Año 6 • Nº 93
Abril 2009

Las palabras en la catequesis son ecos de las palabras de Jesús, en el contexto de cada comunidad. La catequesis actualiza y hace contemporáneas las palabras de los Evangelios. En este sentido, cada catequesis es un ámbito propicio para escuchar atentamente la palabra del grupo, la de la Iglesia, la de los profetas, la de la calle y la de los silenciados que nadie escucha. Es en este proceso -aprendiendo a escuchar- que el grupo se evangeliza y hace su itinerario catequístico. Escuchar significa poner el cuerpo, comprender, analizar y proponer.

La espiritualidad de la Iglesia, en nuestro contexto de desigualdad y exclusión social está dando un lugar muy significativo a escuchar la voz de los pobres, el clamor de los excluidos y a reconocer en ellos al Verbo hecho hombre y a su pasión por la verdad y el Reino de Dios. Es así que creemos que la Resurrección es la última palabra de Dios y que ocurre en la vida de un crucificado y que Cristo resucitado representa a los excluidos de ayer y de hoy. A la luz de la Pascua que estamos celebrando, es oportuno que nos demos el tiempo adecuado para escucharnos y escuchar a quienes se les niega la palabra.

Emilio Rojo
Pascua de 2009

Hay momentos del año en los que nos detenemos para volvernos sobre nosotros mismos y decirnos las palabras que no encontraron su lugar en el tiempo de la actividad. Lo hacen muchas personas. Y muchas organizaciones. En el ISCA estos encuentros, periódicos, nos ayudan a construir nuestra identidad.

El martes 7 de abril, Martes Santo, tuvimos nuestro segundo encuentro de reflexión. El tema giró acerca de la espiritualidad del ISCA. Compartimos con ustedes nuestras preguntas, porque pueden servirles para pensar (y pensarse) en sus comunidades: ¿cómo es nuestra espiritualidad?, ¿cómo la definiríamos? ¿En qué signos concretos podemos ver que el Espíritu ha soplado y ha estado aleteando sobre nuestra comunidad? ¿Qué fuegos ha encendido en nosotros? ¿Hacia dónde nos conduce?

Una espiritualidad “no es tan solo unas formas de piedad y de devoción, ni la vida interior y afectiva de un sujeto”, escribió nuestra compañera María Luisa Landgrebe. “Es una identidad y un itinerario, expresados en un carisma.” Llegados desde distintas historias, con formaciones diversas, cada uno se nutre de la espiritualidad del otro. La del ISCA es una identidad clara y distinta, pero plural.

En estos encuentros tejemos nuestra red. Y la red del ISCA se tensa, se achica y se agranda. Se vuelve sobre si misma, se enreda y vuelve a desenredarse. Felices Pascuas. Y buena pesca para todos.

Mariano Nicolás Donadío
comunicandonos@isca.org.ar

2. El pre-texto

2.1. La catequización clásica

“Catequización”  más que “Catequesis”. En la lengua francesa se dio un hecho que no se produjo en los otros países: la palabra “Catequesis” comenzó a ser utilizada hacia fines de la Edad Media. Más tarde se utilizó la palabra “catecismo”, entendiéndose con ella la institución de enseñanza religiosa a los niños y a los adultos. El Concilio de Trento solicitaba la enseñanza del “catecismo” cada domingo, después del mediodía en las parroquias, designando con este término también el pequeño libro que se utilizaba para dicha enseñanza. La palabra “Catequesis” volverá a ser utilizada en Francia en el año 1950 en el que fue creado el Instituto Superior de Catequética, pero desde el siglo XVI hasta el siglo XX, la Catequesis tomó la forma de “catecismo”, a través de una pedagogía de preguntas y respuestas en la que los propósitos eran comprender y saber.

