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1. LA INICIACIÓN
CRISTIANA EN CUANTO OBRA DE DIOS
Don de Dios y respuesta del hombre
Dinamismo trinitario de la Iniciación
cristiana
2. LA MEDIACIÓN MATERNAL DE
LA IGLESIA
La misión de la Iglesia
La Iglesia particular, sujeto de la
Iniciación cristiana
Responsabilidad de la Iglesia particular
y del Obispo
3. LA INICIACIÓN CRISTIANA
EN CUANTO MEDIACIÓN DE LA IGLESIA
Sentido amplio de la palabra Iniciación
Concepto específico de la Iniciación
cristiana
El itinerario catequético de
la Iniciación cristiana
Dos formas de Iniciación cristiana
4. EL ITINERARIO TÍPICO DE
LA INICIACIÓN CRISTIANA: EL
"RITUAL DE LA INICIACIÓN
CRISTIANA DE ADULTOS".
El anuncio misionero
La entrada en el catecumenado
El tiempo del catecumenado
El tiempo de la purificación
y de la iluminación
Celebración de los sacramentos
de la Iniciación cristiana
El tiempo de la mistagogía
Síntesis
SEGUNDA PARTE:
LA INICIACIÓN CRISTIANA EN
LA IGLESIA
1. "LUGARES" ECLESIALES
EN LA INICIACIÓN CRISTIANA
La parroquia
La familia
La Acción Católica y
las asociaciones y movimientos laicales
La escuela católica
La enseñanza religiosa escolar
2. FUNCIONES ECLESIALES EN LA INICIACIÓN
CRISTIANA
A. La catequesis
en la Iniciación cristiana
Características y tareas de
la catequesis de Iniciación
cristiana
Algunos criterios pedagógicos
Los catequistas en la catequesis de
Iniciación cristiana
B. La liturgia
en la Iniciación cristiana
La unidad de los sacramentos de la
Iniciación
Catequesis presacramental y mistagógica
El año litúrgico, marco
ideal de la Iniciación cristiana
El domingo, Pascua semanal y día
de la Iniciación cristiana
Los sacramentos de la Iniciación
1. El Bautismo
2. La Confirmación
3. La Eucaristía
El sacramento de la Penitencia
TERCERA PARTE:
LA RENOVACIÓN DE LA PASTORAL
DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
Reflexión preliminar
1. ESPERANZAS Y RETOS EN LA HORA PRESENTE
Objetivos de la Conferencia Episcopal
Española para la nueva evangelización
Dificultades en una sociedad secularizada
Una realidad esperanzadora
Tarea de toda la Iglesia
Anuncio misionero y catequesis de
iniciación, elementos de un
proyecto unitario de evangelización
2. INICIACIÓN CRISTIANA DE
NIÑOS, ADOLESCENTES Y JÓVENES
A. El Bautismo
de los párvulos
Fundamento de todo el itinerario de
la iniciación
Situación de la pastoral del
bautismo
Necesidad de mayor atención
a los fundamentos doctrinales
La preparación de padres y
padrinos
Atención a situaciones especiales
La celebración del Bautismo
B. El Sacramento
de la Confirmación
Valoración de la pastoral de
la Confirmación
Motivos de reflexión
Aspectos doctrinales de la catequesis
de la Confirmación
La Confirmación en la adolescencia
y juventud
Algunas advertencias
La Confirmación antes de la
Primera Eucaristía
La celebración de la Confirmación
C. El Sacramento
de la Eucaristía
La preparación para la primera
comunión
Un deber importante
La celebración de la Primera
Eucaristía
Fuente y cima de la Iniciación
D. El sacramento
de la Penitencia
La celebración de la Penitencia
3. INICIACIÓN CRISTIANA DE
ADULTOS
A. La Iniciación
cristiana de adultos no bautizados
Adaptación del RICA a nuestra
peculiares circunstancias
1) Itinerario según la forma
simplificada en tres etapas
2) Itinerario por etapas y grados
El anuncio misionero y el precatecumenado
El catecumenado
El tiempo de la purificación
y de la iluminación
La celebración de los sacramentos
y la mistagogía
B. La Iniciación
cristiana de adultos ya bautizados
Iniciativas eclesiales existentes
Nuevas exigencias pastorales
Catequesis para adultos bautizados
no catequizados
Anuncio misionero y nueva evangelización
La catequesis
Celebración de los sacramentos
y mistagogia
4. INICIACIÓN CRISTIANA DE
NIÑOS Y ADOLESCENTES NO BAUTIZADOS
El Ritual de la iniciación
cristiana de niños en edad
catequética
Repercusiones en la pastoral del bautismo
CONCLUSIÓN
El
mandato del Señor
1 "Id,
pues, y haced discípulos a
todas las gentes, bautizándolas
en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo, y enseñándoles
a guardar todo lo que os he mandado.
Y he aquí que yo estoy con
vosotros todos los días hasta
el fin del mundo" (Mt 28, 19-20).
Desde la primera
proclamación del Kerigma apostólico,
a la pregunta que les dirigen aquellos
a quienes Dios ha abierto el corazón1
-"Hermanos, ¿qué
tenemos que hacer?" (Hch 2,37)-
los Apóstoles y sus sucesores
no tienen otra respuesta que el mandato
que el Señor Jesús les
dio antes de subir al cielo: "Convertíos
y que cada uno de vosotros se haga
bautizar en en nombre de Jesucristo,
para remisión de vuestros pecados;
y recibiréis el don del Espíritu
Santo; pues la promesa es para vosotros
y para vuestros hijos y para todos
los que está lejos, para cuantos
llame el Señor Dios nuestro"
(Hch 2, 37-39).
La Iniciación
cristiana, respuesta al mandato misionero
2 El mandato
del Señor encierra una misión
que expresa el sentido, paternal y
maternal a la vez, del ministerio
apostólico2. Esta misión
se realiza y se pone de manifiesto
bajo estas dimensiones en el anuncio
universal del Evangelio y en la celebración
de los Sacramentos3, particularmente
en la Iniciación cristiana.
Nadie está desamparado del
regazo de la Iglesia. "La Iglesia,
dice san Agustín, es la única
madre verdadera de todas las gentes,
que ofrece su regazo a los no regenerados
y amamanta a los regenerados"4.
El amor de Cristo sigue apremiando
hoy a la Iglesia para desarrollar
la Iniciación cristiana de
sus hijos; "con su amor, oración,
ejemplo y obras de penitencia, la
comunidad eclesial ejerce una auténtica
maternidad respecto a las almas para
llevarlas a Cristo".5
La preocupación
de los obispos españoles
3 "La
Iglesia, que ha considerado siempre
la formación de los fieles
como una de las tareas más
esenciales de su quehacer, es también
consciente de su importancia decisiva
en unos momentos en que las circunstancias
cambian con vertiginosa rapidez, poniendo
cada día nuevos interrogantes
con los cuales ha de confrontarse
la fe de los creyentes. ... 'Una minoría
de edad cristiana y eclesial no puede
soportar las embestidas de una sociedad
crecientemente secularizada'".6
Estas palabras
del Papa a un grupo de obispos españoles
encuentran en nosotros una perfecta
sintonía. En efecto, también
los obispos de las Iglesias de España
estamos preocupados por este ambiente
que dificulta grandemente la acción
evangelizadora de la Iglesia y que
incide, de manera particular, en la
tarea de hacer nuevos cristianos hoy.
Por este motivo nos consideramos obligados
a impulsar y consolidar la renovación
de la pastoral de la Iniciación
cristiana en todos sus aspectos. Este
interés está reflejado
en los planes de la Conferencia Episcopal
y en diferentes documentos de la misma
en los últimos años.
Dichos textos muestran el ambiente
y la perspectiva con que se trata
la iniciación cristiana en
el presente documento.7 Por otra parte
han sido muchas las diócesis
que han celebrado Sínodos,
y aun Concilios provinciales, en los
últimos años y han tomado
iniciativas para poner en marcha proyectos
de evangelización y de Iniciación
cristiana.
4 La renovación
de la Iniciación cristiana
es un empeño que compartimos,
en unidad de misión, con todos
los presbíteros y los diáconos.
La colaboración de los catequistas
y demás personas dedicadas
a esta pastoral es preciosa y necesaria.
Nunca, como en estos tiempos, se han
dedicado tantas personas, esfuerzos
y recursos a la catequesis y a la
enseñanza de la religión
en las escuelas; a la promoción
de movimientos infantiles y juveniles;
al cuidado de la participación
en la liturgia dominical y a la preparación
de los sacramentos. Sin embargo, la
ignoracia religiosa de la doctrina
de la fe de un buen número
de nuestros fieles, la desconexión
entre la práctica religiosa
y la conducta moral, la debilidad
de la presencia de los católicos
en la sociedad y la escasez de vocaciones
a la vida consagrada a Dios, ponen
de manifiesto las dificultades de
nuestra acción evangelizadora.
5 No obstante
estas constataciones, que consideramos
realistas, no perdemos la esperanza,
que nos invita a confiar en el Señor
y a actuar con libertad y decisión
(parresía) apoyados en la fuerza
del Espíritu Santo. Como hombres
de fe reconocemos gozosamente y con
admiración religiosa que el
mundo de hoy se abre también
al Reino de Dios, mediante el anuncio
insistente del Evangelio y la eficacia
redentora del sacrificio de Cristo,
bajo el impulso renovador del Espíritu
Santo.
Por esto deseamos
hacer una nueva invitación
en favor de una pastoral evangelizadora
más acuciante, que asuma entre
sus prioridades la Iniciación
cristiana. Nuestras Iglesias están
llamadas hoy a "desplegar una
acción pastoral de evangelización
frente al fenómeno generalizado
del debilitamiento de la fe y la difusión
de la increencia entre nosotros"8.
Las dificultades para hacer cristianos
hoy en España, y las deficiencias
que existen en la pastoral de la iniciación
en nuestras diócesis, lejos
de desanimarnos, nos estimulan.
Objetivos y destinatarios
de estas reflexiones
6 Aun siendo
siempre las mismas "la fe que
se transmitió a los santos
una vez para siempre" (Judas,
3), y la respuesta de la Iglesia católica,
son diferentes las generaciones que
se suceden, diversas las culturas,
las situaciones y los lugares en los
que es anunciada la fe y se realiza
la Iniciación cristiana. De
aquí que constituya un deber
pastoral el responder adecuadamente
a las personas concretas que se han
de iniciar cristianamente en nuestras
Iglesias locales. En el Plan de acción
pastoral para el Cuatrienio 1997-2000:
"Proclamar el año de gracia
del Señor", aparece dentro
del Objetivo I, "elaborar y publicar
unas Orientaciones pastorales sobre
la Iniciación cristiana".9
Por ello, el
propósito que nos mueve a los
obispos de la Conferencia Episcopal
Española es ofrecer reflexiones
y orientaciones sobre todo pastorales,
como un servicio de ayuda y de orientación
a las Iglesias particulares en su
cometido propio de establecer un proyecto
de Iniciación cristiana bajo
la autoridad del Obispo, maestro de
la fe y principal dispensador de los
misterios de Dios, responsable de
la vida litúrgica de la Iglesia
que le ha sido encomendada.10 Los
puntos de referencia básicos
de estas reflexiones, así como
los del proyecto evangelizador, misionero
y catecumenal unitario que pide el
Directorio General para la Catequesis,
a cada diócesis,11 son los
libros litúrgicos, especialmente
los Rituales de los sacramentos de
la iniciación cristiana, juntamente
con el Catecismo de la Iglesia Católica
y el mismo Directorio General para
la Catequesis.
7 Nos invita
también a ello la preparación
del Gran Jubileo del año 2000,
según las sugerencias de la
Carta Apostólica Tertio Millennio
Adveniente, del 10 de Noviembre de
1994, cuando se refiere a la dimensión
sacramental de la salvación,
y en particular a los sacramentos
del Bautismo, la Confirmación,
la Penitencia y la Eucaristía.12
Uno de los
frutos que esperamos de estas reflexiones
y orientaciones es propiciar que las
diversas instancias o "lugares"
donde se trabaja por la iniciación
cristiana, y las acciones -catequéticas
y litúrgicas- que la integran,
no se organicen por separado, como
si fueran compartimentos estancos
e incomunicados, sino que respondan
a un proyecto unitario y global de
cada Iglesia particular.13 De esta
unidad la primera beneficiaria será
la propia comunidad diocesana.14
8 Las reflexiones
y los criterios que presentamos quieren,
por tanto:
a) Clarificar
la identidad misma de la Iniciación
cristiana como obra a la vez divina
y humana, directamente relacionada
con la misión de la Iglesia
(Primera parte).
b) Señalar la forma y los
lugares en los que se lleva a
cabo la mediación de la
Iglesia particular en la Iniciación
cristiana de niños, adolescentes
y jóvenes, y aun de adultos
(Segunda parte).
c) Ofrecer unas sugerencias de
renovación de la pastoral
de la Iniciación cristiana,
teniendo en cuenta la práctica
actual e iluminando algunos problemas
que se plantean hoy en nuestras
diócesis, para impulsar
la acción catequética
y litúrgica y discernir
el modo más oportuno de
introducir a los destinatarios
de la Iniciación en la
conversión y en la fe personal
en Cristo, y en la comunión
con Él, en el Espíritu
(Tercera parte).
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Primera Parte: Naturaleza de la
Iniciación Cristiana |
1. LA INICIACIÓN
CRISTIANA EN CUANTO OBRA DE DIOS
Don de Dios
y respuesta del hombre
9 La Iniciación
cristiana es un don de Dios que recibe
la persona humana por la mediación
de la Madre Iglesia.15 Sólo
Dios puede hacer que el hombre renazca
en Cristo por el agua y el Espíritu;
sólo Él puede comunicar
la vida eterna e injertar al hombre
como un sarmiento, a la Vid verdadera,
para que el hombre, unido a Él,
realice su vocación de hijo
de Dios en el Hijo Jesucristo, en
medio del mundo, como miembro vivo
y activo de la Iglesia.16
La originalidad
esencial de la Iniciación cristiana
consiste en que Dios tiene la iniciativa
y la primacía en la transformación
interior de la persona y en su integración
en la Iglesia, haciéndole partícipe
de la muerte y resurrección
de Cristo. Algunos antiguos catecismos
habían sintetizado esta realidad
de fe en una breve y exacta respuesta:
"Sí, soy cristiano, por
la gracia de Dios!". Con estas
palabras se expresa el gozo del hombre
que ha tomado conciencia de que es
lo que es por la gracia de Dios; y
que la gracia de Dios no ha sido estéril
en él17, y así se lanza
a lo que está por delante,
corriendo hacia la meta.18
10 La realidad
misteriosa de la Iniciación
cristiana, en la que el hombre, auxiliado
por la gracia divina, responde libre
y generosamente al don de Dios, recorriendo
un camino de liberación del
pecado y de crecimiento en la fe hasta
sentarse a la mesa eucarística,
se encuentra reflejada en la manifestación
de Jesucristo Resucitado a los discípulos
de Emaús19. Las "palabras
y los gestos" del Señor
conducen a aquellos discípulos
del desencanto a la confianza, de
la confianza a la fe en las Escrituras,
de la fe en las Escrituras al reconocimiento
del Resucitado en la Fracción
del Pan, y del reconocimiento a la
misión.
Dinamismo
trinitario de la Iniciación
cristiana
11 Esta iniciativa
gratuita y antecedente del Padre se
verifica en "las palabras y las
acciones" que Jesucristo resucitado
realiza en la Iglesia, Esposa suya
y Madre nuestra;20 y en la acción
del Espíritu Santo que inspira,
ilumina, guía y conduce al
que es llamado a entrar en la comunión
de la vida divina trinitaria. "Quiso
Dios, con su bondad y sabiduría,
revelarse a Sí mismo y manifestar
el misterio de su voluntad: por Cristo,
la Palabra hecha carne y con el Espíritu
santo, pueden los hombres llegar hasta
el Padre y partícipar de la
naturaleza divina".21
Desde este
punto de vista la Iniciación
cristiana constituye el cumplimiento
de las promesas hechas por Dios a
nuestros padres en el Antiguo Testamento,
especialmente a Abrahán, llamado
a ser padre de una descendencia innumerable
no sólo según la carne
sino "según la promesa"22
unida a la fe.23
La Iniciación
cristiana, por tanto, ha de entenderse
en primer término como obra
de la Santísima Trinidad en
la Iglesia. Del Padre que "nos
ha elegido en Cristo antes de la fundación
del mundo, para ser santos e inmaculados
en su presencia, en el amor; eligiéndonos
de antemano para ser sus hijos adoptivos"
(Ef 1,4-5); del Hijo Jesucristo que,
"sentado a la derecha del Padre",
se hace presente a su Iglesia para
insertar a los hombres en su misterio
pascual; y del Espíritu Santo,
el "pedagogo de la fe" y
artífice de las "obras
maestras de Dios" que son los
sacramentos de la Nueva Alianza.24
La Iglesia es la mediación
querida por Dios para actuar en el
tiempo esta obra de la redención
humana y de la participación
de los hombres en la naturaleza divina.
