunión. |
Cristina Fortunato - Montevideo - Uruguay.
Parroquia San Juan Bautista. Pocitos
home@adinet.com.uy
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