Jean Delumeau la describe en los siguientes términos “Una certeza va tomando cuerpo en la mentalidad de las élites cristianas bajo la forma siguiente: la ignorancia religiosa es causa de condenación. Sobre este punto Luther et Saint Vincent de Paul, Calvin et Saint Charles Borromée han razonado de modo idéntico. Los principales esfuerzos de las Iglesias de Occidente se centraron en la enseñanza de la doctrina cristiana a las masas. De ahí la multiplicación de las academias y de los seminarios, la creación de escuelas… y el sitio privilegiado que se le da al catecismo.”(1)

Éste es el origen de la catequización moderna o de aquello que llamamos el catecismo tradicional, una vieja tradición que tiene un poco más de cuatro siglos. Allí podemos encontrar una concepción de autoridad; una cierta visión de Dios, del ser humano y del mundo; una cierta concepción de la existencia cristiana, tanto del individuo como de la sociedad; un modelo de Catequesis en el que la palabra se utiliza en su sentido más simple: conjunto de elementos coordinados en orden a la acción, a través de los cuales se transmiten la Revelación y la Palabra de Salvación a una sociedad dada (la sociedad moderna de esa época, la Europa y todos los territorios vinculados a ella por la colonización). Catechesi tradendae  se refiere a ese modelo y trata de extender al máximo sus posibilidades. La Catequesis es concebida como enseñanza. Es el saber de una doctrina y el saber prescripto por una autoridad.

El instrumento para la enseñanza de toda esa doctrina es, precisamente, el pequeño libro (catecismo) y la institución pedagógica que pone en acción y lleva adelante esa misma palabra. El catecismo coincide con la invención de la imprenta y con la expansión de Europa por todo el mundo. Él va a ser el instrumento de difusión del cristianismo, tanto protestante como católico, a través del planeta. Este instrumento presenta una pedagogía de preguntas y respuestas que se van a traducir a todos los idiomas. El pequeño libro de catecismo se convertirá en el manual de alfabetización y podríamos decir, también, el primer manual de educación para numerosas poblaciones. Por otro lado, podemos decir que el catecismo fue constituyendo, poco a poco, la expresión de una cultura correspondiente a las poblaciones de Europa y a los territorios colonizados por ella, vale decir que el catecismo constituyó una expresión de la cultura occidental. Vale decir que este proceso de catequización desde el siglo XVI al siglo XX constituyó un verdadero proceso de inculturación, proceso que no posee equivalente semejante en toda la historia de la humanidad. Jean Delumeau compara el pequeño libro del catecismo con el pequeño libro rojo de Mao Tzédong. Este proceso ha sedimentado nuestra cultura y no podemos ignorarlo. No voy a describirlo en detalle. Solamente voy a subrayar cómo se realizó semejante proceso y cómo sus efectos persisten todavía hoy.

El punto de partida, para mí, de acuerdo con Dhôtel, es el pequeño catecismo de Calvin (1541). También podemos considerar el texto de Luther (1529), pero el de Calvin es el primer texto completo, sistemático y enteramente compuesto por preguntas y respuestas. Un punto preciso para el ejemplo: en el de Luther la Santa Escritura está seguida por la pregunta. La estructura del capítulo es así: texto bíblico, desarrollo y comentario, pregunta y respuesta.  En el de Calvin la presentación es a la inversa: pregunta y respuesta, que puede ser eventualmente un texto de la Escritura. Por otro lado, en el catecismo de Calvin, la Escritura misma queda sujeta a la pregunta.

Hasta el Vaticano II la preparación al Bautismo de los adultos consistía en hacerlos aprender el mismo texto destinado a los niños. De este modo había un “catecismo de todos” que llegaba a todas las regiones, a todas las poblaciones, instaurando un mismo pensamiento, con las mismas categorías y con las mismas palabras. Esto hacía posible la preparación de los misioneros en Europa, para enviarlos hasta los más recónditos lugares del mundo. Ellos se encontraban con problemas de traducción, pero no de lenguaje. Por ejemplo, en Québec, la ciudad fundada en 1608, el texto de Ledesma inspirado en el de Canisius, traducido en enseguida traducido al lenguaje autóctono por el Padre Jean de Brébeuf en 1629.  Esto significa que se imponía a los pueblos de las distintas regiones la visión del mundo racional que constituía el modo de pensar en Europa. En los países de lengua española las cosas fueron más lentamente por dos razones: la conquista tuvo lugar antes del Concilio de Trento y los primeros misioneros, franciscanos o jesuitas produjeron ellos mismos, con la ayuda de artistas indígenas, unos documentos que no son nociones abstractas formuladas a través de palabras, sino objetos que se muestras a través de imágenes.