12 Esta participación
"tiene cierta analogía
con el origen, el crecimiento y el
sustento de la vida natural. En efecto,
los fieles renacidos en el Bautismo
se fortalecen en el sacramento de
la Confirmación y, finalmente,
son alimentados en la Eucaristía
con el manjar de la vida eterna, y
así, por medio de estos sacramentos
de la Iniciación cristiana,
reciben, cada vez con más abundancia,
los tesoros de la vida divina y avanzan
hacia la perfección de la caridad".25
De ahí
que la Iniciación cristiana
se lleve a cabo en verdad en el curso
de un proceso realmente divino y humano,
trinitario y eclesial. Los que acogen
el mensaje divino de la salvación,
atendiendo a la invitación
de la Iglesia, son acompañados
por ella desde el nacimiento a la
vida de los hijos de Dios hasta la
madurez cristiana básica.26
Este proceso está insinuado
ya en la invitación del Apóstol
Pedro a los que acogieron su palabra
el día de Pentecostés:
"Convertíos y que cada
uno de vosotros se haga bautizar en
el nombre de Jesucristo, para remisión
de vuestros pecados, y recibiréis
el don del Espíritu Santo"
(Hch 2,38).
2. LA MEDIACIÓN
MATERNAL DE LA IGLESIA
La misión
de la Iglesia
13 Después
de su resurrección Jesús,
confiando a los apóstoles la
misión que había recibido
del Padre, los envió a predicar
el Evangelio a toda criatura27 y a
realizar, mediante los sacramentos,
la salvación que anunciaban.
Para esta misión les aseguró
su presencia permanente hasta el fin
de los siglos28 y les infundió
el Espíritu Santo29. El anuncio
del Evangelio y la acción litúrgica
responden, en consecuencia, a la iniciativa
del Padre que ha querido asociar a
la Iglesia a la obra salvadora de
su Hijo y Señor nuestro Jesucristo,
en el Espíritu Santo. Puede
hablarse, por tanto, de una verdadera
synergía o actuación
común en la obra de nuestra
redención, entre Cristo y su
esposa la Iglesia30, entre el don
del Espíritu Santo y la acción
de la Iglesia.31
Desde entonces
la Iglesia no ha dejado nunca de cumplir
la misión que Cristo le ha
encomendado, anunciando a los hombres
la salvación, incorporándolos
a la participación de la vida
trinitaria32 en la comunidad que nace
de ella, y enseñándoles
a vivir según el Evangelio33.
En este sentido la Iniciación
cristiana es la expresión más
significativa de la misión
de la Iglesia y, como se ha indicado
ya, constituye la realización
de su función maternal, al
engendrar a la vida a los hijos de
Dios.
La Iglesia
particular, sujeto de la Iniciación
cristiana
14 Ahora bien,
esta misión maternal de la
Iglesia, aunque pertenece a todo el
cuerpo eclesial, se lleva a cabo en
las Iglesias particulares, en las
que "está verdaderamente
presente y actúa la Iglesia
de Cristo una, santa, católica
y apostólica"34. En efecto,
"la Iglesia universal se realiza
de hecho en todas y cada una de las
Iglesias particulares que viven en
la comunión apostólica
y católica".35
La Iglesia
particular, "parte del Pueblo
de Dios confiada a un obispo para
que la apaciente con la colaboración
de su presbiterio"36 es una comunidad
de fe, nacida de la proclamación
de la Palabra de Dios hecha con autoridad
apostólica, y reunida por la
fuerza del Espíritu y no por
la simple voluntad de los hombres.
En ella se celebra la Eucaristía
de todo el pueblo de Dios, como manifestación
principal de la Iglesia y centro de
toda su vida y misión. La Iglesia
particular está presidida por
el Obispo, que provee los ministerios
y modera todas las funciones.
Responsabilidad
de la Iglesia particular y del Obispo
15 Por estar
inmersa en una sociedad concreta,
que habla una lengua determinada y
tiene una cultura, una historia y
una visión del mundo propias,
la Iglesia particular ha de "asimilar
lo esencial del mensaje evangélico,
de trasvasarlo, sin la menor traición
a su verdad esencial, al lenguaje
que esos hombres comprenden, y, después,
anunciarlo en ese mismo lenguaje"37.
Por eso, en coherencia con su misión
y de acuerdo con las exigencias del
misterio de la Encarnación,
ha de esforzarse por conocer en profundidad
la cultura de las personas y el grado
de penetración en su vida,
con el fin de que el Evangelio llegue
a los niveles más profundos
de la existencia. Al mismo tiempo
ha de procurar mantener íntegros
los contenidos de la fe de la Iglesia,
cuidando también que el lenguaje
de la fe sea patrimonio común
de los fieles y factor de comunión.38
16 La Iglesia
tiene el deber de anunciar el Evangelio
a todos los hombres y la responsabilidad
de educar en la fe a aquellos que
han aceptado a Jesucristo. Por eso
necesita desarrollar todas las funciones
eclesiales, y ofrecer, dentro de un
Proyecto diocesano de Catequesis de
carácter global, "un doble
servicio:
a) Un proceso
de Iniciación cristiana, unitario
y coherente, para niños, adolescentes
y jóvenes, en íntima
conexión con los sacramentos
de la Iniciación ya recibidos
o por recibir y en relación
con la pastoral educativa.
b) Un proceso
de catequesis para adultos, ofrecido
a aquellos cristianos que necesiten
fundamentar su fe, realizando o completando
la Iniciación cristiana inaugurada
o a inaugurar con el Bautismo".39
Al mismo tiempo
ha de cuidar la dimensión sacramental
de la Iniciación cristiana,
cuya celebración está
también íntimamente
vinculada a la naturaleza de la Iglesia
particular y es moderada por el Obispo.
En efecto, el Obispo "dirige
la celebración del Bautismo,
con el cual se concede la participación
del sacerdocio real de Cristo; es
ministro ordinario de la Confirmación,
y preceptor de toda la Iniciación
cristiana, la cual realiza ya sea
por sí mismo, ya por sus presbíteros,
diáconos y catequistas".40
3. LA INICIACIÓN
CRISTIANA EN CUANTO MEDIACIÓN
DE LA IGLESIA
Sentido
amplio de la palabra Iniciación
17 Al término
"iniciación" se le
suele asignar el significado de proceso
de aprendizaje o introducción
progresiva en el conocimiento de una
teoría (doctrina) o de una
práctica (oficio, disciplina,
ocupación o profesión);
y también el significado de
proceso de socialización por
el cual una persona asimila existencialmente
las creencias, normas, valores, comportamientos,
actitudes y ritos de un determinado
grupo social.
En las religiones
primitivas suele aplicarse el término
"iniciación" al conjunto
de pruebas, ritos y enseñanzas
que el niño ha de superar al
llegar a la pubertad, para ser introducido
en la vida adulta, logrando así
una nueva identidad personal y el
reconocimiento social. En las religiones
antiguas la iniciación llevaba
consigo la introducción en
una experiencia religiosa, mediante
el conocimiento de cosas ocultas y
la práctica de unos ritos para
transformar a los iniciados. En todos
estos significados de la iniciación
se subraya ante todo el carácter
religioso y socio-cultural del proceso
iniciático.
Concepto
específico de la Iniciación
cristiana
18 La Iniciación
cristiana, aunque pueda aparecer con
algunos puntos de contacto con el
lenguaje y las formas iniciáticas
de las religiones, es, sin embargo,
un hecho de naturaleza diferente.
La expansión del Evangelio
en el mundo de la antigüedad
hizo que la Iglesia admitiera algunas
expresiones rituales procedentes de
la gentilidad, como había hecho
antes respecto del mundo judío.
Pero al asumir estos elementos, realizó
un adecuado discernimiento bajo la
luz del Espíritu Santo, entre
lo que era incompatible con el mensaje
cristiano y lo que podía ser
armonizado con la tradición
apostólica.41
Como se ha
explicado más arriba, la Iniciación
cristiana tiene su origen en la iniciativa
divina y supone la decisión
libre de la persona que se convierte
al Dios vivo y verdadero, por la gracia
del Espíritu, y pide ser introducida
en la Iglesia. Por otra parte, la
Iniciación cristiana no se
puede reducir a un simple proceso
de enseñanza y de formación
doctrinal, sino que ha de ser considerada
una realidad que implica a toda la
persona, la cual ha de asumir existencialmente
su condición de hijo de Dios
en el Hijo Jesucristo, abandonando
su anterior modo de vivir, mientras
realiza el aprendizaje de la vida
cristiana y entra gozosamente en la
comunión de la Iglesia, para
ser en ella adorador del Padre y testigo
del Dios vivo.
19 La Iniciación
cristiana es la inserción de
un candidato en el misterio de Cristo,
muerto y resucitado, y en la Iglesia
por medio de la fe y de los sacramentos.
El Catecismo de la Iglesia Católica,
inspirándose en las Observaciones
generales tanto del Ritual del Bautismo
de Niños como del Ritual de
la Iniciación cristiana de
Adultos, afirma: La Iniciación
cristiana, como "participación
en la naturaleza divina"42, "se
realiza mediante el conjunto de los
tres sacramentos: el Bautismo, que
es el comienzo de la vida nueva; la
Confirmación, que es su afianzamiento;
y la Eucaristía, que alimenta
al discípulo con el Cuerpo
y la Sangre de Cristo para ser transformado
en él".43
El itinerario
catequético de la Iniciación
cristiana
20 Esta inserción
en el misterio de Cristo va unida
a un itinerario catequético
que ayuda a crecer y a madurar la
vida de fe. En efecto, "la catequesis
es elemento fundamental de la Iniciación
cristiana y está estrechamente
vinculada a los sacramentos de la
iniciación"44. La catequesis
como "educación en la
fe de los niños, de los jóvenes
y los adultos, que comprende especialmente
una enseñanza de la doctrina
cristiana, dada generalmente de modo
orgánico y sistemático
con miras a iniciarlos en la plenitud
de la vida cristiana"45. En estos
momentos, allí donde el catecumenado
no ha sido todavía restablecido46,
la catequesis ha de asumir esta misma
función, orientando a los ya
bautizados a incorporarse más
plenamente en el misterio de Cristo.
Además, "la catequesis
está intrínsecamente
unida a toda la acción litúrgica
y sacramental, porque es en los sacramentos,
y sobre todo en la Eucaristía,
donde Jesucristo actúa en plenitud
para la transformación de los
hombres".47
21 Completada
la Iniciación cristiana, es
necesaria también la educación
permanente de la fe en el seno de
la comunidad eclesial48. "La
educación permanente de la
fe se dirige no sólo a cada
cristiano, para acompañarle
en su camino hacia la santidad, sino
también a la comunidad cristiana
en cuanto tal, para que vaya madurando
tanto en su vida interna de amor a
Dios y de amor fraterno, cuanto en
su apertura al mundo como comunidad
misionera"49. Esta educación
permanente, junto con la catequesis
de iniciación, ha de formar
parte del proyecto catequético
global de la Iglesia particular.50
El camino para
llegar a ser cristiano consta de varias
etapas. Este camino puede ser recorrido
rápida o lentamente. Comprende
siempre algunos elementos esenciales:
el anuncio de la Palabra, la acogida
del Evangelio que lleva a la conversión,
la profesión de fe, el Bautismo,
la efusión del Espíritu
Santo, y el acceso a la comunión
eucarística.51
Dos formas
de Iniciación cristiana
22 La Iniciación
cristiana, manteniendo los elementos
y los fines esenciales, ha variado
mucho en sus formas a lo largo de
los siglos y según las circunstancias.
En los primeros siglos comprendía
un tiempo de catecumenado con los
ritos que jalonaban litúrgicamente
el itinerario y que desembocaban en
la celebración de los sacramentos
de la iniciación.52 Esta forma
ha sido restaurada por el Concilio
Vaticano II para los países
de misión y, a discreción
del Obispo propio, para cualquier
diócesis;53 es la forma prevista
también para los adultos no
bautizados e incluso para los niños
en edad escolar que piden este sacramento.54
Desde que la
administración del bautismo
a los niños vino a ser la forma
habitual de recepción de este
sacramento, la celebración
se ha convertido en un acto único
que integra de manera abreviada las
etapas previas a la Iniciación
cristiana. Por su naturaleza misma,
el Bautismo de niños exige
un catecumenado postbautismal. Se
trata no sólo de la necesidad
de una instrucción posterior
al bautismo, sino del desarrollo de
la gracia bautismal en orden a la
conversión personal, en el
crecimiento de la persona. Es el momento
propio de la catequesis55 "que
nunca debe faltar a los niños
cristianos"56. De este modo,
la Iniciación cristiana queda
organizada en un itinerario catequético
y sacramental, y se desarrolla principalmente
durante la infancia y la adolescencia.
La meta es siempre la confesión
de fe y la plena y consciente integración
del bautizado en la comunión
y en la misión de la Iglesia.
23 Hoy, pues,
tenemos entre nosotros dos formas
de recorrer el camino de la Iniciación
cristiana:
|
a) la
que afecta a los párvulos
que son incorporados en los
primeros meses de su vida en
el misterio de Cristo y en la
Iglesia por el Bautismo, y se
recorre, con la recepción
de los sacramentos de la Confirmación
y de la Eucaristía, a
lo largo de la infancia, la
adolescencia y la juventud;
|
|
b) la Iniciación cristiana
de personas no bautizadas (niños,
jóvenes o adultos) que
se lleva a cabo mediante la participación
en un catecumenado, que culmina
en la celebración de los
tres sacramentos de la iniciación. |
Ante las exigencias
actuales de la evangelización
con muchos adultos ya bautizados pero
en realidad no catequizados, o alejados
de la fe, o incluso sin haber completado
la iniciación sacramental,
ambas formas de Inicición cristiana
propiamente dicha son hoy necesarias.57
4. EL ITINERARIO
TÍPICO DE LA INICIACIÓN
CRISTIANA: EL RITUAL DE LA INICIACIÓN
CRISTIANA DE ADULTOS.
24 Para la
evangelización existe en la
Iglesia un itinerario o modelo típico
de Iniciación cristiana: el
Ritual de Iniciación cristiana
de Adultos. He ahí brevemente
indicadas sus etapas:
a) El anuncio
misionero
Aunque el Ritual
de la Iniciación cristiana
de Adultos comienza con la entrada
en el catecumenado, el tiempo precedente
o "pre-catecumenado" alcanza
una especial importancia. Es el tiempo
destinado al anuncio misionero, durante
el cual se proclama abiertamente y
con decisión al Dios vivo y
a Jesucristo, enviado por él
para salvar a todos los hombres, a
fin de que, por la acción del
Espíritu Santo, crean y se
conviertan libremente al Señor.58
b) La entrada
en el catecumenado
25 El rito
de la entrada en el catecumenado expresa
la acogida por parte de la Iglesia
de los que han aceptado el anuncio
del Evangelio, y han sido movidos
a la conversión inicial. A
partir de este momento los catecúmenos
"son ya de 'la casa de Cristo':
son alimentados por la Iglesia con
la palabra de Dios y favorecidos con
las ayudas litúrgicas".59
Los Padres
Occidentales, particularmente S. Agustín,
profundizan en la pertenencia de los
catecúmenos a Cristo y a la
Iglesia: "No habéis renacido
todavía por el Bautismo sagrado,
pero ya por la señal de la
cruz habéis sido concebidos
en el seno de la madre Iglesia"60.
Por la signación y la unción
catecumenal, entre otros ritos iniciales,
el nuevo converso comienza a ser catecúmeno,
pero no "fiel", porque no
ha recibido aún el sacramento
de la fe, el bautismo.
c) El tiempo
del catecumenado
26 Es un tiempo
prolongado en el que la Iglesia transmite
su fe y el conocimiento íntegro
y vivo del misterio de la salvación
mediante una catequesis apropiada,
gradual e íntegra, teniendo
como referencia el sagrado recuerdo
de los misterios de Cristo y de la
historia de la salvación en
el año litúrgico61,
y acompañada de celebraciones
de la Palabra de Dios y de otros ritos
y plegarias, llamados escrutinios.
Los catecúmenos,
ayudados por el ejemplo y el auxilio
de los padrinos y aun de todos los
fieles, son instruidos en la fe, adquieren
el lenguaje de la misma,62 se ejercitan
en la oración personal y comunitaria,
aprenden a vivir según el modelo
de Cristo y son introducidos paulatinamente
en las responsabilidades propias de
la vida cristiana. "Como la vida
de la Iglesia es apostólica,
los catecúmenos deben aprender
también a cooperar activamente
a la evangelización y a la
edificación de la Iglesia con
el testimonio de su vida y con la
profesión de fe"63. El
tiempo del catecumenado concluye con
el rito de la elección o inscripción
del nombre.64
d) El tiempo
de la purificación y de la
iluminación65
27 La Iglesia,
acabado el tiempo del catecumenado,
pone en manos de Dios a los que El
ha elegido, y como madre se dispone
a engendrarlos en Cristo por la fuerza
del Espíritu Santo. Por esto,
intensifica su acompañamiento
mediante la catequesis, la liturgia
y la penitencia cuaresmal. Les ayuda
con la oración para que se
abran a la acción de Dios que
está escrita en los corazones:
"A fin de excitar el deseo de
la purificación y de la redención
de Cristo, se celebran tres escrutinios,
para que los catecúmenos conozcan
gradualmente el misterio del pecado"66.
Y les hace entrega de los símbolos
de la identidad cristiana: El Credo
y el Padrenuestro.
e) Celebración
de los sacramentos de la Iniciación
cristiana
28 En el contexto
de la celebración del misterio
pascual, la Iglesia engendra en Cristo
a los catecúmenos por el sacramento
del Bautismo. "Por el Bautismo
somos liberados del pecado y regenerados
como hijos de Dios, llegamos a ser
miembros de Cristo y somos incorporados
a la Iglesia y hechos partícipes
de su misión"67. En la
misma celebración, los neófitos
son sellados por el don del Espíritu
Santo en el sacramento de la Confirmación,
quedando así configurados sacramentalmente
a la imagen de Cristo, el Ungido,
y constituidos miembros de la comunidad
cristiana, con derecho pleno a todas
las acciones propias de la Iglesia.
