El post-texto de Catechesi Tradendae
1. El mensaje al Pueblo de Dios
Catechesi Tradendæ abre un espacio, pero no lo llena. Esto puede ocasionar cierto sentimiento de decepción. No es un texto que resuelve los problemas presentados. Indica. Abre. No ordena un modo de creer como lo hizo el Concilio de Trento. Invita a seguir otras perspectivas. Existe, en efecto, otro documento, nacido también del Sínodo de 1977, propuesto por los obispos al término del Sínodo, que trata igualmente acerca de la Catequesis. Es “El mensaje al Pueblo de Dios sobre la Catequesis”.
Catechesi Tradendæ se refiere a él y lo menciona en cuatro oportunidades. La originalidad de ese documento es que está, precisamente, orientado a poner en juego en el acto catequético a los interlocutores. En suma, la cuestión misma de Agustín en el debut de Magistro: “que pasa mientras hablamos” y que una larga lista de teólogos y de pastores intentarán esclarecer a lo largo de la tradición.
El Mensaje al Pueblo de Dios se refiere a la primera y ejemplar experiencia de Catequesis, la del catecumenado bautismal que nos remite a los siglos III y IV y que vuelve a tener vida después de los años ’50 y del Vaticano II.
Se subrayan tres dimensiones y, para ello, el mensaje de los obispos recurre a la Evangelii Nuntiandi: la Catequesis es Palabra, la Catequesis es memoria, la Catequesis es testimonio. Estas categorías permiten tomar el acto catequético en su unidad. Las tres son elementos inseparables y pueden ponerse en acto de múltiples maneras. Esas categorías ofrecen, sobre todo, los criterios para situar y evaluar la acción catequética.
No todo discurso es Palabra y quien dice Palabra dice comunicación, intercambio, ida y vuelta entre dos o más interlocutores. Entonces toda enseñanza, aun sobre un sujeto religioso, no es en sí misma Catequesis. Por el contrario, toda palabra que toca al hombre en lo concreto de su existencia y lo invita a volverse hacia Cristo puede convertirse en palabra catecumenal.
No es el contenido por sí mismo, ni sus modalidades (enseñanza, predicación, doctrina, mensaje) lo que es decisivo en la acción catequética. Lo que, en cambio, hace específico al acto catequético es que en él se emite una palabra como palabra de Dios y que el ser humano la recibe y le corresponde.
El mismo tipo de desplazamiento se realiza a propósito de las dos otras categorías: la memoria y el testimonio. Se abre así un campo de investigación que no puede ya más contentarse con definir uno u otro aspecto del contenido, tal programa o tal método.
A través de una acción interhumana se ponen en juego diversos aspectos, unos inseparables de los otros. La coherencia del acto catequético viene, finalmente, de esa mirada teologal. Es de notar que la palabra “madre “del mensaje al Pueblo de Dios no es la enseñanza, sino la iniciación. Si decimos iniciación, decimos etapas, decimos desarrollo a lo largo del tiempo, continuidad y novedad en la fe, marcha y proceso. Así era el antiguo catecumenado, pero paradójicamente esa visión nos trae un aspecto fundamental de nuestra sociedad en la que el ser humano se sabe a sí mismo en un movimiento de búsqueda y de formación permanente.
2. En la mundialización
En pocos años la rapidez del conocimiento y los cambios ocasionados velozmente provocaron un fenómeno que llamamos mundialización. Las fronteras se han vuelto móviles, fronteras políticas, fronteras sociales. Los muros se caen y nuevos muros se levantan, pero la bipolaridad ha terminado y, con ella, la edad clásica.
Estamos en un mundo plural. En Occidente las crisis nos apremian, pero no pueden representar la única norma. Fronteras culturales, movimientos de población, emigración. Cada uno encuentra un mundo para sí mismo. La idea de progreso y de una linealidad fue superada. La geografía toma parte de la historia: el espacio sobre el tiempo.
Las antiguas categorías se revelan demasiado limitadas para sumir lo que viene. Así el binomio secular – religioso ha perdido identidad. Estamos en una especie de mestizaje y podemos preguntarnos: ¡estamos en medio del caos? No, solamente estamos ante situaciones diversas y complejas que CT no podía prever. No se pueden reproducir las modalidades que servían en épocas pasadas, puesto que el contexto es diferente. Es preciso situarnos en la era de la mundialización y de Internet, así como nuestros predecesores lo hicieron en la era de los grandes descubrimientos. Es necesario pensar la novedad de las situaciones presentes, iluminándola con la Palabra del Evangelio. Los documentos siguientes al Sínodo de 1977, después de treinta años, nos sitúan hoy, como siempre, ante el mismo trabajo: hacer entender y asumir la Palabra, a través de los modos de existencia y de conocimiento que son propios de cada época.
Jacques Audinet
Institut Catholique de Paris
(Traducción libre y directa del francés, realizada en el ISCA, a partir del texto enviado por el Padre Darío Gustavo Gatti del Instituto Raspanti, Haedo, Prov. de Buenos Aires, Argentina).
1. Jean DELUMEAU, Leçon inaugurale au Collège de France, p. 22
2. André Burguière, Bretons de Plozevet, Flammarion, Paris, 1975, p. 253
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