El resto en el espacio cubierto por el cristianismo protestante y católico dependía de cuatro siglos, con los ciertos conceptos fundamentales de la doctrina: Dios, la Salvación, el bien y el mal y la misma lógica impuesta a todos en el nombre absoluto de Dios.

Ciertamente había un contexto social que llevaba el saber. Una vida litúrgica, las fiestas y las devociones que venían de muy lejos… El catecismo llevaba a una forma de pensar, a una racionalidad gracias a la cual cada pregunta hallaba su respuesta y tanto las preguntas como las respuestas estructuraban la visión del mundo y se expresaban en conceptos abstractos que había que explicar y comprender.

Éstas son las claves del texto de Calvin y los mismos imperativos son repetidos por los textos católicos

Así, en la medida en que podemos divisar ciertas cuestiones, podremos comprenderlas y esto ocurría un siglo antes de Descartes. Aquí tenemos un ejemplo, para ilustrar lo dicho: la palabra misterio cambia de sentido en el siglo XVII y su definición se va a repetir hasta el siglo XX: una verdad que no comprendemos, pero que debemos creer. El misterio designa, por lo tanto, según esta definición,  alguna categoría más o menos clara para nombrar la oscuridad. No es la plenitud de la luz divina ni el gesto sacramental de la Edad Media.  La Teología y la Catequesis dependen ahora una de la otra. Como la señala muy bien Delumeau, los seminarios y las academias se desarrollan para combatir la ignorancia  religiosa. De una a la otra no existe diferencia. Una misma cultura católica, religiosa y racional se difunde simplemente más allá de los diversos niveles de educación de sus interlocutores.

La Teología se ordena en “tratados” correspondientes a las enseñanzas de la doctrina. El catecismo las divulga. Las preguntas y respuestas no son más que un  juego mnemotécnico. Se trata de una forma de discurso que induce una lógica racional. Conocer es registrar un cierto número de conceptos y ser capaz de rendir cuentas de su explicación. Se trata de comprender y de explicar la religión y, a través de ella, el mundo. 

Se desarrolló un proceso cultural sin equivalentes cuyos efectos y cuya fascinación continúan todavía. Nuestras sociedades siguen su rastro, puesto que, ante una cuestión en debate, se suscitan conceptualizaciones de la catequización  clásica. Estos efectos se observan, también, en el campo cultural y en el discurso cotidiano. Es preciso estar atentos ante este fenómeno que se hace evidente en el caso de los medios, de las palabras, de las actitudes, del discurso catequético. Tienen un toque religioso, sólo un barniz superficial y están desconectados de la experiencia vital que pudo haberlos engendrado. Pensemos en el uso de palabras como “pecado original”, “pecados capitales”, “confesión”, “sacrificio”, “Dios”, salvación”… A través de estas palabras emerge una visión del mundo. En este sentido Calvin y sus sucesores protestantes y católicos pueden ser considerados “fundadores de la modernidad”. El pequeño libro del catecismo ha sido uno de los instrumentos privilegiados de la racionalidad moderna.

2.2. La renovación catequética

Ese modelo de catequización clásica, desde la perspectiva de los años cincuenta y sesenta, representaba el pasado y una concepción superada y arcaica de la Catequesis. Una enseñanza autoritaria repetida y fijada a través de fórmulas no servía a una renovación pedagógica. En una perspectiva que representa los procesos en una evolución lineal, la hace aparecer como la etapa antecedente y perimida. Podemos decir que el siglo XX ha sido, en el trabajo catequético, el ajuste y la puesta en cauce de maneras de ver y de prácticas que habían predominado durante los cuatro siglos anteriores.