Los neófitos
participan por primera vez con todos
los fieles en la oblación del
Sacrificio eucarístico, memorial
eficaz de la muerte y resurrección
del Señor, y reciben la comunión
del Cuerpo y la Sangre del Señor
resucitado que consuma la unión
con El, siendo hechos "un solo
cuerpo y un solo espíritu"
con Cristo por la fuerza del Espíritu
Santo.
f) El tiempo
de la mistagogia
29 A la celebración
de los sacramentos de la Iniciación
cristiana sigue el tiempo de la profundización
en los misterios recibidos, o de la
mistagogia. Incorporados ya los neófitos
a la vida de la comunidad y acompañados
por ésta perseveran en la escucha
de la Palabra de Dios, en la Eucaristía
y en la caridad fraterna68. La mistagogia
es, en primer término, una
etapa catequética y sacramental
a la vez, delimitada por la octava
pascual y que puede extenderse hasta
Pentecostés. En ella los iniciados,
renovados en su espíritu, asimilan
más profundamente los misterios
de la fe y los sacramentos en los
que se nutre la Iglesia, experimentando
cuán suave es el Señor69.
"La inteligencia más plena
y fructuosa de los misterios se adquiere
con la renovación de las explicaciones
y sobre todo con la recepción
continuada de los sacramentos".70
30 Pero la
mistagogia configura también
toda la trayectoria de la vida cristiana,
que progresa y se enriquece día
a día en la comprensión
más plena de las Sagradas Escrituras
y en la frecuencia de los sacramentos.
En este sentido la Iniciación
cristiana de los que son bautizados
nada más nacer, está
definida también por la mistagogia.
De ahí la importancia de la
celebración del domingo para
todos los fieles cristianos, como
día en el que se hace memoria
del Bautismo y se nutre la fe con
la Palabra de Dios y con la participación
eucarística71. De la perseverancia
en esta celebración brota para
los bautizados un nuevo sentido de
la fe, de la Iglesia y del mundo,
al tiempo que se consolidan los vínculos
de la comunión eclesial y se
fortalece el testimonio delante de
los hombres. El bautizado ha entrado
en un universo nuevo, en una historia
de salvación, en la familia
de los hijos de Dios y, en definitiva,
en el pueblo que es propiedad personal
del Señor, ámbito de
la memoria y de la presencia de la
revelación y de la redención
divinas.
Síntesis
31 La Iniciación
cristiana comprende como elementos
propios los siguientes:
a) La iniciativa
eficaz y gratuita de Dios: el que
se inicia lo hace llamado por Dios
Padre en Jesucristo y el Espíritu
Santo, a través del anuncio
del Evangelio. La fe viene por la
predicación.
b) La respuesta
de la fe que se realiza en la escucha
y en la acogida interior del Evangelio:
el iniciado responde libremente y
se entrega y se adhiere a Dios.
c) La acogida
de la Iglesia que recibe en su seno
maternal a los que han aceptado el
anuncio y los inserta en el misterio
de Cristo y en la propia vida eclesial,
verdadera participación en
la comunión trinitaria.
d) Esta acción
de la Iglesia integra básicamente
la predicación de la Palabra
de Dios y su explicación; la
catequesis que introduce en el conocimiento
de los misterios de la fe e inicia
en otros aspectos de la vida de la
Iglesia, como se verá más
adelante; la celebración de
los sacramentos de la iniciación;
y el acompañamiento posterior
de los bautizados en orden a su perseverancia
y profundización en los misterios
celebrados.
Pero como la
debilidad humana puede inducir a los
bautizados a apartarse de la fidelidad
bautismal, la Iniciación cristiana
tiene una continuidad especial en
el sacramento de la Penitencia, "segundo
bautismo" o "bautismo de
lágrimas". La Penitencia,
que comprende esencialmente un cierto
proceso de conversión semejante
al del catecumenado, manifiesta la
misericordia de Dios que actúa
en el corazón del cristiano
arrepentido, concediéndole
el perdón y la paz por el ministerio
de la Iglesia.
|
Segunda Parte: La Iniciación
Cristiana en la Iglesia |
32 La Iglesia
particular ejerce su función
maternal, realizando la Iniciación
cristiana en diferentes "lugares"
y por medio de determinadas funciones.
El "lugar"
típico de preparación
de los adultos para los sacramentos
de la Iniciación cristiana
es la institución del Catecumendo
bautismal, estrechamente unido a la
comunidad cristiana72.
"Lugares"
son la parroquia como ámbito
propio y principal; la familia como
institución originaria; la
Acción Católica, las
asociaciones y movimientos laicales,
la escuela católica, como espacios
y medios subsidiarios y complementarios.
Hay que tener en cuenta también
la contribución peculiar de
la enseñanza religiosa escolar.
Cada una de estas instituciones tiene
carácter específico
y a la vez complementario, de manera
que le competen unas tareas que le
son más propias73, y cuando
alguna no puede realizar su misión,
otra la lleva a cabo.
Aunque en todos
estos lugares se hace presente la
Iglesia particular, sujeto de la Iniciación
cristiana, la parroquia tiene la condición
de ser la última localización
de la Iglesia en un lugar y representar
a la Iglesia visible establecida por
todo el mundo74. Es fundamental que
el proyecto de Iniciación cristiana
establecido por el Obispo diocesano
sea asumido, desde el propio ámbito,
por todos los "lugares"
mencionados, dado que es la Iglesia
particular como tal la que ejerce
la misión maternal.
Las funciones
se polarizan en torno a las dos grandes
actuaciones de la Iglesia, la catequesis
y la liturgia, anteriormente aludidas.75
1. "LUGARES"
ECLESIALES EN LA INICIACIÓN
CRISTIANA
La parroquia
33 El cristiano
recibe la fe en la Iglesia y por mediación
de la Iglesia. La parroquia nació
para acercar las mediaciones de la
Iglesia a todos sus miembros. En ella
se vive la comunión de fe,
de culto y de misión con toda
la Iglesia. La parroquia, constituida
de modo estable en la Iglesia particular,
"es el lugar privilegiado donde
se realiza la comunidad cristiana"76
En ella están presentes todas
las mediaciones esenciales de la Iglesia
de Cristo: la Palabra de Dios, la
Eucaristía y los sacramentos,
la oración, la comunión
en la caridad, el ministerio ordenado
y la misión. Es, por tanto,
Iglesia de Dios, bien dentro de un
espacio territorial, como sucede ordinariamente,
o bien para la atención de
determinadas personas; y ha de ser
considerada como verdadera célula
de la Iglesia particular, en la que
se hace presente la Iglesia universal77.
El signo de la función maternal
de la Iglesia es precisamente la pila
bautismal, la cual es obligatoria
en toda parroquia, y que sólo
ésta, al igual que la catedral,
posee en principio.78
Los presbíteros
que presiden las comunidades parroquiales
hacen las veces del Obispo, de quien
reciben misión y autoridad.
Juan Pablo II dice que la parroquia
es "la misma Iglesia que vive
entre las casas de sus hijos y de
sus hijas"80. La parroquia es,
por tanto, después de la catedral,
ámbito privilegiado para realizar
la Iniciación cristiana en
todas sus facetas catequéticas
y litúrgicas del nacimiento
y del desarrollo de la fe.81 A pesar
de las dificultades que a veces se
presentan hoy, es necesario que la
comunidad parroquial asuma con responsabilidad
la tarea eclesial de la renovación
y revitalización de sí
misma, creando espacios de acogida
y de evangelización. Algunas
veces se tratará de una acción
conjunta entre varias parroquias.
Las parroquias deben crecer espiritual
y pastoralmente para ser, como les
corresponde, puntos de referencia
privilegiados para los que se acercan
a la Iglesia de Cristo y quieren vivir
como cristianos.82
La familia
34 "Por
el hecho de haber dado la vida a los
hijos, los padres tienen el derecho
originario, primario e inalienable
de educarles; por esta razón
ellos deben ser reconocidos como los
primeros y principales educadores
de sus hijos"83. Lo mismo ocurre,
en cuanto padres cristianos, respecto
de la educación en la fe: "Antes
que nadie, los padres cristianos están
obligados a formar a sus hijos en
la fe y en la práctica de la
vida cristiana, mediante la palabra
y el ejemplo"84. Este derecho
y deber, que la Iglesia reconoce a
los padres como educadores de la fe,
brota del sacramento del matrimonio
y de la consideración de la
familia "como Iglesia doméstica".
En efecto, la misión de la
familia cristiana es un verdadero
ministerio, "por medio del cual
se irradia el Evangelio, hasta el
punto de que la misma vida de familia
se hace itinerario de fe y, en cierto
modo, iniciación cristiana
y escuela de los seguidores de Cristo".85
Por eso, a
pesar de las dificultades por las
que atraviesa hoy, la familia cristiana
sigue siendo una estructura básica
en la Iniciación cristiana,
e incluso un reto pastoral: la familia
cristiana no puede renunciar a su
misión de educar en la fe a
sus miembros y ser lugar, "en
cierto modo insustituible", de
catequización.86 Es necesario
ayudar eficazmente a que la comunidad
familiar cristiana se renueve con
la novedad del Evangelio y se vuelva
cada día más a Jesucristo.
La familia que transmite la fe hace
posible el despertar religioso de
sus hijos y lleva a cabo la responsabilidad
que le corresponde en la Iniciación
cristiana de sus miembros.
La Acción
católica y las asociaciones
y movimientos laicales
35 La situación
actual reclama que se acentúe
aquello que puede complementar con
su ayuda la misión de la parroquia
y de la familia. Cabe así situar
la importancia y el valor respectivo
de las asociaciones y movimientos
laicales y otras instituciones educativas,
como estructuras ambientales para
la Iniciación cristiana de
los niños, de los adolescentes
y de los jóvenes.87 Estas asociaciones
de fieles se caracterizan, según
el Papa Juan Pablo II, por "la
conformidad y la participación
en el fin apostólico de la
Iglesia, que es la evangelización
y santificación de los hombres
y la formación cristiana de
su conciencia, de modo que consigan
impregnar con el espíritu evangélico
las diversas comunidades y ambientes".
A las asociaciones y movimientos se
les encomienda entre otras tareas
"el empeño catequético
y la capacidad pedagógica para
formar a los cristianos"88. En
efecto, la Acción Católica
y este tipo de asociaciones y movimientos
tienen hoy la misión de ayudar
eficazmente a concretar una experiencia
eclesial y un espacio comunitario
propicio para el crecimiento en la
fe, presentando a los miembros que
se inician en ella un estilo de vida
cristiana en la Iglesia y el ejemplo
de un testimonio público del
creyente en la sociedad.
Los movimientos
y grupos laicales son pequeñas
comunidades que transmiten la fe,
la oración y la liturgia de
la Iglesia, con un estilo de vida
y de compromiso apostólico
peculiar que facilitan la constante
interacción entre fe y vida,
según las edades y circunstancias.
De ahí la necesidad de promocionar
y fortalecer en la Iglesia estos espacios
educativos. Cuanto menos cristiano
es el ambiente donde tiene que desarrollarse
la vida de un niño o de un
joven, más necesidad tiene
de ámbitos propios para educar
su fe e incorporarse libre y responsablemente
en la comunidad de la Iglesia.
La escuela
católica
36 "La
escuela católica es un 'lugar'
muy relevante para la formación
humana y cristiana"89, que "entra
de lleno en la misión salvífica
de la Iglesia y particularmente en
la exigencia de la educación
de la fe... El proyecto educativo
de la escuela católica se define
precisamente por su referencia explícita
al Evangelio de Jesucristo, con el
intento de arraigarlo en la conciencia
y en la vida de los jóvenes,
teniendo en cuenta los condicionamientos
culturales de hoy".90
En cuanto escuela
"debe procurar la formación
integral de la persona humana, en
orden a su fin último y, simultáneamente,
al bien común de la sociedad"91.
Pero su carácter específico
de escuela católica, la convierte
en una comunidad cristiana, en constante
referencia a la Palabra de Dios y
al encuentro siempre renovado con
Jesucristo. Cuando actúa así92,
puede ser también una mediación
eclesial para la Iniciación
cristiana de sus alumnos, colaborando
en coordinación con los planes
pastorales diocesanos.
La enseñanza
religiosa escolar
37 Aunque no
es propiamente un ámbito de
Iniciación cristiana como los
anteriores, sin embargo puede contribuir
decisivamente a los objetivos propios
de ésta, al ofrecer algunas
dimensiones de carácter ético
y moral que nacen de las relaciones
entre la fe y la cultura, y entre
la fe y la vida. En este sentido tiene
también una misión evangelizadora.
En efecto, la enseñanza religiosa
escolar, verdadero complemento de
la catequesis, pretende también
la educación básica
e integral de la fe, pero sometida
a las leyes que rigen la inculturación:
subrayar el valor universal de la
fe y su supremacía sobre las
realizaciones culturales del hombre;
presentar el mensaje cristiano como
instancia crítica del hombre
y de su cultura; y establecer un diálogo
positivo entre la fe y la cultura.93
Ciertamente esta enseñanza
constituye una estimable oferta informativa
para los niños y los jóvenes
acerca del mensaje y del acontecimiento
cristiano.
38 No obstante,
a la enseñanza religiosa escolar,
a diferencia de la catequesis, no
le corresponde atender todas las dimensiones
propias de una formación cristiana
integral, tanto a causa del lugar
en que se imparte como de su propia
naturaleza de servicio educativo para
toda la sociedad: en el caso de la
enseñanza religiosa, "la
Iglesia actúa en un ámbito
creado primordialmente para la educación
del ciudadano en cuanto tal, en estructuras
de la sociedad para tal fin"94.
Sus objetivos no son, por tanto, los
que reclama la catequesis de inspiración
catecumenal95; los padres que piden
la enseñanza religiosa para
sus hijos, lo hacen ordinariamente
con la intención de que lo
religioso se integre en la formación
humana, de manera que sea una oferta
abierta a creyentes y no creyentes,
sin intención, al menos explícita,
de solicitar la Iniciación
cristiana96. Al destacar la importancia
de la enseñanza religiosa escolar,
queremos llamar la atención
sobre la indicación que hemos
hecho en nuestro Plan Pastoral "Para
que el mundo crea" al dar a la
predicación y la educación
de la fe un fuerte contenido apologético.97
2. FUNCIONES ECLESIALES
EN LA INICIACIÓN CRISTIANA
39 La Iniciación
cristiana, como mediación de
la Iglesia, se verifica principalmente
mediante dos funciones pastorales
íntimamente relacionadas entre
sí: la catequesis y la liturgia98.
En el catecumenado de adultos, catequesis
y liturgia constituyen visiblemente
dos dimensiones de una misma realidad,
introducir a los hombres en el misterio
de Cristo y de la Iglesia. En cualquier
tipo de iniciación cristiana,
cada una de estas funciones sigue
teniendo un alcance propio dentro
de la única misión evangelizadora
y santificadora de la Iglesia, y de
la finalidad común que es la
edificación de la comunidad
eclesial.
40 Por razones
de claridad, se exponen por separado
las características propias
de cada una de estas funciones en
relación con la Iniciación
cristiana, pero no debe perderse de
vista su íntima complementariedad
y apoyo mutuo. En efecto, "la
catequesis está intrínsecamente
unida a toda la acción litúrgica
y sacramental, porque es en los sacramentos
y sobre todo en la Eucaristía,
donde Jesucristo actúa en plenitud
para la transformación de los
hombres"99. La liturgia, por
su parte, "debe ser precedida
por la evangelización, la fe
y la conversión; sólo
así puede dar sus frutos en
la vida de los fieles: la vida nueva
según el Espíritu, el
compromiso en la Iglesia y el servicio
de su unidad"100. La catequesis,
en este sentido, prepara para la celebración
de los sacramentos de la fe, los cuales
"no sólo la suponen, sino
que a la vez la alimentan, la robustecen
y la expresan por medio de palabras
y de elementos";101 y proporciona
también un conocimiento adecuado
del significado de los gestos y de
las acciones sacramentales. La liturgia
inspira además una peculiar
y muy necesaria forma de catequesis,
llamada mistagógica, que "pretende
introducir en el Misterio de Cristo
-es mistagogia- procediendo de lo
visible a lo invisible, del signo
a lo significado, de los 'sacramentos'
a los 'misterios".102
A. La catequesis
en la Iniciación cristiana
41 "La
catequesis es elemento fundamental
de la Iniciación cristiana,
y está estrechamente vinculada
a los sacramentos de la Iniciación,
especialmente al Bautismo, 'sacramento
de la fe'. El eslabón que une
la catequesis con el Bautismo, sacramento
de la fe, es la profesión de
fe que es, a un tiempo, elemento interior
de este sacramento y meta de la catequesis"103.
La catequesis debe procurar "una
enseñanza, aprendizaje, convenientemente
prolongado, de toda la vida cristiana"104,
con el fin de iniciar a los catecúmenos
en el misterio de la salvación
y en el estilo de vida propio del
Evangelio.