Lo que llamamos “la  Catequesis renovada” o el “movimiento catequístico” se han manifestado claramente como opuestos a la Catequesis tradicional, o mejor dicho, al catecismo tradicional. Catechesi tradendae se esfuerza por mostrar la continuidad entre ambos momentos e insiste “la Catequesis tiene necesidad de renovarse continuamente en un cierto alargamiento de su concepto mismo, en sus métodos, en la búsqueda de un lenguaje adaptado, en el empleo de nuevos medios de transmisión del mensaje Esta renovación no siempre tiene igual valor, y los Padres del Sínodo han reconocido con realismo, junto a un progreso innegable en la vitalidad de la actividad catequética y a iniciativas prometedoras, las limitaciones o incluso las «deficiencias» de lo que se ha realizado hasta el presente. Estos límites son particularmente graves cuando ponen en peligro la integridad del contenido… (17) Dicho de otro modo, Catechesi tradendae manifiesta una cierta tensión que ha dominado el trabajo catequético del siglo XX, puesto que esta renovación significa una ruptura y oposición a lo realizado anteriormente. Toda iniciativa nueva parece inscribirse en contra del proceder anterior.

El primer aspecto que se pone en cuestión es el pedagógico, a través del método de Munich (Stieglitz, 1905) y Quinet et Boyer (1910) en Francia. Ya no se trata de la comprensión como se la concebía en el siglo XVI, sino que es el mismo ser humano el que se convierte en norma para la comprensión.   Maris Fargues publica en 1946 los  « Textos colectivos de catecismo ». Ella retoma el método de investigación de Piaget acerca del desarrollo de la inteligencia humana, con el fin de testear la comprensión de los niños de los primeros conceptos de la enseñanza religiosa. El resultado es asombroso. La mayor parte de las palabras empleadas están fuera de la capacidad de los niños. La comprensión en el siglo XX no se basa solamente en la coherencia del discurso, sino más bien en la capacidad de recepción del sujeto.

Más que las nociones teológicas toman su lugar en la Catequesis los textos de la Escritura y los textos de la Liturgia. Catechesi Tradendae se refiere explícitamente a la memorización de la Palabra de Jesús y de los pasajes bíblicos importantes, en el marco de la totalidad del Mensaje y de su carácter sistemático sobre cualquier otro aspecto.

Es preciso decir que la subordinación del catecismo a la Teología que había sido la clave del período clásico ya no lo era.  No solamente no lo era, sino que parecía imposible en el estado al que había arribado la reflexión catequética. En 1950, François Coudreau del ISPC invitó a sus colegas de la Facultad de Teología para participar en una semana de trabajo con los estudiantes y los catequistas.
Ainsi Daniélou, Holstein y otros vinieron a escuchar los debates, a discutir, a sugerir y a con frontar su trabajo cotidiano, pero la distancia no estaba resuelta todavía… A pesar de ello, La CT habla de un equilibrio inestable entre Catequesis y Teología. “Esta correlación es evidentemente profunda y vital para quien comprende la misión irreemplazable de la Teología al servicio de la fe. Nada tiene de extraño que toda conmoción en el campo de la Teología provoque repercusiones igualmente en el terreno de la Catequesis. Ahora bien, en este inmediato post-concilio, la Iglesia vive un momento importante pero arriesgado de investigación teológica. Y lo mismo habría que decir de la hermenéutica en exégesis.

Padres Sinodales provenientes de todos los continentes han abordado la cuestión con un lenguaje muy neto: han hablado de un ‘equilibrio inestable’ que amenaza con pasar de la Teología a la Catequesis, y han señalado la necesidad de atajar este mal. El Papa Pablo VI había abordado personalmente el problema, con términos no menos netos, en la introducción a su solemne Profesión de Fe  y en la Exhortación Apostólica que conmemoró el Vº aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II…” (61)

La CT explica los riesgos de confusión entre verdades seguras e investigaciones teológicas. La Catequesis y la Teología evolucionan en universos cuyas referencias son diferentes. Los catequistas tienen frecuentemente el sentimiento de no tener a su disposición unA Teología que conviene a su trabajo, pero decir “una” implica ya tomar una posición. Seguramente habrá muchas y la cuestión será indagar en el campo de esas teologías. En el siglo XX se destacaron Jungmann  con la Teología Kerigmática (Verkundigung theologie 1935) y Liégé con la Teología Pastoral (1953). En este tiempo pareció posible una articulación alrededor de los temas bíblicos, pero prontamente aparecieron los límites de esta empresa.

La hegemonía de un modelo catequético parecía desaparecer. Imposible enseñar el mismo texto a todos. Se vuelve imprescindible tener en cuenta las diversidades de mentalidades y de culturas. El siglo XX verá multiplicarse las “catequesis”, también las confesiones de fe constituirán instancias importantes . Al respecto dice la CT: “Una expresión privilegiada de la herencia viva que ellos (los Pastores de la Iglesia) han recibido en custodia, se encuentra en el Credo o, más concretamente, en los Símbolos que, en momentos cruciales, recogieron en síntesis felices la fe de la Iglesia. Durante siglos, un elemento importante de la Catequesis era precisamente la traditio Symboli (o transmisión del compendio de la fe), seguida de la entrega de la oración dominical. Este rito expresivo ha vuelto a ser introducido en nuestros días en la iniciación de los catecúmenos. ¿No habría que encontrar una utilización más concretamente adaptada, para señalar esta etapa, la más importante entre todas, en que un nuevo discípulo de Jesucristo acepta con plena lucidez y valentía el contenido de lo que más adelante va a profundizar con seriedad?

En la línea de la diversidad la CT enumera largamente las diferentes instancias y los diferentes lugares donde se puede desarrollar la Catequesis. La parroquia, el colegio y la familia en una suerte de organigrama de una Iglesia concreta. Dicho de otra manera, estamos en una imagen centrífuga de la acción de la Iglesia que permite permanecer en el centro y, desde allí, a pesar de las dificultades, expresar una visión común en la unidad de la acción catequética.

No es posible representarnos el campo social en el que se desarrolla la Catequesis como una realidad homogénea, Justo en la mitad del siglo XX , la diversidad de producciones catequéticas conservan esa unidad.  Pero las sociedades del siglo XX, y más todavía,  las sociedades del siglo XXI no presentan homogeneidad. En 1963, una conferencia de Joseph Bournique, marca el giro. El introduce el concepto de « mentalidad » La Catequesis no puede economizar el estudio de las diversidades sociales y, para hacerlo,  las ciencias humanas le ofrecen sus recursos y saberes contemporáneos.
Imposible restarle al siglo XX los aportes de una Psicología o de una Sociología del siglo XXI.

3. Una continuidad

La renovación catequética del siglo XX marca una ruptura con la catequización clásica en un triple punto de vista: el contenido, el sujeto y el método. Catechesi Tradendæ lo reconoce e invita a hacer frente a esta situación y lo hace a través de perspectivas diferentes, miradas opuestas de diversos puntos de vista. Por eso, las expresiones « Es necesario…, …pero », como marcábamos al comienzo.

Hay una ruptura entre la catequización clásica y el siglo XX, ruptura sobre los métodos, los contenidos y la diversidad de espacios y, a la vez, hay una continuidad entre la catequización clásica y la renovación de la Catequesis. Para decirlo brevemente, aquí se sitúa la cuestión de la racionalidad. Después de Calvin, se trataba de comprender y de explicar. Se trataba de un acceso al Mensaje cristiano a través del conocimiento y de un  conocimiento movilizador de las energías de la razón. Todo el resto estaba subordinado a ella. Así en la Liturgia. Bossuet y otros harán un catecismo litúrgico y Fleury hará un catecismo bíblico.

La racionalidad puesta en acto en  las cuestiones de la totalidad del campo religioso. Ella es la norma del conocimiento y de la vida cristiana. Es en este sentido que la catequización es moderna. Ella honra al sujeto humano por su inteligencia, en tanto que el sujeto conoce.

En la renovación que tiene lugar durante el siglo XX también se da importancia a la comprensión y a la explicación, ciertamente con otros instrumentos pedagógicos, recurriendo a los métodos activos y a las pedagogías nuevas. Se apela a la experiencia, a la puesta en práctica de la actividad y se da importancia al aprendizaje como modo de permitir a un ser humano, niño, joven o adulto, asumir su cristianismo en tanto sujeto inteligente, es decir racional. ¿Pero a qué racionalidad nos estamos refiriendo?

La forma a través de la cual la modernidad ha pensado al ser humano es a través de su razón filosófica, por eso es posible el obrar de la razón en la ciencia. El catecismo moderno ha funcionado en esa racionalidad de la comprensión y de la explicación, con una forma de pensar universal extendida a todo el mundo. El siglo XX no nos encuentra en el mismo mundo. No es que la racionalidad moderna haya caducado, pero ella ha perdido ya su hegemonía.