Señalados
documentos del Magisterio Pontificio
y de nuestra Comisión Episcopal
de Enseñanza y Catequesis han
estudiado en profundidad el papel
de la catequesis hoy en la Iniciación
cristiana para todas las edades. Es
suficiente, por esto, señalar
de forma sucinta algunos puntos más
importantes remitiendo, para un conocimiento
más detallado, a los diversos
documentos.105
Características
y tareas de la catequesis de Iniciación
cristiana
42 La catequesis
al servicio de la Iniciación
cristiana se presenta como:
|
a) "Una
formación orgánica
y sistemática de la fe...
Indagación vital y orgánica
en el misterio de Cristo que
es lo que, principalmente, distingue
a la catequesis de las demás
formas de presentar la Palabra
de Dios".106
|
|
b) "Una formación
básica, esencial, centrada
en lo nuclear de la experiencia
cristiana... La catequesis pone
los cimientos del edificio espiritual
del cristiano, alimenta las raíces
de la vida de fe, capacitándole
para recibir el posterior alimento
sólido en la vida ordinaria
de la comunidad cristiana".107 |
|
c) "Un aprendizaje a toda
la vida cristiana, una 'iniciación
cristiana integral', que propicia
un auténtico seguimiento
de Jesucristo e introduce en la
comunidad eclesial".108 |
| d)
La catequesis de Iniciación
cristiana de niños, adolescentes
y jóvenes, a diferencia
de lo que ocurre en el catecumenado
de adultos, está definida
también en cierto modo
por la mistagogia, como ya se
ha dicho.109 En efecto, el camino
hacia la adultez en la fe, abierto
y configurado por el sacramento
del Bautismo, se desarrolla por
medio de los demás sacramentos
de la Iniciación que dan
sentido y vertebran todo el proceso
iniciatorio. |
Algunos criterios
pedagógicos
43 Entre los
principales criterios de orden pedagógico
que han de inspirar la catequesis
de Iniciación cristiana, cabe
señalar los siguientes:
|
a) Debe
ser considerada como un proceso
de maduración y de crecimiento
de la fe, desarrollado de manera
gradual y por etapas110. Esta
gradualidad de la catequesis
tiene su origen en el modo como
Dios actúa en la historia
de la salvación y sigue
la celebración del misterio
de Cristo en el año litúrgico,
como ya se ha dicho. Al estar
"al servicio del que ha
decidido seguir a Jesucristo,
es eminentemente cristocéntrica".111
|
|
b) Esencialmente unida al acontecimiento
de la Revelación y a su
transmisión, la catequesis
de la iniciación ha de
inspirarse, como su fuente y modelo,
en la pedagogía de Dios
manifestada en Cristo y en la
vida de la Iglesia, y ha de contar
con la acción del Espíritu
Santo en la comunidad y en cada
cristiano112, "favoreciendo
así una verdadera experiencia
de fe y un encuentro filial con
Dios".113 |
|
c) A lo largo de todo el proceso,
el catequizando crece en la fe
ayudado por la oración
y el ejemplo de toda la comunidad,
meditando asiduamente el Evangelio,
tomando parte activa en la liturgia,
practicando la caridad fraterna
y soportando con fortaleza las
pruebas de la vida.114 |
| d)
La catequesis al servicio de la
Iniciación cristiana está
impregnada por el misterio de
la Pascua, de modo que ha de caracterizarse
por el aprendizaje del sentido
de la Nueva Alianza, del paso
del hombre viejo al hombre nuevo,
de la lucha y superación
del mal con la ayuda de la gracia
divina, de la experiencia del
gozo de la salvación. |
Los catequistas
en la catequesis de Iniciación
cristiana
44 En la catequesis
de Iniciación cristiana la
figura del catequista es básica.
Llamado por la Iglesia a ejercer el
servicio de la catequesis, ha de estar
"dotado de una fe profunda, de
una clara identidad cristiana y eclesial
y de una honda sensibilidad social".115
Ha de destacar por su madurez humana,
cristiana y apostólica116,
así como por su formación
y capacitación catequética117,
como corresponde al cometido que ha
de desempeñar y que es el de
guía espiritual de los catequizandos,
acompañándoles en el
aprendizaje y maduración de
la fe.
Se trata en
definitiva de "lograr que el
catequista pueda animar eficazmente
un itinerario catequético en
el que, mediante las necesarias etapas,
anuncie a Jesucristo, dé a
conocer su vida, enmarcándole
en la historia de la salvación,
explique los misterios del Hijo de
Dios, hecho hombre por nosotros, y
ayude, finalmente, al catecúmeno
o al catequizando a identificarse
con Jesucristo en los sacramentos
de iniciación".118
Los catequistas,
especialmente los que preparan a los
adolescentes y los jóvenes
para recibir el sacramento de la Confirmación,
ejercen una función eclesial
relevante, ya que también ellos
son transmisores de la fe de la Iglesia,
y no simplemente unos animadores o
monitores que coordinan y acompañan
el trabajo del grupo. Precisamente
por esto la formación de estos
catequistas debe ser cuidada de un
modo especial, en atención
a la edad de los que van a recibir
el sacramento.
B. La liturgia
en la Iniciación cristiana
45 La Iniciación
cristiana comprende esencialmente
la celebración de los sacramentos
que consagran los comienzos de la
vida cristiana en analogía
con las etapas de la existencia humana,
y que por este motivo se llaman sacramentos
de Iniciación119. Como todos
los actos litúrgicos, "por
ser obra de Cristo sacerdote y de
su Cuerpo, que es la Iglesia"
los sacramentos son acciones sagradas
por excelencia, "cuya eficacia,
con el mismo título y en el
mismo grado, no la iguala ninguna
otra acción de la Iglesia"120.
Los sacramentos del Bautismo, de la
Confirmación y de la Eucaristía
son, por eso, 'fuente' y 'cima' de
la Iniciación, junto con las
celebraciones de la Palabra de Dios
y los escrutinios121. En el itinerario
de los que fueron bautizados siendo
párvulos, está presente
también la Penitencia, que
otorga el perdón de los pecados
cometidos después del Bautismo.
Todas estas
celebraciones litúrgicas ponen
de manifiesto la progresiva vinculación
a Jesucristo de los catecúmenos
y de los catequizandos, a la vez que
les comunican la salvación
que brota del misterio pascual. Del
esmero que se ponga en hacer de ellas
verdaderos momentos eclesiales del
encuentro salvador con Dios en Jesucristo,
unidos a la acción catequética,
dependerá en gran medida el
fruto espiritual de todo el itinerario
de la Iniciación, y aún
el sentido mismo de toda la vida cristiana,
por la iniciación en el lenguaje
bíblico y litúrgico,
por la centralidad de la Eucaristía
dominical, por el acercamiento al
sacramento de la penitencia.
La unidad
de los sacramentos de la Iniciación
46 El Bautismo,
la Confirmación y la Eucaristía
guardan entre sí una íntima
unidad, constantemente reclamada por
el Magisterio desde el Concilio Vaticano
II. En efecto, "los sacramentos
de la Iniciación cristiana
se ordenan entre sí para llevar
a su pleno desarrollo a los fieles,
que ejercen la misión de todo
el pueblo cristiano en la Iglesia
y en el mundo"122. Se trata de
expresar "la unidad del Misterio
pascual, el vínculo entre la
misión del Hijo y la infusión
del Espíritu Santo, y la conexión
entre el Bautismo y la Confirmación".123
La celebración
de estos sacramentos, aun dentro de
las peculiaridades de las legítimas
tradiciones litúrgicas de Oriente
y de Occidente, confiere una unidad
que se proyecta sobre todo el proceso
de la Iniciación cristiana.
En Oriente los sacramentos de la Iniciación
se administran juntos en la misma
celebración, tanto en el caso
de los adultos como en el de los recién
nacidos. En Occidente esta práctica
no ha variado para la Iniciación
de los adultos, si bien en el caso
de los que son bautizados de párvulos,
la Iglesia ha admitido por motivos
pastorales que los restantes sacramentos
se confieran en celebraciones distintas
en el tiempo, manteniendo, no obstante,
la unidad orgánica y el principio
de la ordenación mutua de los
sacramentos de iniciación.124
47 Ahora bien,
es preciso que esta unidad y ordenación
mutua de los sacramentos de iniciación
se pongan de manifiesto también
en las enseñanzas que acerca
de ellos transmite la catequesis,
como en la misma práctica pastoral.
Difícilmente se logrará
que la Iniciación cristiana
aparezca como un proceso unitario,
catecumenal e integrador de todos
los aspectos catequéticos y
litúrgicos que comprende, si
en la preparación o en la celebración
de alguno de ellos no se pone de relieve
su necesaria y progresiva conexión.
Catequesis
presacramental y mistagógica
48 La celebración
de los sacramentos de la iniciación
suele ir precedida entre nosotros
de un tiempo de preparación
específica y próxima
más intensa. En dicho tiempo
se ofrece una catequesis litúrgica
o presacramental, cuya finalidad es
"preparar a los sacramentos y
favorecer una comprensión y
vivencia más profundas de la
liturgia"125. Esta catequesis
consiste en una explicación
de los ritos, símbolos y gestos
de la celebración, a la vez
que trata de inculcar en los candidatos
a los sacramentos las actitudes internas
de conversión y de fe que hagan
más fructuosa su participación.
Esta catequesis es esencialmente bíblica
y litúrgica, y expone la continuidad
entre los acontecimientos de la historia
de la salvación y los signos
sacramentales de la Iglesia.126
49 Esta forma
de catequesis es llamada también
"mistagógica", porque
consiste en ayudar a entrar en la
realidad del misterio que se celebra.
Procede siempre "de lo visible
a lo invisible, del signo a lo significado,
de los 'sacramentos' a los 'misterios'"127.
No debe partir de ideas o conceptos,
sino de la experiencia de los mismos
dones recibidos de Dios, para hacer
descubrir a los bautizados su propia
identidad y mostrarles el itinerario
que Dios está dispuesto a completar
mediante los signos sacramentales
(Confirmación y Eucaristía),
conduciendo a los bautizados a la
acción de gracias, a una conversión
más profunda, a una celebración
gozosa de las obras divinas, traducidas
después en una conducta coherente.
El año
litúrgico, marco de la Iniciación
cristiana
50 Cuando se
contempla la historia de la Iniciación
cristiana en los primeros siglos de
la Iglesia, se advierte la importancia
de la celebración del misterio
de Cristo en el año litúrgico
como marco de referencia de todas
las acciones catequéticas y
sacramentales de la iniciación.
Más aún, el ciclo de
Pascua que comprende la Cuaresma y
la Cincuentena pascual, nació
y se desarrolló como consecuencia
de la necesidad de organizar la Iniciación
cristiana y de incorporar a ella a
toda la comunidad eclesial. De hecho
todo el año litúrgico,
iluminado por la luz de la Pascua,
es "año de gracia del
Señor"128, y ámbito
en el que se hace realidad la economía
de la salvación en el "hoy"
de la liturgia.129
El domingo,
Pascua semanal y día de la
Iniciación cristiana
51 Entre todos
los tiempos de la celebración
del misterio de Cristo en el año
litúrgico, sobresale el "día
del Señor" o domingo,
"fundamento y núcleo del
año litúrgico"130.
El domingo, verdadera Pascua semanal,
tiene como centro la celebración
eucarística, encuentro de la
comunidad de los fieles con el Señor
resucitado que la invita a su banquete"131;
es "la asamblea litúrgica,
en que los fieles 'deben reunirse,
escuchando la palabra de Dios y participando
en la Eucaristía, para recordar
la pasión, la resurrección
y la gloria del Señor Jesús
y dar gracias a Dios, que los hizo
renacer a la esperanza viva por la
resurrección de Jesucristo
de entre los muertos".132
52 Entre todos
los aspectos del domingo133, destaca
su condición de día
propio y especialmente indicado para
celebrar los sacramentos de la Iniciación
y otros ritos que jalonan el itinerario
catecumenal y para recordar que el
Bautismo es el fundamento de toda
la existencia cristiana.134 En este
sentido la celebración del
domingo ocupa un papel clave en la
formación de la identidad cristiana
y en la maduración en la fe
de quien avanza en el proceso de la
iniciación y se prepara para
recibir los sacramentos de la Confirmación
y de la Eucaristía. Para los
cristianos, el 'domingo es un día
irrenunciable', como ha recordado
el Papa Juan Pablo II en su Carta
Apostólica Dies Domini, del
31 de Mayo de 1998, en la que exhorta
a valorar el domingo, día distintivo
de los cristianos, a causa de su estrecha
relación con el núcleo
mismo del misterio cristiano.135
Los sacramentos
de la Iniciación
53 Tanto en
la preparación catequética
y litúrgica como en la celebración
de los sacramentos de la Iniciación
cristiana, se debe atender no sólo
a las condiciones que afectan a la
validez sacramental y a la licitud
de las acciones litúrgicas,
sino igualmente a todo aquello que
está relacionado con la expresividad,
la verdad y la belleza de los signos,
y a la participación consciente,
activa y fructuosa de quienes reciben
los sacramentos y asisten a la celebración.136
Téngase en cuenta que la celebración
litúrgica contribuye de manera
decisiva a la formación de
la fe de los fieles, avivando y nutriendo
esa misma fe, creando un clima adecuado
de comprensión de los textos
y de los signos y, sobre todo, ayudándoles
a vivir "hoy "el acontecimiento
de la salvación.137
En este sentido
conviene tener muy en cuenta lo que
señalan los respectivos rituales
respecto a la celebración:
lugar y tiempo propio y oportuno,
forma de pronunciar o de cantar los
textos y de realizar los gestos, ambiente
comunitario y religioso, participación
de los fieles, de los padres y padrinos,
y de los mismos candidatos a los sacramentos.138
El Obispo debe procurar que todo esto
esté presente en los directorios
pastorales diocesanos dedicados a
los sacramentos de la Iniciación
.139
1. El
Bautismo
54 El "Bautismo es el fundamento
de toda la vida cristiana, el
pórtico de la vida en el
Espíritu y la puerta que
abre el acceso a los otros sacramentos.
Por el Bautismo somos regenerados
como hijos de Dios, llegamos a
ser miembros de Cristo y somos
incorporados a la Iglesia y hechos
partícipes de su misión.
El Bautismo es el sacramento del
nuevo nacimiento por el agua y
la Palabra".140 El Bautismo,
"por sí mismo es sólo
un principio y un comienzo porque
todo él tiende a conseguir
la plenitud de la vida en Cristo.
Así pues, el Bautismo se
ordena a la profesión íntegra
de la fe, a la plena incorporación
a la economía de la salvación
tal como Cristo en persona estableció
y, finalmente, a la íntegra
incorporación en la comunión
eucarística"141. A
lo largo de todo el itinerario
de la Iniciación cristiana
se deberá tener presente
este acontecimiento fundamental,
obra de Dios, y nada deberá
oscurecer este inicio del cual
depende la vida en Cristo y en
la Iglesia;142 esto sucedería
si se considerara que el hecho
de haber sido bautizado como párvulo
disminuye el valor del don recibido.
2. La Confirmación
55 Dentro del conjunto de la Iniciación
cristiana, el sacramento del don
del Espíritu es la Confirmación
del Bautismo, que pone de manifiesto
la presencia y la acción
del Espíritu Santo en la
Iglesia y en los bautizados, verdadero
"don de Dios" (Jn 4,10)143
otorgado el día de Pentecostés144.
Cuando la Confirmación
se administra separadamente del
Bautismo, su celebración
comprende también la renovación
de las promesas bautismales y
la profesión de la fe145.
En efecto, "a los bautizados
los une más íntimamente
a la Iglesia y los enriquece con
una fortaleza especial del Espíritu
Santo. De esta forma se comprometen
mucho más, como auténticos
testigos de Cristo, a extender
y defender la fe con sus palabras
y sus obras".14
La Confirmación, "como
el Bautismo, del que es la plenitud,
sólo se da una vez. Imprime
en el alma una marca espiritual
indeleble, el 'carácter',
que es el signo de que Jesucristo
ha marcado al cristiano con el
sello de su Espíritu revistiéndolo
de la fuerza de lo alto para que
sea su testigo"147. La Confirmación,
por otra parte, significa y confiere
una más profunda vinculación
a la Iglesia, Cuerpo de Cristo,
y se orienta hacia una más
intensa y perfecta participación
en el Sacrificio eucarístico,
"fuente y cima de la vida
cristiana", de manera que
los confirmados "ofrezcan
a Dios la Víctima divina
y a sí mismos juntamente
con ella"148 para formar
"en Cristo un solo cuerpo
y un solo espíritu"149
Por este motivo el Concilio Vaticano
II dispuso que la Confirmación
tuviese lugar dentro de la Misa.150
Todos los bautizados pueden y
deben recibir el sacramento de
la Confirmación en el tiempo
oportuno, porque, dada la unidad
entre los tres sacramentos de
la Iniciación, ésta
queda incompleta si falta la Confirmación
o la Eucaristía. Es tarea
propia de los pastores y de los
padres procurar que ningún
bautizado deje de ser confirmado.151
56 La práctica actual relativa
a la Confirmación "no
debe hacer olvidar jamás
el sentido de la tradición
primitiva y oriental. En cualquier
caso, la catequesis debe insistir
en el lazo profundo que une la
Confirmación con el Bautismo
y con la Eucaristía; considerarla
como parte integrante de la plena
Iniciación cristiana, y
no como un suplemento facultativo;
considerarla como un don de Dios
que perfecciona al cristiano y
al apóstol, sin reducirla
a una nueva profesión de
fe o a un compromiso más
grande que podrían encontrar
lugar en diversas etapas de la
vida; sobre todo hay que evitar
el reservarla para una élite".152
3. La Eucaristía
57 El tercer sacramento de la
Iniciación cristiana es
la Eucaristía; en ella
la iniciación alcanza su
culminación. En efecto,
"los que han sido elevados
a la dignidad del sacerdocio real
por el Bautismo y configurados
más profundamente con Cristo
por la Confirmación, participan
por medio de la Eucaristía
con toda la comunidad en el sacrificio
mismo del Señor".