La mundialización nos ha puesto en presencia de otros seres humanos con sus tradiciones diferentes y en el siglo XX es preciso concebir la racionalidad desde otro lugar. Sin emplear grandes palabras, podemos preguntarnos qué significa la post modernidad y la nueva racionalidad. La manera en la que los seres humanos representan su mundo y piensan no sólo a través de la universalidad de la racionalidad científica, sino a través de otros modos de pensar, a través de la universalidad de los derechos del hombre o, todavía más, a partir de los valores occidentales o asiáticos…Pero esto no es solamente el efecto de la mundialización con sus movimientos migratorios, sino el efecto de la presencia  cotidiana de seres humanos de todos los orígenes y de todas las tradiciones. Allí está, en el interior mismo del pensamiento occidental, la búsqueda de modos de pensar que asuman la totalidad de la humanidad. Bajo diversas denominaciones: la lógica comunicacional de Habermas, la lógica simbólica, la antropología…, la atención se vuelve a los múltiples modos de funcionamiento del conocimiento y de la experiencia humana y, más específicamente, de la experiencia religiosa.

No es cuestión de poner etiquetas. Aquí las etiquetas implican mucho menos que el trabajo de pensar las relaciones complejas que se establecen en un grupo humano, con los diversos aspectos de su existencia, y según las distintas maneras en las que la tradición de la fe se ha configurado en ellos. 

A título de ejemplo de atención necesaria a la diversidad, en una encuesta de 1971, Plozovet, el autor habla de dos cristianismos, de dos piedades: “Una piedad austera, represiva, conforme al rigorismo que la Iglesia  opuso sobre todo a partir del siglo XX. En frente, la piedad tradicional de los Plozevétiens, sensible a las formas más elementales de lo sagrado; que podríamos calificar de precristianas…; que prefiere la participación interesada y liberadora al fervor;  que no separa jamás la ceremonia de la fiesta y el recogimiento del éxtasis y la alegría.”(2)

Aquí nos encontramos con las cuestiones fundamentales concernientes a la fe y a la posición de la comunidad creyente, ése es el decir de la Iglesia en la sociedad. Es muy posible que ciertas formas nuevas de religiosidad respondan a estas cuestiones. O a la inversa, que los sucesos de ciertos grupos vengan de sus discursos en homogeneidad perfecta con las lógicas binarias de mundialización. Encontramos, en efecto, en el campo religioso y, a veces, en las mismas personas, una religión racional basada en sistemas y formas fundamentalistas en las que creer es hacer, excluyendo toda otra forma de correspondencia; modos racionales binarios del sistema económico y, por otro lado, nos encontramos con el resurgimiento de la fiesta, la exuberancia, la irracionalidad religiosa. La época moderna tendrá que conjugar las tensiones entre las dos y asegurar un equilibrio posible.

Jacques Audinet
Institut Catholique de Paris


(Traducción  libre y directa del francés, realizada en el ISCA, a partir del texto enviado por el Padre Darío Gustavo Gatti del Instituto Raspanti, Haedo, Prov. de Buenos Aires, Argentina).


1. Jean DELUMEAU, Leçon inaugurale au Collège de France, p. 22

2. André Burguière, Bretons de Plozevet, Flammarion, Paris, 1975, p. 253

89-soc.cat.

Curso de Agentes Multiplicadores en Zárate - Campana
Con gran entusiasmo la Junta Diocesana de Catequesis de Zárate - Campana está llevando adelante el proceso de admisión al Curso de Agentes Multiplicadores del ISCA. Nos han comunicado que tienen ya unos 80 pre-inscriptos y dado la gran extensión de la diócesis están realizando las entrevistas, los encuentros informativos y los preparatorios en distintas parroquias a fin de facilitar el transporte de los catequistas.
Para fines de mayo tienen previsto el final de esta etapa con la entrega de los trabajos a fin de discernir la inscripción definitiva de los candidatos y comenzar con los contenidos del curso. ¡Gracias a todos los animadores de Zárate - Campana! que nos contagian su compromiso y empeño en la formación de los catequistas.  Informes: camzc@isca.org.ar (Sra. Mara)

cursos
Cursos y Talleres del ISCA

Hemos extendido el plazo para la inscripción a la última edición de nuestros cursos y talleres virtuales. Tenemos tiempo hasta el 30 de abril para inscribirnos en cualquiera de los talleres y cursos virtuales, -con acompañamiento y tutorías online- para vivir una experiencia de formación acompañada por compañeros catequistas y asesorada por un equipo de especialistas. Para obtener más información, podemos dirigirnos a http://www.isca.org.ar/cursos.htm
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Observatorio Catequístico
Durante este mes, el tema de nuestro observatorio catequístico es “El testigo en medio de la increencia”.  El testigo se encuentra hoy conviviendo con personas que no comparten su fe. Las encuentra incluso en el ámbito de la propia familia y entre sus amigos y compañeros. La indiferencia o la increencia es el ámbito en el que de ordinario se mueve el testigo. ¿Hay motivos para el gozo y la esperanza en esta cultura de la increencia? ¿Cuáles son? podemos participar de su foro ingresando a nuestro sitio web, http://isca.org.ar/foro2.php

observatorio

Catequesis para personas sordas
Para prestar un servicio de formación y perfeccionamiento a los catequistas o agentes pastorales que se dedican o quieren dedicarse a trabajar con Personas Sordas, nuestros amigos de Sordos católicos organizan un Curso de Formación en Catequesis para Personas Sordas.
Se aprenderá la Lengua de Señas Litúrgica para religiosos, laicos, catequistas, seminaristas y sacerdotes. La información de este curso puede encontrarse en www.sordoscatolicos.org

Multimedia en nuestro sitio web
Hace un par de años la imagen grabada del saludo del rector del ISCA, P. José Luis Quijano, constituía una novedad entre los sitios web de la catequesis. Hoy las nuevas tecnologías nos permiten acceder a videos y noticias renovadas diariamente. Próximamente, el sitio web del ISCA incluirá una sección con noticias de la Iglesia en formato de video.

Conferencia internacional del catecumenado
Para inaugurar su proyecto de investigación “Observatorio internacional del catecumenado” el Instituto Superior de Pastoral Catequística (ISPC) del Instituto Católico de Paris organiza con sus socios una conferencia internacional del catecumenado. Tendrá lugar en Paris del 6 al 9 de julio 2010; durante este año, catequistas de todo el mundo preparan sus trabajos y reflexiones para este encuentro. El ISCA fue especialmente invitado a esta conferencia: próximamente brindaremos más información sobre este tema tan importante en la renovación catequístico.

Equipo Europeo de Catequesis  
En septiembre del año 2008 el comité del EEC (Equipo Europeo de Catequesis) se reunió en Luxemburgo para revisar los aportes del Congreso realizado en Lisboa y decidir el tema y el lugar del próximo encuentro. Las actas del Congreso de Lisboa serán publicadas próximamente por la AECA (Asociación Española de Catequetas) y los lectores del Comunicándonos podrán tener acceso a él. El comité ha decidido que el próximo encuentro se realice en Canaco vía (Polonia) entre el 26 y el 31 de mayo del 2010. El tema será: "La dimensión narrativa de la catequesis".

Junta Catequística de Lomas de Zamora  
La Junta Catequística de Lomas de Zamora está festejando sus primeros 50 años, en coincidencia con los 50 años de la convocatoria que hizo el Juan XXIII del Concilio Vaticano II. Por eso, el lema para este año es "Padre queremos renovar nuestra respuesta". El 24 de abril, a las 19, se celebra una misa en la casa, entre otras actividades que iremos informando.

 
 

Queremos agradecer los muchos mensajes de Pascua que fueron llegando en estos días. En especial, los de José Ángel Rovai, obispo de Villa María, María de los Ángeles Ávila, María Luisa Galietta, Martha Elena Bentancourt, Hugo Chantada, Andrés Boone, MFC EN ARGENTINA, María Rosa Hernando, la Junta Regional de Educación Católica (9 de Julio), Martha Casco (FM San Cayetano, Arzobispado de Corrientes), Ángel Mora, Jorge C. Romero, M. Inés Ojea Quintana y Fabiana Reynal.

 


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