La Eucaristía significa
y realiza la comunión de
vida con Dios y la unidad de la
Iglesia, es pregustación
de la vida eterna y compendio
y suma de nuestra fe.154
Se comprende, pues, la importancia
y la necesidad de las debidas
disposiciones con que se han de
preparar todos los que participan
sacramentalmente del Banquete
eucarístico155: tanto los
que, habiendo llegado al uso de
razón, empiezan a recibir
la Eucaristía aún
sin haber recibido la Confirmación,
como aquellos que, aún
no habiendo recibido la Eucaristía,
reciben el "sello del don
del Espíritu". También
para éstos el Banquete
eucarístico tiene significado
de finalidad y culminación
de la Confirmación. En
efecto, "hecho hijo de Dios,
revestido de la túnica
nupcial, el neófito es
admitido 'al festín de
las bodas del Cordero' y recibe
el alimento de la vida nueva,
el Cuerpo y la Sangre de Cristo".156
58 Ahora bien, en la primera participación
en la Eucaristía, es muy
conveniente que ésta vaya
precedida no sólo de la
necesaria catequesis de la Iniciación
cristiana, sino también
de una verdadera introducción
y un cierto hábito de asistencia
a la celebración eucarística,
sobre todo la del domingo. Es
un momento muy oportuno para ayudar
a los niños a conocer los
signos, las respuestas, y las
actitudes internas y corporales
que requiere la participación
litúrgica. En efecto, "la
Iglesia, que bautiza a los niños
confiando en los dones que proporciona
este sacramento, debe cuidar de
que los bautizados crezcan en
comunión con Jesucristo
y con los hermanos. De esta comunión
es signo y prenda la participación
en la mesa de la Eucaristía,
a la que se están preparando
o en cuya comprensión más
profunda van siendo introducidos"157.
La preparación para la
Primera Comunión, a pesar
de los inconvenientes que provienen
de los excesos en la fiesta familiar
y social con este motivo, debe
orientarse hacia una verdadera
integración de los niños
y de sus padres en la vida de
la comunidad cristiana, evitando
los inconvenientes que, no pocas
veces, se organizan en la desmesura
que rodea la fiesta familiar y
social de las primeras comuniones.
El sacramento de la Penitencia
59 Dentro del proceso de la Iniciación
cristiana de los ya bautizados,
ocupa también un lugar
importante la celebración
del sacramento de la Penitencia,
aunque éste no sea un sacramento
de Iniciación sino de curación158.
En efecto, de este sacramento
"obtienen de la misericordia
de Dios el perdón de los
pecados cometidos contra El y,
al mismo tiempo, se reconcilian
con la Iglesia, a la que ofendieron
con sus pecados"159. "Para
recibir la Confirmación
es preciso hallarse en estado
de gracia. Conviene recurrir al
sacramento de la Penitencia para
ser purificado en atención
al don del Espíritu Santo"160.
Este sacramento se debe celebrar
también antes de participar,
por primera vez, de la Eucaristía,
incluso en el caso de los niños,
evitando cualquier práctica
contraria.161
60 Ahora bien, no se trata solamente
de un requisito inmediato para
los que van a ser confirmados
o van a comulgar por primera vez.
La experiencia espiritual de la
misericordia del Padre, que acoge
y perdona, forma parte de los
elementos gozosos de la preparación
de los niños a la primera
comunión. Cuando se trata
de adolescentes que se preparan
para recibir la Confirmación,
la reconciliación individual
es un momento fuerte de su vida
cristiana y una forma particularmente
real de vivir el compromiso que
están llamados a asumir
no sólo como acto suyo
sino como don de la fuerza de
Dios. Este sacramento debe estar
presente, por tanto, para los
bautizados en todo el itinerario
de la preparación de la
Confirmación y de la primera
Comunión; y constituir
un aspecto doctrinal y práctico
tanto de la catequesis como de
la introducción en la vida
litúrgica de la Iglesia
para los que se disponen a recibir
estos sacramentos.162
|
Tercera Parte: La renovación
de la pastoral de la Iniciación
Cristiana |
Reflexión
preliminar
61 Se ha dicho
desde el principio que la Iniciación
cristiana lleva consigo un verdadero
itinerario estructurado en etapas
y dotado de acciones propias que ayuden
al catequizando a profesar la fe y
a celebrar los sacramentos de la Iglesia.
Ahora bien, la diversidad de situaciones
y de necesidades en las Iglesias particulares,
aconsejan que este itinerario sea
concretado en cada una de ellas bajo
la responsabilidad del Obispo.163
A él le corresponde sancionar
los directorios u otros instrumentos
pastorales respecto a esta materia164
con vistas a ofrecer no sólo
un proceso de Iniciación cristiana,
unitario y coherente para niños,
adolescentes y jóvenes, sino
también, eventualmente, el
catecumenado de adultos propiamente
dicho, y un itinerario de catequesis
para los adultos que necesitan fundamentar
su fe o completar su Iniciación
cristiana, tal como propone el Directorio
General para la Catequesis.165
Diversas diócesis
han publicado ya directorios y orientaciones
para alguno de los sacramentos de
iniciación o para todo el conjunto
de dicha iniciación. Es preciso
recoger esta rica experiencia eclesial
nacida de una preocupación
pastoral que urge a todos. En esta
tercera parte se hacen sugerencias
acerca de la renovación de
la pastoral de la iniciación
cristiana, tomando en consideración
estas realizaciones diocesanas. Nos
urgen, sobre todo, la obediencia al
mandato misionero del Resucitado y
la fidelidad a la condición
maternal de la Iglesia.
Ningún
pastor puede quedar indiferente ante
la petición del bautismo por
parte de padres o de adultos, o ante
jóvenes que piden ser confirmados.
"La función de los pastores
no se reduce a cuidar a cada uno de
los fieles individualmente. Se extiende
propiamente también a formar
una auténtica comunidad cristiana...
La comunidad local no debe favorecer
sólo el cuidado de sus fieles,
sino que, llena de amor misionero,
debe preparar a todos los hombres
el camino hacia Cristo. Tiene, sin
embargo, especialmente encomendados
los catecúmenos y neófitos,
a los que hay que educar gradualmente
en el conocimiento y práctica
de la vida cristiana"'.166
1. ESPERANZAS Y
RETOS EN LA HORA PRESENTE
Objetivos
de la Conferencia Episcopal Española
para la nueva evangelización
62 En el programa
pastoral de la Conferencia Episcopal
Española del trienio 1994-1997,
decíamos que "leyendo
con reposo los discursos del Santo
Padre durante su última visita
a España no queda duda de que
la idea que los preside y unifica
es animarnos a proseguir y, si es
preciso, fortalecer más todavía
un esfuerzo de evangelización,
centrado en el intento de consolidar
religiosamente la fe de los que creen
y llamar a una verdadera conversión
a los que no creen".167
Nuestras Iglesias
siguen engendrando y educando nuevos
hijos de Dios, cumpliéndose
el mandato del Señor: "Bautizadlos
y enseñadles". Pero esta
función maternal de la Iglesia
se realiza con frecuencia con muchas
limitaciones, provenientes en parte
de la falta de vigor en el sentido
eclesial, fraternal y misionero a
la vez, de las propias comunidades
cristianas, y también del ámbito
de las familias, que acusan los efectos
de la ruptura entre la fe y la vida,
del debilitamiento del compromiso
cristiano y de la práctica
sacramental, y de la crisis vocacional
al ministerio sacerdotal y a la vida
consagrada
Dificultades
en una sociedad secularizada
63 Hoy, la
Iglesia en España "se
ve llamada a desplegar una acción
pastoral de evangelización
frente al fenómeno generalizado
del debilitamiento de la fe y de la
difusión de la increencia entre
nosotros"168. Ya no basta crear
un cierto clima religioso durante
la infancia. Al mismo tiempo la formación
cristiana de muchos fieles es muy
superficial, sin apenas incidencia
en su manera de pensar y en sus costumbres.
No pocos católicos, que recibieron
los tres sacramentos de la Iniciación
y a los que se les impartió
enseñanzas cristianas en la
catequesis y en la escuela, apenas
se identifican hoy con Jesucristo
y con su Iglesia. Al hablar de la
renovación pastoral de la Iniciación
cristiana se debe tener en cuenta
que la Iglesia está viviendo
hoy un cierto modo de neopaganismo
que se manifiesta en la existencia
de un número creciente de no
bautizados, y especialmente en un
comportamiento, tanto privado como
público, de un buen número
de bautizados que deja al descubierto
una vida cristiana a todas luces insuficiente.
64 Esta situación
de fe de las comunidades cristianas
en general, y de los niños,
adolescentes y jóvenes en particular,
nos obliga a asumir con mayor realismo
y cuidado las tareas propias de la
Iniciación cristiana promoviendo
con nuevo impulso y renovada orientación
"la tarea maravillosa y esforzada
que espera a todos los fieles laicos,
a todos los cristianos, sin pausa
alguna: conocer cada vez más
las riquezas de la fe y del Bautismo
y vivirlas en creciente plenitud.
El apóstol Pedro hablando del
nacimiento y crecimiento como de dos
etapas de la vida cristiana, nos exhorta:
'Como niños recién nacidos,
desead la leche espiritual pura, a
fin de que, por ella, crezcáis
para la salvación' (1 Pe 2,2)".169
Una realidad
esperanzadora
65 No obstante
todo lo anterior, las familias españolas
desean, mayoritariamente, el Bautismo
para sus hijos, y que se preparen
y participen en la Primera Eucaristía.
Son asimismo muchos los adolescentes
y jóvenes españoles
que reciben también el sacramento
de la Confirmación. A todos
ellos se les sigue ofreciendo catequesis
y enseñanza religiosa escolar,
con la generosa entrega y cada día
más cualificada preparación
de catequistas y profesores. Quizá
nunca como en nuestros días
se han desplegando tantos esfuerzos
en la atención pastoral de
la adolescencia y de la juventud.
Los movimientos eclesiales de niños
y de jóvenes forman hoy el
grupo asociativo más numeroso
dentro de estas edades, fuera del
deporte, en una sociedad como la española,
tan reacia al asociacionismo170. Miles
de agentes de pastoral y cientos de
grupos, están dispuestos a
acoger y a educar en la fe a los niños,
adolescentes y jóvenes españoles
bautizados, a pesar del avance del
secularismo y del paganismo en nuestra
sociedad171. La esperanza que tenemos
puesta en el Señor no nos defrauda,
pero nos impulsa a mejorar nuestro
ineludible servicio de iniciar en
la fe a los nuevos cristianos.
Tarea de
toda la Iglesia
66 La Iniciación
cristiana es una tarea de todos los
fieles. En este sentido, "el
que ha sido evangelizado, evangeliza
a su vez. He aquí la prueba
de la verdad, la prueba de toque de
la evangelización"172.
Ahora bien, esta tarea reclama una
conversión de nuestras comunidades
y de cada uno de sus miembros, pues
nadie puede evangelizar y ayudar en
la Iniciación cristiana si
antes no purifica la propia fe y esperanza
en la salvación de Dios, haciéndolas
más profundamente teologales
y más comprometidas en la transformación
de la vida de los creyentes y de su
presencia en la sociedad173. Es necesario
también fomentar la comunión
eclesial interna, pues de ello depende
la credibilidad y eficacia de la misión.
En efecto, la comunión eclesial
es la primera forma de misión.
Esto supone reconocer y valorar el
carisma de cada uno, puesto de manifiesto
en la comunión eclesial.174
67 Para evangelizar,
es preciso hacerse solidario con los
hombres que se alegran, sufren, buscan...
y reconocer la llamada que Dios hace
a través de la vida de cada
persona y de las distintas situaciones
sociales, especialmente de los más
pobres y necesitados.175 ''En la evangelización,
además de los sujetos y de
los medios humanos, intervienen principalmente
la fuerza de la Palabra y del Espíritu
de Dios. Por eso, desde la experiencia
personal y comunitaria de la salvación
de Dios, que comunica paz, serenidad
y gozo profundo, en confluencia con
el dolor y el peso del vivir humano,
es como podremos convertirnos en comunicadores
de la Buena Nueva a los hombres y
mujeres con los que la vida nos hace
encontradizos...El hecho de la evangelización
no es un mero proceso mecánico
de dar y recibir: la evangelización
brota allí donde se establece
el encuentro entre personas, con una
relación positiva y con una
comunicación interpersonal.
Cuando hay caridad y amor se abre
la puerta a la Buena Nueva que viene
de Dios''176
Anuncio
misionero y catequesis de iniciación,
elementos de un proyecto unitario
de evangelización
68 "La
situación actual de la evangelización
postula que las dos acciones, el anuncio
misionero y la catequesis de iniciación,
se conciban coordinadamente y se ofrezcan,
en la Iglesia particular, mediante
un proyecto evangelizador misionero
y catecumenal unitario. Hoy la catequesis
debe ser vista, ante todo, como la
consecuencia de un anuncio misionero
eficaz. La referencia del decreto
Ad Gentes, que sitúa al catecumenado
en el contexto de la acción
misionera de la Iglesia, es criterio
de referencia muy válido para
toda la catequesis".177
2. INICIACIÓN
CRISTIANA DE NIÑOS, ADOLESCENTES
Y JÓVENES
A. El Bautismo
de los párvulos
Fundamento
de todo el itinerario de la iniciación
69 La celebración
del Bautismo señala el comienzo
de la Iniciación cristiana
de los niños y el principal
punto de referencia para todo el itinerario
que ha de venir después. En
toda celebración del Bautismo
la Iglesia confiesa que la participación
en la vida divina178 es un don del
amor universal, precedente y gratuito
del Padre179. Esto es aún más
manifiesto en el Bautismo de los párvulos,
practicado por la Iglesia desde la
antigüedad, ante la petición
de unos padres creyentes o favorables
a la fe, y abiertos, al menos, a la
futura educación cristiana
de estos niños. Es, más
todavía, signo del amor divino,
si cabe, cuando se trata del bautismo
de aquellos párvulos que están
en peligro inmediato de muerte, o
de aquellos que padecen graves deficiencias
mentales180. Este acontecimiento fundamental
en la vida de cada niño tendrá
que ser recordado, profundizado y
gozosamente vivido por él más
adelante, pero también deberá
ser tenido en cuenta por los que le
rodean y educan, desde los primeros
años.
Situación
de la pastoral del bautismo
70 La aparición
en el año 1970 de la edición
española del Ritual del Bautismo
de los Niños, versión
de la edición típica
promulgada por el Papa Pablo VI y
preparada según las directrices
del Concilio Vaticano II181, puso
en marcha una importante renovación
de la pastoral relacionada con el
Bautismo de los párvulos. Entre
los frutos más sobresalientes
en nuestra Iglesia se pueden señalar
la existencia de una mayor conciencia
de la identidad del Bautismo como
sacramento de la fe, de su incidencia
e importancia para la vida personal,
de la exigencia del compromiso educador
de la familia y especialmente de la
Iglesia local, de la conveniencia
de esta práctica pastoral,
-actualmente casi del todo adquirida-,
de la necesidad de preparación
de los padres y padrinos, del carácter
comunitario -con asistencia y participación
activa de los fieles-182 que debe
revestir cualquier celebración
bautismal, aunque se trate de un solo
sujeto.
71 Junto a
estos bienes, favorecidos por la utilización
del ritual, han ido apareciendo o
se han intensificado durante estos
años diversas dificultades
que merecen ser tenidas en cuenta
en estos momentos, sobre todo a causa
de las motivaciones y repercusiones
de índole doctrinal que algunas
de ellas llevan consigo. Así,
al constatar el hecho de que cada
vez es más escasa la realización
del despertar religioso en el seno
de las famílias, más
difícil la educación
en la fe de los niños y la
perseverancia de los jóvenes
en la vida cristiana, no pocos párrocos
se preguntan si no deberían
ser más exigentes a la hora
de bautizar a los párvulos,
especialmente cuando los padres no
dan señales claras de fe o
de aceptar los postulados de la futura
educación cristiana de sus
hijos; o si no sería preferible
diferir el Bautismo para cuando sea
posible iniciar un catecumenado o
asumir un compromiso personal; no
faltando también quienes han
sugerido que el Bautismo sólo
se confiera en la edad adulta.
72 A estas
dificultades se añade la práctica,
muy generalizada, de la dilación
de la administración del Bautismo,
sin más justificación
que las conveniencias familiares o
sociales. Hay que recordar que las
dilaciones poco motivadas por parte
de los pastores crean una cierta confusión
en los fieles; y que la práctica
de esta dilación a fin de reunir
a toda costa a varios niños
en una misma celebración, da
lugar, a veces, a celebraciones más
colectivas que verdaderamente comunitarias.
Necesidad
de mayor atención a los fundamentos
doctrinales
73 De todo
esto lo más preocupante es
que se llega a un debilitamiento de
la conciencia acerca de la necesidad
y del significado salvífico
del Bautismo, del que con frecuencia
se silencia su finalidad de remisión
de los pecados. Se trata de un problema
que afecta a todos los ámbitos
de la pastoral, y repercute especialmente
en la conciencia de la necesidad de
la Iglesia; en el reconocimiento de
cuál es la verdadera dimensión
del diálogo interreligioso,
y en del carácter único
y universal de la salvación
de Jesucristo.
La Iglesia
confiesa 'que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados';
por esto procura no descuidar "la
misión que ha recibido del
Señor de hacer renacer del
agua y del Espíritu a todos
los que pueden ser bautizados"183
y no deja de afirmar la urgencia de
que los niños reciban cuanto
antes la adopción de hijos
de Dios.184
74 Es cierto
que los avances de la medicina y de
la sanidad han eliminado prácticamente
la mortalidad infantil. Pero no debe
olvidarse la obligación de
los padres de "hacer que los
hijos sean bautizados en las primeras
semanas"185. Para ello deben
acudir "cuanto antes" al
párroco para pedir el sacramento,
después del nacimiento o incluso
antes de él, y prepararse debidamente186.
En definitiva se hace necesario insitir,
tanto en la catequesis como en la
práctica pastoral, en la vigencia
de los principios doctrinales, en
virtud de los cuales la Iglesia, desde
los orígenes, ha bautizado
a los párvulos. Éstos
son personas y, aunque no sean capaces
de manifestarlo mediante actos conscientes
y libres, son ciertamente capaces
de recibir el don de ser hechos verdaderos
hijos de Dios por el bautismo, de
manera que su conciencia y su libertad
podrán, después, disponer
de las energías infundidas
en su alma por la gracia bautismal.
75 El hecho
de que los párvulos no puedan
aún profesar su fe no impide
que se les confiera el sacramento,
porque en realidad "son bautizados
en la fe de la Iglesia", no precisamente
en la fe personal que los padres puedan
tener, cosa, evidentemente deseable.
Hace siglos que san Agustín
explicaba que es la Iglesia madre,
más que los padres, la que
lleva en sus brazos a los párvulos
hacia la regeneración cristiana.
No obstante, aunque la Iglesia es
"consciente de la eficacia de
su fe que actúa en el bautismo
de los niños y de la validez
del sacramento que ella les confiere,
reconoce límites a su praxis,
ya que, exceptuando el caso de peligro
de muerte, ella no acepta dar el sacramento
sin el consentimiento de los padres
y la garantía seria de que
el niño bautizado recibirá
la educación católica".187
La preparación
de padres y padrinos
76 No se trata
aquí de repetir lo que ya dice
el Ritual del Bautismo de Niños
en orden a la preparación y
celebración del mismo188, pero
sí de señalar que en
la catequesis y en la celebración
hay que subrayar la gratuidad de la
acción de la gracia de Dios,
así como la maternidad de la
Iglesia, que no excluye a nadie; y
finalmente el compromiso que adquieren
los padres y padrinos de ayudar al
nuevo cristiano a proseguir el itinerario
que tiene su punto de partida en el
Bautismo.189
La preparación
de los padres y padrinos del niño
que va a ser bautizado puede considerarse
como un factor de la Iniciación
cristiana de éste. Esta preparación
constituye hoy una de las mayores
y más graves preocupaciones
de los pastores ante la carencia de
signos de vida cristiana que se observan
en un buen número de padres,
apenas evangelizados, y que mantienen
actitudes de indiferencia y de alejamiento
de la comunidad eclesial y de la práctica
religiosa. Esto hace muy difícil
que puedan ser efectivamente los primeros
educadores en la fe de sus hijos.
Por este motivo la acogida de los
padres y padrinos reviste una gran
importancia, y no debería reducirse
habitualmente a una simple preparación
ceremonial de la celebración
del Bautismo de sus hijos.
77 La acogida
ha de tener todas las características
de un acto de apertura personal, de
ofrecimiento evangelizador, y de auténtica
catequesis mistagógica para
los que van a participar en la acción
litúrgica, de manera que la
celebración del sacramento
pueda ir precedida realmente de unos
pasos de aproximación a la
acción de Jesucristo. Los contactos
o encuentros con los padres y padrinos
deberían incluir como contenidos,
la importancia de la fe en Jesucristo
y la novedad que supone el Bautismo
en la vida de su hijo, la grandeza
de la filiación divina adoptiva,
el compromiso en orden a la futura
educación cristiana y algunas
indicaciones pedagógicas de
cómo ejercer esta función.
Para que esta preparación de
los padres y padrinos sea más
fructífera, se debe procurar
no limitar los contactos al tiempo
anterior a la celebración,
sino que prosigan, una vez celebrado
el Bautismo, con la colaboración
de los miembros de la comunidad cristiana
capaces de dar testimonio de su fe
y de cercanía fraterna.
78 La ayuda
que necesita hoy la familia aconseja
que existan en la comunidad colaboradores
efectivos de los padres y, en ocasiones,
verdaderos sustitutos de éstos
en la educación cristiana de
los hijos. En algunos casos, son hoy
los abuelos los que realmente hacen
esta función. Con este fin
se ha de exhortar a los padres y a
las familias a que elijan bien a los
padrinos, de acuerdo con las condiciones
exigidas por la Iglesia en el Código
de Derecho Canónico190. Su
misión primordial consistirá
en que los apadrinados recorran con
fidelidad el proceso de la Iniciación
cristiana, y en ayudar o suplir a
los padres, en cuanto sea necesario,
en la tarea de la educación
en la fe de los niños que han
sido bautizados.
Atención
a situaciones especiales
79 Por otra
parte, cada día son más
frecuentes los casos de padres que
se encuentran en situación
eclesialmente irregular -divorciados
casados de nuevo, padres cristianos
no casados o casados civilmente, madres
solteras...- y que, no obstante, solicitan
el Bautismo para sus hijos. Hay que
partir del principio de que la situación
moral o legal de los padres no incide,
de por sí, en la cuestión
del bautismo de su hijo. Ciertamente,
la situación irregular puede
ser un motivo para interrogarse sobre
la educación cristiana, que
tales padres puedan dar a sus hijos,
aunque no siempre ni necesariamente.
El sacerdote deberá prestarles
una atención especial, en un
diálogo sincero y respetuoso
según las circunstancias. El
Bautismo de los hijos puede ser la
ocasión para invitarles a una
regularización de su situación,
poniendo en práctica los principios
y pautas pastorales que el Papa Juan
Pablo II indica en la Exhortación
Apostólica Familiaris Consortio.191
80 En el caso
de hijos de matrimonios mixtos, o
de padres de diferente religión,
musulmanes por ejemplo, lo cual no
es infrecuente entre nosotros, se
presentan dificultades especiales,
y requiere un tratamiento doctrinal
y pastoralmente lúcido. En
estos casos y en todos aquellos en
los que los padres se muestran indiferentes
al Bautismo de su hijo y, sin embargo,
no se oponen a él, para proceder
a la celebración del sacramento
habrá que contar con algunas
garantías de que al niño
le será dada una educación
católica, exigida por el sacramento,
e impartida por algún miembro
de la familia o por el padrino o la
madrina, o por algún miembro
de la comunidad parroquial. En este
sentido debe estimarse que ante una
promesa, que ofrezca una esperanza
fundada de educación cristiana,
ésta ha de ser considerada
como suficiente.192
81 Sólo
cuando las garantías son insuficientes,
será prudente retrasar el Bautismo.
Pero los pastores deberán mantenerse
en contacto con los padres, de manera
que pueda llegarse, si es posible,
a las condiciones requeridas para
la celebración del Bautismo.
Si tampoco se lograra esta solución,
se podrá proponer como último
recurso la inscripción del
niño con miras a un catecumenado
en su época escolar; dicha
inscripción, sin embargo, no
debe ir acompañada por un rito
creado al efecto, que sería
fácilmente tomado como equivalente
al mismo sacramento. Debe quedar bien
claro, además, que la eventual
demora que pudiera ser necesaria en
ausencia absoluta de garantías
suficientes no es un medio de presión,
sino la ocasión de un diálogo
más intenso con la familia193.
La Iglesia no renuncia a cumplir el
mandato misionero de Cristo.
La celebración
del Bautismo
82 El notable
esfuerzo pastoral que se ha venido
haciendo desde la entrada en vigor
del Ritual del Bautismo de Niños
en el año 1970 debe incluir
también la atención
a la misma celebración. Ésta
ha de tener siempre carácter
verdaderamente participativo, religioso
y familiar en la que el canto, las
respuestas y el oportuno silencio
suelen ser decisivos194. En la preparación
de la celebración, además
del carácter mistagógico
que le corresponde, habrá que
buscar la colaboración en la
selección de las lecturas bíblicas,
de las cuales una por lo menos tiene
que referirse explícitamente
al bautismo. Igualmente conviene explicar
que la renuncia y la profesión
de fe que se hace en el bautismo de
los párvulos es, en el Ritual
actual, una renovación de las
promesas bautismales de los padres
y padrinos, y no una suplencia de
lo que son incapaces de hacer los
que son bautizados.
83 Todos los
momentos de la celebración
han de llenarse de su sentido y manifestar
con la autenticidad de su realización,
más que con explicaciones verbales,
que tras lo visible actúa la
gracia invisible. Cuídese de
no omitir ningún rito que privaría
a los fieles de la oportuna mistagogia
que en él puede apoyarse: la
recepción y señal de
la cruz, el anuncio de la Palabra
de Dios, con la homilía adecuada,
el canto del salmo, los exorcismos
y la unción de los catecúmenos,
la bendición del agua bautismal
(o la acción de gracias por
el agua ya bendecida, en tiempo pascual),
los ritos esenciales, la unción
con el Crisma, la imposición
de la vestidura blanca, la entrega
del cirio, la oración dominical
que anuncia la participación
eucarística y la bendición
solemne. La tradicional salutación
a la Virgen Madre de Dios es una forma
sencilla y popular de evocar la maternidad
de Maria sobre los hijos de Dios.
84 El lugar
propio de la celebración del
Bautismo, fuera del caso de necesidad,
es el templo u oratorio, en primer
lugar la iglesia catedral, y la iglesia
parroquial, que siempre ha de tener
pila bautismal. Como norma general,
el niño debe ser bautizado
en la iglesia parroquial de sus padres,
a no ser que una causa justa aconseje
otra cosa195. Téngase en cuenta
lo que se ha dicho más arriba
acerca de la parroquia como el "lugar"
habitual de la Iniciación cristiana
y sobre el significado de la pila
bautismal196. En cuanto al tiempo
de la celebración del Bautismo,
es aconsejable que, de ordinario,
se administre el domingo o, si es
posible, en la Vigilia pascual197.
Dado el carácter de la Cuaresma
como tiempo de preparación
al Bautismo de los catecúmenos
y de renovación de la conciencia
bautismal de los fieles, puede ser
oportuno, según las circunstancias
a determinar en cada diócesis
y el respeto a las situaciones de
necesidad de algunas familias, la
determinación de que durante
la cuaresma no se celebre el sacramento,
para que la Vigilia pascual y el día
de la Resurrección aparezcan
como el "día bautismal
por excelencia".198
B. El Sacramento
de la Confirmación
Valoración
de la pastoral de la Confirmación
85 La Confirmación
en otros tiempos era administrada
habitualmente cuando el Obispo llegaba
a una parroquia con motivo de la visita
pastoral, lo mismo a niños
muy pequeños que a jóvenes
o a adultos. En la actualidad, la
normativa canónica universal
señala la administración
de la Confirmación "en
torno a la edad de la discreción,
a no ser que la Conferencia Episcopal
determine otra edad"199. Tampoco
debe olvidarse que los católicos
que no hayan recibido el sacramento
de la Confirmación, deben recibirla
antes de ser admitidos al Matrimonio,
con el fin de completar la Iniciación
cristiana, siempre que pueda hacerse
sin dificultad grave200. En España
la Conferencia Episcopal Española,
por Decreto de 25 de Noviembre de
1983, fijó "como edad
para recibir el sacramento de la Confirmación
la situada en torno a los catorce
años, salvo el derecho del
Obispo diocesano a seguir la edad
de la discreción a que hace
referencia el c. 891".201
86 Entre los
frutos de la renovación conciliar
la pastoral del sacramento de la Confirmación
ocupa un lugar destacado. La celebración
de este sacramento se ha convertido
en uno de los momentos más
importantes de la acción pastoral
con las nuevas generaciones, mediante
la asistencia de adolescentes y jóvenes
a las catequesis que los preparan,
durante un tiempo prolongado. La celebración
de este sacramento ha mejorado notablemente
también en muchos aspectos.
Es justo reconocerlo, de manera que
esta pastoral sigue ofreciendo muchos
motivos para la esperanza, aunque
no debería sustituir la pastoral
juvenil propiamente dicha202.
Motivos
de reflexión
87 Sin embargo,
tras estos años de experiencia
se constata una cierta insatisfacción,
de manera que, especialmente en las
diócesis más urbanas,donde
el número de candidatos está
descendiendo, es acuciante la pregunta:
"¿Cuáles son los
verdaderos resultados positivos de
esta práctica actual? La creatividad
en las propuestas e iniciativas pastorales
para después de la Confirmación
es variada y rica, pero sólo
un pequeño porcentaje de confirmados
continúa su proceso de formación
cristiana hasta la edad adulta. ¿Más
o menos que si se hubiesen confirmado
en la edad del "uso de razón"?
Es una pregunta que por ahora no tiene
respuesta firme y cierta, pues en
el tiempo en el que se ha desarrollado
esta experiencia, ha cambiado tanto
la situación cultural en la
que se desenvuelven el adolescente
y el joven que no es posible una comparación
seria y rigurosa.
La práctica
actual de la Iglesia católica
ha tenido también consecuencias
en el ámbito del diálogo
ecuménico, sobre todo porque
esta práctica ha sido interpretada
como la alteración del orden
tradicional de los sacramentos de
la Iniciación cristiana, incluso
dentro de la propia tradición
litúrgica occidental. El diálogo
ecuménico ha permitido clarificar
la cuestión, ya que los elementos
sacramentales persisten y se mantienen
en su propia identidad, por lo que
las relaciones necesarias entre los
tres sacramentos no se ven, en principio
y necesariamente, afectadas.
No obstante
un motivo relativamente nuevo que
invita a la reflexión sobre
la práctica actual es también,
por una parte, el cambio en los planes
educativos que ha creado situaciones
nuevas, al obligar a los niños
a desplazarse de sus lugares de residencia
familiar y, por tanto, de sus parroquias,
para seguir la enseñanza secundaria;
y por otra parte el hecho de que la
insistencia casi exclusiva en los
años de la preparación
crea no pocas dificultades para la
perseverancia.
Aspectos
doctrinales de la catequesis de Confirmación
88 Para los
pastores de la Iglesia es motivo de
preocupación la existencia
y la utilización de materiales
catequéticos que, sin marginar
completamente los contenidos propios
de la catequesis relativa al sacramento
de la confirmación, parecen
estar más preocupados por dar
respuesta a la problemática
humana y psicológica de la
adolescencia, o que no cuentan con
la debida aprobación eclesiástica.
Este es un punto que requiere especialmente
la vigilancia de los responsables
diocesanos. Por otra parte, al haberse
prescindido prácticamente de
la posibilidad de celebrar la Confirmación
al llegar la edad de la discreción,
se puede dar la impresión de
que carece de sentido el celebrar
este sacramento cuando el sujeto no
es consciente, como puede ser el caso
de los discapacitados, o de los niños
en peligro de muerte, o incluso de
personas ancianas. Otra confusión
que puede producirse a la larga es
el avalar la práctica actual
únicamente en motivos de oportunidad
pastoral, aunque se mantengan las
razones teológicas en favor
del orden de los sacramentos de la
Iniciación. En realidad deben
sopesarse las razones teológicas
como elemento importante de la práctica
pastoral.203
89 La Comisión
para la Doctrina de la Fe de la Conferencia
Episcopal Española, publicó
hace unos años, con la aprobación
de la Asamblea Plenaria, una Nota
sobre algunos aspectos doctrinales
del sacramento de la Confirmación204
que se deben tener en cuenta tanto
en la preparación catequética
como en la celebración del
sacramento de la Confirmación,
"a fin de salvaguardar, en todo
momento, la verdadera naturaleza de
este sacramento y el lugar propio
que le corresponde en la vida de la
Iglesia y de los creyentes. Los avances
pastorales podrían perderse
si el aspecto estrictamente sacramental
de la Confirmación pasase a
un segundo plano en beneficio de otros
aspectos que, aunque importantes,
no tienen de suyo la primacía".205
90 En síntesis,
estos aspectos son:
1. El sacramento
de la Confirmación es uno
de los tres sacramentos de la
Iniciación cristiana; en
consecuencia, "todos los
bautizados deberían ser
convocados a recibir este sacramento
que no puede entenderse como un
sacramento de élites o
sólo para grupos de selectos".206
2. El sacramento de la Confirmación
ha de entenderse como un don gratuito
de Dios, sin reducirlo a una pura
y simple ratificación personal
del Bautismo recibido y de la
fe y compromisos bautismales;
por tanto, "el esfuerzo de
la preparación no deberá
oscurecer nunca sino realzar la
primacía del don que Dios
otorga con el sacramento. La Confirmación,
aunque implica necesariamente
la libre respuesta del creyente
que tiene uso de razón
es, ante todo, un don gratuito
de la iniciativa salvadora de
Dios".207
3. La Confirmación no significa
minusvaloración del Bautismo
de los párvulos. No se
puede, pues, partir de cero "como
si nada le hubiese ocurrido al
candidato en su Bautismo y en
su primera catequesis... Sin embargo
éstos pueden encontrarse
a veces en tal situación
que requiere un proceso previo
de evangelización, en el
sentido estricto de esta palabra,
para que pueda aflorar en ellos
el don de Dios que recibieron
en el Bautismo y en los otros
sacramentos".208
4. "La Pastoral de la Confirmación
tiene como meta, muy en primer
término, llevar al confirmando
a participar plena y activamente
en el banquete eucarístico,
ya que, como consideran la Tradición
y la liturgia, la Confirmación
está específica
y directamente ordenada a la Eucaristía"209.
"La Confirmación se
tiene ordinariamente dentro de
la Misa, para que se manifieste
más claramente la conexión
de este sacramento con toda la
Iniciación cristiana, que
alcanza su culmen en la Comunión
del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.
Por esta razón los confirmados
participan de la Eucaristía,
que completa su Iniciación
cristiana".210
5. La confirmación es prolongación
del acontecimiento de Pentecostés,
por eso acentúa la dimensión
eclesial y misionera de la vocación
bautismal, en íntima conexión
con el acontecimiento pascual,
con el que forma una unidad inescindible.
Esta dimensión eclesial
presupone que la catequesis preparatoria
transmite "la fe íntegra
de la Iglesia, sin los silencios
ni omisiones" de algunas
partes de la confesión
de la fe y de la moral evangélica.
Por la dimensión misionera
se transmite la fe recibida implicándose
en ello a la persona del misionero,
del enviado, en sintonía
con el que envía, el Señor.
Por eso, la catequesis de este
sacramento, habrá de iniciar
"a la oración, como
dimensión fundamental de
la existencia cristiana..., deberá
transmitir la enseñanza
moral de la Iglesia... y la necesidad
de la conversión a lo largo
de toda la vida..., [y] descubrir
a qué vocación y
servicio determinados Dios llama
a cada uno en la Iglesia".211
Estas notas,
de carácter doctrinal, piden
atención sobre algunas prácticas
catequéticas y litúrgicas,
independientemente del momento y de
la edad en la que se celebre el sacramento.212
La Confirmación
en la adolescencia y juventud
91 Situar la
celebración del Sacramento
de la Confirmación en torno
a los 14 años, como determina
el Decreto de la Conferencia Episcopal
Española, posibilita que la
educación cristiana de las
nuevas generaciones no se cierre con
la Primera Comunión y se pueda
abrir a un planteamiento catecumenal
consciente y libremente asumido. En
este contexto la Confirmación
aparece también como "sacramento
de la fe" del sujeto que desea
incorporarse de manera más
plena a la vida de la Iglesia. Los
adolescentes y los jóvenes
son sensibles a la experiencia religiosa
que significa el "don del Espíritu",
aun con las contradicciones a veces
de la edad juvenil. El proceso catequético
de los adolescentes y de los jóvenes
se ve también fortalecido por
la presencia de los elementos litúrgicos
de la preparación de la celebración
de la Confirmación, con lo
que la catequesis y la liturgia se
ayudan mutuamente. Por otra parte,
en el conjunto de la pastoral de la
Iniciación cristiana, la atención
a los adolescentes y a los jóvenes
desplaza hacia ellos esta atención
pastoral que, en el momento del Bautismo
y en alguna medida en el de la Primera
Eucaristía, está más
orientada a los padres.
92 La Confirmación
tiene un cierto poder de convocatoria,
y al hacerlo en otra etapa de la vida
del bautizado, le ofrece de hecho
una nueva y actualizada propuesta
de formación cristiana. También
se considera positivo celebrar la
Confirmación en la adolescencia
para poder resaltar la decisión
personal en el seguimiento de Cristo
y en la vocación al testimonio
cristiano, así como la incorporación
a tareas apostólicas en la
Iglesia y en la sociedad, como fruto
de un renovado Pentecostés.
Esta propuesta es inherente a la naturaleza
de este sacramento, se adapta bien
al momento psicológico del
adolescente que quiere afirmar su
personalidad, y hacer suya la "herencia
recibida", así como orientar
su vida en una vocación y profesión.
Con esta experiencia se han cosechado
en algunas Iglesias buenos frutos
apostólicos en unos tiempos
muy difíciles para convocar
y reunir adolescentes y jóvenes
en torno al misterio de Cristo en
la Iglesia
93 Habrá
que evitar con cuidado, sin embargo,
al subrayar los aspectos positivos
señalados antes, que la Confirmación
sea considerada como una ratificación
personal que convalida el Bautismo213,
o como una opción personal
que son capaces de asumir sólo
unos pocos, y no como el "don"
gratuito del Espíritu Santo
derramado sobre la Iglesia, que todo
bautizado está llamado a recibir.
Junto al interés por la adecuada
formación catequética,
es preciso cuidar también que
los adolescentes estén incorporados
a la vida de la comunidad cristiana,
en primer lugar por la participación
en la asamblea eucarística
dominical de manera habitual.214
La Confirmación
antes de la primera Eucaristía
94 En el Decreto
de la Conferencia Episcopal Española
antes aludido se mantiene plenamente
el derecho del Obispo diocesano a
seguir la edad de la discreción
a que hace referencia el canon 891
del Código de Derecho Canónico.
Es preciso tomar en cuenta que el
Catecismo de la Iglesia Católica,
subraya la unidad y la relación
de la Confirmación con los
otros dos sacramentos de iniciación215;
coloca siempre la Confirmación
entre el Bautismo y la Eucaristía,
incluso al referirse a la práctica
occidental216 y, al hablar de la edad
de la confirmación, situada
en la edad del "uso de razón",
silencia la costumbre más extendida
de celebrarla en la edad de la adolescencia217.
Además, recuerda expresamente
que la "Eucaristía culmina
la Iniciación cristiana".218
95 La celebración
de la Confirmación en torno
a la edad de la discreción,
como señala el canon 891, supone
seguir el itinerario sacramental del
bautizado y situar el sacramento del
Espíritu dentro de la dinámica
de la preparación a la Primera
Eucaristía. Puede pensarse
que esta opción, coherente
también con el Decreto de la
Conferencia Episcopal Española,
pone más fácilmente
de relieve el sentido mismo de los
sacramentos de la iniciación
en relación con la Eucaristía
hacia la que se orientan y en la que
alcanzan su culminación. De
este modo el bautizado y confirmado,
se incorpora de manera progresiva
y más clara al misterio de
Cristo y de la Iglesia, aspecto especialmente
significado y realizado en la celebración
eucarística.
96 El sacramento
de la Confirmación aparece
así más definido en
su relación con el Bautismo
y con la Eucaristía, tal como
se mantiene en la tradición
común a Oriente y a Occidente,
especialmente en la Iniciación
cristiana de los adultos. Es decir,
aparece más claro el nexo que
une Pentecostés a la Pascua,
y la Confirmación al Bautismo,
así como queda más evidenciado
el carácter de asamblea del
pueblo "sellado por el Espíritu"219
propio de la asamblea eucarística.
Por otra parte, el conferir la Confirmación
en una edad más temprana, es
un acto de confianza en la capacidad
real de los niños de percibir
la gratuidad del "don del Espíritu"
otorgado a los bautizados, para perfeccionar
la gracia de la filiación divina
adoptiva y ayudarlos en el proceso
de su crecimiento en la fe.
Algunas
advertencias
97 Ahora bien,
aparte las dificultades que pueda
entrañar en una diócesis
un cambio de práctica, desde
el punto de vista de las determinaciones
pastorales y de los programas de catequesis
y de iniciación litúrgica
en las comunidades locales, es evidente
que habría de evitarse que
la Iniciación cristiana quedara
reducida a la etapa de la infancia
y de la preadolescencia. Pues de la
misma manera que la primera participación
de los niños en la Eucaristía
no puede significar como principio
la conclusión de la catequesis,
así también se debería
asegurar la permanencia de los confirmados
en el proceso de su formación
en la fe y en los restantes aspectos
de la vida cristiana, emprendiendo
las iniciativas que sean necesarias
en favor de la pastoral de adolescencia
y juventud. Habrá que evitar
en cualquier caso, tanto en una u
otra opción, que la Confirmación
quede afectada por la instrumentalización
social de que es objeto actualmente
la celebración de la Primera
Eucaristía.
98 Asímismo,
en la hipótesis de la celebración
de la Confirmación antes de
la Primera Comunión, para recoger
los aspectos positivos que la experiencia
hoy habitual ha tenido, se puede proponer
que, al término de las etapas
catecumenales de la adolescencia y
de la juventud, se haga una celebración
con la renuncia y profesión
de fe bautismales, de forma destacada,
en medio de la comunidad y a una con
ella, en la noche pascual o en la
solemnidad de Pentecostés,
clausurando así el tiempo de
Pascua.
La celebración
de la Confirmación
99 La celebración
del sacramento de la Confirmación
en Occidente ha subrayado con la presidencia
del Obispo la vinculación de
la Iniciación cristiana a la
Iglesia particular y universal.
La celebración
del sacramento de la Confirmación
reviste un significado especial en
todas nuestras comunidades, pues es
de suyo presidida por el Obispo, ministro
originario y ordinario del sacramento220.
Aunque, por razones graves el Obispo
puede conceder a presbíteros
la facultad de confirmar, "es
conveniente, por el sentido mismo
del sacramento, que lo confiera él
mismo, sin olvidar que por esta razón
la celebración de la Confirmación
fue separada del Bautismo. Los obispos
son los sucesores de los apóstoles
y han recibido la plenitud del sacramento
del Orden. La administración
de este sacramento por ellos mismos
pone de relieve que la Confirmación
tiene como efecto unir a los que la
reciben más estrechamente a
la Iglesia, a sus orígenes
apostólicos y a su misión
de dar testimonio de Cristo"221.
No obstante, pueden presentarse circunstancias
especiales, fuera del proceso normal
de iniciación, que reclamen
celebrar este sacramento antes de
la "edad de la discreción"
o después de recibida la Eucaristía,
en "peligro de muerte o, a juicio
del ministro, una causa grave..."222
Tales excepciones tienen como fin
la administración de la celebración
de la Confirmación a todos
los bautizados.
100 La Confirmación
se realiza con el santo Crisma, consagrado
el Jueves Santo por el Obispo, el
cual invoca una especial presencia
del Espíritu Santo con una
referencia expresa a los que van a
ser ungidos. De ahí la importancia
de la "consagración del
Crisma", como rito que de alguna
manera precede a la Confirmación223.
En el rito de la Confirmación
se han de destacar la "renovación
de las promesas del Bautismo",
que expresa el lazo entre estos dos
sacramentos; la "imposición
de manos" general con la oración
que la acompaña, verdadera
epíclesis sobre todos los confirmandos;
el gesto esencial del sacramento,
con la unción del Crisma y
las palabras que la acompañan;
el beso de paz como signo de comunión
eclesial, y la comunión bajo
las dos especies, especialmente significativa
en la Misa de la Confirmación.
A la dignidad con que siempre se han
de celebrar las acciones litúrgicas
y a la expresividad que han de cobrar
en el proceso de la Iniciación
cristiana se une aquí, de ordinario,
el carácter ejemplar que han
de tener las celebraciones presididas
por los obispos.224
C. El Sacramento
de la Eucaristía
La preparación
para la Primera Comunión
101 "La
Eucaristía es el compendio
y la suma de nuestra fe: 'nuestra
manera de pensar armoniza con la Eucaristía,
y a su vez la Eucaristía confirma
nuestra manera de pensar' (S. Ireneo)"225.
Desde las decisiones de San Pío
X, se señala la "edad
del discernimiento" y "uso
de razón" para participar
en la Eucaristía por primera
vez. En esos años en los que
el niño inicia su infancia
adulta, los pedagogos proponen programas
amplios de educación conocedores
de la gran capacidad de asimilación
y de aprendizaje de los niños
en esta edad. Los padres y catequistas
coinciden en reconocer al niño
de esa edad una conducta equilibrada,
que se adapta progresivamente a las
enseñanzas que recibe, y crece
en su vida de fe a través de
la inserción en la comunidad,
de la oración y de la participación
litúrgica.
102 Por todo
ello la Iglesia, especialmente desde
los tiempos del Papa S. Pío
X, ha privilegiado esos años
para introducir a sus hijos más
pequeños en la Comunión
eucarística. Para ello requiere
"que tengan suficiente conocimiento
y hayan recibido una preparación
cuidadosa, de manera que entiendan
el misterio de Cristo en la medida
de su capacidad, y puedan recibir
el Cuerpo del Señor con fe
y devoción"226. Por eso,
no les exige una preparación
superior o unos conocimientos completos
de la doctrina cristiana, al considerar
que se encuentran y se mantendrán
en la etapa básica de formación
catequética y de iniciación
en todos los aspectos de la vida cristiana.
En modo alguno la primera participación
eucarística clausura la catequesis,
sino que debe ser contemplada como
una verdadera iniciación sacramental
en el Misterio eucarístico
para quienes, hechos ya hijos de Dios
por el Bautismo, pueden comenzar a
percibir ya las realidades de la salvación,
según su capacidad y bajo la
acción del Espíritu
Santo.
Un deber
importante
103 Por este
motivo, "los padres en primer
lugar y quienes hacen sus veces, así
como también el párroco,
tienen obligación de procurar
que los niños que han llegado
al uso de razón se preparen
convenientemente y se nutran cuanto
antes, previa confesión sacramental,
con este alimento divino"227.
De este modo la Iglesia ejerce su
maternidad, iniciada en el Bautismo,
preparando a estos pequeños
por la Penitencia según su
propia capacidad y conduciéndolos
hacia la mesa del Señor, para
alimentarlos con la Palabra divina
y con el Cuerpo de Cristo en la comunidad
de los hermanos.228
En muchos casos
la Iglesia tiene que atender, incluso
el despertar a la fe, que no se ha
dado en el seno de la familia; pero
en todo caso, al disponer lo necesario
para esta primera participación
eucarística, lo hace convencida
de que los rasgos que definen la vida
cristiana, deben estar ya de algún
modo presentes desde la edad infantil.
Por eso ofrece a los pequeños
una esmerada preparación, a
la que ha de seguir un tiempo de catequesis
para después de la primera
comunión a fin de que los niños
puedan ser introducidos en una primera
síntesis de la fe. Cuanto se
ha dicho más arriba acerca
de la dimensión mistagógica
de la catequesis, tiene especial aplicación
en este momento. En este sentido es
muy importante entender que la preparación
para la Primera Eucaristía
ha de comprender también la
iniciación litúrgica
y un cierto hábito de asistencia
a la Misa dominical.229
La celebración
de la primera Eucaristía
104 La Iglesia
celebra con gozo, en las familias
y en las parroquias, la plena incorporación
de nuevos hijos a la celebración
y participación en la Eucaristía,
que significa y realiza la comunión
de vida con Dios y la unidad del Pueblo
de Dios por las que la Iglesia es
ella misma230. Sin embargo, el peso
social que rodea hoy la celebración
de la Primera Comunión es un
factor que oculta en no pequeña
medida tanto el valor de la Iniciación
cristiana como el de su sentido eclesial.
A pesar de los generosos y positivos
esfuerzos de muchas comunidades, no
siempre se consigue salvar estas dificultades.
En toda celebración
de la Primera Comunión, que
ritualmente no se distingue de cualquier
otra celebración eucarística,
se ha de poner todo el énfasis
en destacar, mediante los mismos signos
de la liturgia, la conexión
íntima entre los tres sacramentos
de la iniciación, así
como con la ulterior vida cristiana.
No obstante hay que recomendar que
la primera participación en
la Eucaristía se produzca después
de una conveniente iniciación
en la celebración eucarística
según las indicaciones del
Directorio para las Misas con Niños
de la Congregación para el
Culto Divino, del 1 de Noviembre de
1993. En dicho Directorio se pueden
encontrar sugerencias para la Misa
en la que tienen lugar las primeras
comuniones, sobre todo en relación
con el canto, el desarrollo de algunos
ritos y el uso de las plegarias eucarísticas..
105 La riqueza
que lleva consigo la primera participación
eucarística puede, sin embargo
frustrarse en gran medida, si es considerada
como un acto independiente de todo
el proceso de la Iniciación
cristiana. Vaya o no precedida de
la Confirmación, es evidente
que no significa en modo alguno el
final del crecimiento y de la maduración
progresiva en la fe y en los restantes
aspectos del ser cristiano. Una vez
celebrada la "Primera Comunión"
la participación del niño,
del adolescente y del joven en la
Eucaristía especialmente la
dominical, es parte sustantiva de
su proceso de Iniciación cristiana.
En la Eucaristía es el mismo
Jesucristo resucitado quien le incorpora
a su vida y misión, introduciéndolo
como piedra viva en la construcción
de la Iglesia.
Fuente y
cima de la Eucaristía
106 Por eso
no puede realizarse un proceso de
Iniciación cristiana de niños,
adolescentes y jóvenes, si
no tiene en la Eucaristía su
fuente y su cima. En los directorios
diocesanos habrá que subrayar
-como de hecho ya se hace en los existentes-
la importancia de la celebración
eucarística y de la participación
frecuente en ella de los niños
que en la "postcomunión"
se educan para alcanzar una primera
síntesis de la fe, así
como en la preparación catequética
al sacramento de la Confirmación,
si se hace alrededor de los catorce
años, y en la educación
en la fe de adolescentes y jóvenes.
En efecto,
la Iniciación cristiana se
completa no sólo cuando se
reciben los tres sacramentos de la
iniciación, sino también
cuando el que ha recibido en el Bautismo
el don de la fe junto con los otros
dones divinos, conoce esa fe en la
catequesis y está capacitado
para confesarla y dar testimonio de
ella delante de los hombres231. La
formación básica de
la fe, recibida durante los años
de la Iniciación cristiana,
se abre y se prolonga en la educación
permanente de esa misma fe en el seno
de la comunidad cristiana.232
D. El sacramento
de la Penitencia
107 La preparación
y la celebración de la "primera
confesión" de los niños
bautizados hay que enmarcarla no sólo
como requisito previo a la confirmación
y a la "primera comunión"
sino como parte integrante de la Iniciación
cristiana. Para ello se debe establecer
en la catequesis preparatoria una
firme conexión entre el sacramento
del Bautismo y este "segundo
bautismo" en el que Jesús
nos trae el perdón de Dios
Padre y la Iglesia nos perdona en
nombre de Jesús233. En un itinerario
de carácter catecumenal, la
preparación y celebración
de este sacramento debe inspirarse
del "segundo grado" de la
Iniciación cristiana o tiempo
de purificación e iluminación,
destinado a la preparación
del espíritu y del corazón,
realidades que están al alcance
de los niños, con la ayuda
de Dios.
108 Sin penitencia,
las fases postbautismales del proceso
de iniciación se desarrollan
defectuosamente, porque a la vez permanecen
en el bautizado la realidad del pecado
y de la gracia, que siempre acompañan
al fiel en este mundo y que hacen,
por lo tanto, que siempre el fiel
cristiano necesite de la penitencia,
para que la gracia venza y se desarrolle
expedita. Por la penitencia, el niño,
el adolescente y el joven se van educando
para la continua lucha contra el pecado
y contra el Maligno, prolongación
de las renuncias bautismales, porque
siempre "a la puerta está
el pecado acechando como fiera que
te codicia, y a quien tienes que dominar"234.
Esto no es ceder a una concepción
pesimista de la vida, sino caer en
la cuenta de que el ser humano se
diluye, carece de sentido, desligado
de Dios y su gracia pero en Cristo
se restaura internamente todo el hombre
hasta la redención del cuerpo.
La celebración
de la Penitencia
109 Atendiendo
a la condición de estos bautizados,
niños, adolescentes, jóvenes
o adultos, ha de procurarse que la
celebración del perdón
y de la reconciliación sea
verdaderamente expresiva y eclesial
desde el punto de vista litúrgico.
La celebración puede tener
carácter iniciático,
sobre todo en el caso de los niños.
El modo más apropiado para
realizar esta iniciación son
las celebraciones penitenciales no
sacramentales, que pueden dar paso
a la "Reconciliación de
varios penitentes con confesión
y absolución individual",
tal como se describe en el Ritual
de la Penitencia. Pero sin descartar
la "Reconciliación de
un solo penitente", que deberá
ser ofrecida y facilitada oportunamente.
Es muy conveniente que, antes de acceder
a la participación eucarística,
los niños hayan celebrado más
de una vez el sacramento de la Penitencia.
Este sacramento, por otra parte, cuya
celebración viene requerida
no sólo por motivos personales
sino también por el espíritu
de los diferentes tiempos litúrgicos,
debe estar presente de manera periódica
en el proceso catequético de
los adolescentes y de los jóvenes.
110 En la catequesis
y en la práctica de este sacramento
se ha de seguir el Ritual, teniendo
muy presente el valor que en el mismo
se otorga a la Palabra de Dios que
llama a conversión; a la manifestación
concreta de los pecados, a la contrición
y a la aceptación de la penitencia,
todo ello en el diálogo de
la confesión, que tendrá
lugar sin coacciones ni prisas; seguidamente,
con "la oración del penitente",
con la imposición de manos
y absolución; finalmente, a
la acción de gracias y despedida
del penitente. Los actos de penitencia
han de "acomodarse a cada penitente,
para que cada uno repare así
el orden que destruyó y sea
curado con una medicina opuesta a
la enfermedad que le afligió".235
3. INICIACIÓN
CRISTIANA DE ADULTOS
111 En el primer
capítulo de estas orientaciones
subrayábamos la necesidad de
llevar a cabo en nuestras Iglesias
particulares una renovación
de la pastoral de la Iniciación
cristiana abarcando todas las edades,
como respuesta a una situación,
en la que, junto a un pequeño
número de personas no bautizadas
que piden el bautismo, se constata
la existencia de numerosos adultos
bautizados que necesitan fundamentar
su fe y, en algunos casos, completar
la Iniciación cristiana con
la recepción de los sacramentos
de la Confirmación y de la
Eucaristía. Estos datos nos
conducen a plantear en estas orientaciones
pastorales dos propuestas de Iniciación
cristiana de adultos: la primera dirigida
a los no bautizados, basada en el
Ritual de la Iniciación Cristiana
de Adultos, adaptado a España;
y la segunda que debe ofrecerse a
los ya bautizados pero que necesitan
completar la Iniciación cristiana.
De este modo se ayuda a las Iglesias
particulares en la elaboración
del itinerario de Iniciación
cristiana de adultos que recomienda
el Directorio General para la Catequesis.236
A. La Iniciación
cristiana de adultos no bautizados
Adaptación
del RICA a nuestra peculiares circunstancias237
112 El Código
de Derecho Canónico trata de
la Iniciación cristiana de
adultos no bautizados en el título
dedicado a la actividad misional de
la Iglesia.238 En ese contexto encarga
a las Conferencias Episcopales "publicar
unos estatutos por los que se regule
el catecumenado, determinando qué
obligaciones deben cumplir los catecúmenos
y qué prerrogativas se les
reconocen".239
En otro lugar
determina que "el adulto que
desee recibir el bautismo ha de ser
admitido al catecumenado y, en la
medida de lo posible, ser llevado
por pasos sucesivos a la iniciación
sacramental, según el ritual
de iniciación adaptado por
la Conferencia Episcopal y atendiendo
a las normas peculiares dictadas por
la misma".240
113 Las competencias
del Obispo en la Iniciación
cristiana de los adultos están
descritas en el RICA.241 En todo caso
téngase en cuenta que se ha
de reservar al Obispo el bautismo
de adultos, "por lo menos el
de aquellos que han cumplido catorce
años, para que lo administre
él mismo, si lo considera conveniente".242
La Conferencia
Episcopal Española todavía
no ha elaborado el estatuto del catecúmeno,
pero la traducción, publicación
y estudio del Ritual de Iniciación
cristiana de Adultos ha posibilitado
hasta ahora atender a los adultos
no bautizados que han pedido su incorporación
al Misterio de Cristo en la Iglesia.
Dicho Ritual en la actualidad está
en curso de revisión y de adaptación.
114 Teniendo
en cuenta que los bautismos de adultos
son ordinariamente pocos, hasta ahora,
en nuestras Iglesias diocesanas, realizándose
su iniciación catecumenal y
la celebración de los sacramentos
de manera individualizada, la nueva
edición del RICA ofrecerá,
en primer término, no el modelo-tipo
de iniciación cristiana de
adultos "distribuido en sus grados
o etapas", según se recoge
en el capítulo primero de la
edición típica latina,
sino la Forma simplificada de la iniciación
de un adulto en tres etapas (capítulo
segundo de la edición típica)243.
El discernimiento pastoral ha hecho
aconsejable utilizar ya este modelo
cuando una persona adulta ha pedido
el Bautismo para contraer matrimonio
canónico con un cónyuge
católico, o por haberse incorporado
a una comunidad cristiana o a un movimiento
apostólico. En estas y en otras
circunstancias parecidas, es conveniente
abreviar las etapas preparatorias
y pedir al que va a recibir los sacramentos
de la iniciación una continuidad
en su formación cristiana dentro
de la comunidad o movimiento al que
pertenece, o en relación con
su cónyuge con el que, por
el sacramento del matrimonio, va a
formar como una "iglesia doméstica".
115 En las
presentes Orientaciones señalamos
el itinerario de Iniciación
cristiana de los adultos no bautizados,
teniendo presente las circunstancias
más comunes entre nosotros.
En primer lugar exponemos la "forma
simplificada" y, después,
el itinerario "por etapas o grados"
según el modelo típico
que se propone cuando existe un número
suficiente de catecúmenos.
Como base para ambos itinerarios remitimos
a la Primera Parte de estas Orientaciones
en la que se presentó el Ritual
de Iniciación cristiana de
Adultos como modelo de referencia
para todo itinerario244. Ahora nos
limitamos a subrayar algunos aspectos.
1) Itinerario
según la forma simplificada
en tres etapas
116 La forma
simplificada de la iniciación
de un adulto en tres etapas comprende:
|
a) El
"rito de admisión
a la catequesis", al comienzo
de las sesiones catequéticas,
con el cual se entra en la primera
etapa o tiempo del catecumenado,
una vez que se ha dialogado
con la persona que pide el Bautismo
y se le ha señalado un
garante.
|
|
b) Después de un tiempo
de catequesis, llega el momento
en que el catecúmeno, instruido
en la fe cristiana, puede ya prepararse
para la celebración de
los sacramentos. Es el momento
de la segunda etapa o tiempo de
purificación o iluminación,
etapa en la que se realizan "los
ritos de la elección y
de preparación para los
sacramentos". Se pueden,
además, añadir en
esta etapa reuniones de oración
y la participación del
catecúmeno en la liturgia
penitencial de la comunidad, así
como los ritos del tiempo de la
iluminación o purificación:
escrutinios y entregas del "Símbolo
de la fe" y de la "oración
dominical". |
|
c) Finalmente, en la tercera etapa,
se celebran los sacramentos, en
la Vigilia pascual o en un domingo,
y se entra en la mystagogia, en
cuanto esto resulte posible.245 |
117 La forma
simplificada debe aplicarse de manera
que no se prive al candidato al bautismo
de los beneficios de una preparación
más larga246. La aplicación,
pues, de este itinerario simplificado
a un catecúmeno o a un grupo
de catecúmenos debe plantearse
con los mismos objetivos en cada una
de las fases que se señalan
en el itinerario por etapas o grados.
2) Itinerario
por etapas y grados
118 Este itinerario,
más amplio y de acuerdo con
el modelo típico, puede ser
muy apto para los que proceden de
otras religiones no cristianas o extranjeros,
que no hayan conocido ningún
ámbito cristiano. En todo caso
contiene las referencias más
importantes que deben tenerse en cuenta
aun cuando se utilice la forma simplificada
que acabamos de describir.
El anuncio
misionero y el precatecumenado
119 La predicación
evangélica se da en la Iglesia
de distintas formas y a través
del testimonio y de la palabra de
todos los cristianos: la predicación,
las intervenciones eclesiales a través
de los distintos medios de comunicación,
la difusión del magisterio
de la Iglesia, la lectura bíblica
en toda ocasión, la publicación
de libros religiosos... No es de extrañar,
pues, que la petición del bautismo
por parte de un adulto se produzca
entre nosotros vinculada a una persona
concreta (novio, cónyuge, amigo...)
o en referencia a una situación
eclesial determinada. Esta constatación
nos anima a definir entre nosotros
el tiempo de "pre-catecumenado"
como "un tiempo de búsqueda
y de verificación"247
del testimonio y de la palabra que
el adulto ha meditado en su llamada
a la conversión. Introducirse
en este tiempo es "ya fruto de
la gracia". "El Espíritu
Santo, maestro interior, suscita,
sostiene y alimenta esa pequeña
llama por la que el hombre busca al
Dios vivo".248
120 El mediador
humano principal en el anuncio misionero
(cónyuge, amigo...) está
llamado a ser el "fiador"
del que habla el RICA y su misión
será acompañarlo en
su relación con la comunidad
cristiana. "La admisión
(al "precatecumenado") se
hará en una reunión
de la comunidad local, con tiempo
suficiente para que brote la amistad
y el diálogo"249. Al no
haber tiempo determinado ni programas
de contenidos en esta etapa "espérese
hasta que los candidatos, según
su disposición y condición,
tengan el tiempo necesario para concebir
la fe inicial y para dar los primeros
indicios de su conversión"250.
Se trata de una "fe inicial"
y de una conversión "inicial",
es decir de una acogida cordial a
la acción divina en sus vidas,
y el deseo moral del cambio de vida.
El acompañante del precatecúmeno
determinará con él el
momento en que éste pueda ser
presentado al párroco o a la
comunidad para iniciar la etapa del
catecumenado.
El catecumenado
121 El tiempo
del catecumenado, propiamente dicho,
comprende cuatro "caminos"251
que se pueden concretar de este modo
en nuestra Iglesias diocesanas:
1. Catequesis
apropiada, básica e integral,
cuyo objetivo es conducir al catecúmeno
al íntimo conocimiento del
misterio de la salvación. Los
contenidos deben ser los propuestos
por la Conferencia Episcopal Española
en su Catecismo de Adultos, que deberá
ser estudiado por el catecúmeno
ayudado por el catequista, y a ser
posible en contacto con algún
grupo o comunidad de catequesis de
adultos con los que pueda saborear
el conocimiento de los Misterios de
la salvación. Si no es posible
esta participación del catecúmeno
en un grupo de catequesis, el catequista
deberá ayudarle con su propia
comunicación testimonial, a
que el catecúmeno también
estudie y conozca la fe con sabiduría.
2. Ejercicio
de la práctica de la vida cristiana,
en un "tránsito que lleva
consigo un cambio progresivo de sentimientos
y costumbres, y debe manifestarse
con sus consecuencias sociales y desarrollarse
paulatinamente durante el catecumenado"252.
Los "exorcismos" y las "bendiciones"
que el Ritual incorpora para este
tiempo del catecumenado253 se harán
durante "celebraciones de la
Palabra".
3. Participación
en la liturgia y oración de
la Iglesia. Durante este tiempo el
catecúmeno, junto a su catequista
y acompañantes, asistirá
a la liturgia de la Palabra de las
celebraciones eucarísticas
dominicales, y a las celebraciones
comunitarias de la Penitencia, así
como a alguna celebración del
sacramento del Bautismo, y a ser posible
de la Confirmación.
4. Cooperación
en la misión. El catecúmeno
deberá adquirir en este período
la experiencia de cooperación
en alguna de las tareas misioneras
o asistenciales que tenga establecidas
la comunidad cristiana (actividad
en su movimiento apostólico
o comunidad; o participación
en alguna actividad de Caritas, grupos
juveniles y otros).
El tiempo
de la purificación y de la
iluminación
122 De ordinario,
tiene lugar durante el tiempo de cuaresma
del segundo año de la Iniciación
cristiana del catecúmeno.
En el primer
domingo de la cuaresma se celebrará
el rito de la elección con
el que concluye el catecumenado y
por el que la Iglesia le elige para
recibir sus sacramentos. El rito de
la elección se celebrará,
según lo indicado en el RICA254,
presidido por el Obispo o, con delegación
expresa, por el párroco. Durante
la cuaresma, se pueden celebrar los
escrutrinios y las entregas según
se indica en el Ritual255; a los cuales
sigue la celebración de los
ritos para la preparación inmediata.256
La celebración
de los sacramentos y la mistagogia
123 La celebración
tendrá lugar en la Vigilia
pascual, en la Catedral o en la parroquia,
presidiendo el Obispo o un delegado,
y se seguirá el Ritual "distribuido
en sus grados"257. Si no fuere
posible la presidencia del Obispo
o su delegado en la Vigilia Pascual,
los sacramentos de la Iniciación
cristiana se celebrarán en
un domingo del tiempo pascual. La
cincuentena pascual es considerada
como "un gran domingo",
y cada eucaristía dominical
es la gran celebración del
"día en que actúo
el Señor".
Después
viene el tiempo de la mistagogia258,
para la profundización en los
misterios celebrados, que ocupará
el tiempo pascual y concluirá
en la celebración solemne de
Pentecostés.
B. La Iniciación
cristiana de adultos ya bautizados
124 Se trata
de la plena incorporación a
la Iglesia de aquellos adultos bautizados
de párvulos, que no han recibido
la debida catequesis y no están
confirmados ni han participado en
la Eucaristía, y viven alejados
de la fe y de la comunidad cristiana.
El Ritual de la Iniciación
cristiana de Adultos, en su capítulo
IV, hace unas sugerencias pastorales
en orden a la preparación para
la Confirmación y la Eucaristía
de estos adultos259. El Ritual equipara
estos casos al del adulto que ha sido
bautizado en peligro de muerte y advierte
"aunque tales adultos nunca hayan
oído hablar del misterio de
Cristo, sin embargo, su condición
difiere de la condición de
los catecúmenos, puesto que
aquéllos ya han sido introducidos
en la Iglesia y hechos hijos de Dios
por el Bautismo. Por tanto, su conversión
se funda en el Bautismo ya recibido,
cuya virtud deben desarrollar después"260.
Los tiempos de preparación
de estos adultos para los sacramentos
de la Confirmación y la Eucaristía
deberán ser considerados de
forma individualizada.
125 Junto a
estos adultos se encuentra otro grupo
de cristianos que recibieron los tres
sacramentos de la Iniciación
cristiana en su infancia y adolescencia,
pero que se desvincularon de la Iglesia
durante un largo tiempo. En importantes
documentos de la Iglesia se ha subrayado
la necesidad de evangelizar de nuevo
a los bautizados de las viejas Iglesias
de Europa261. También entre
nosotros se ha insistido, en los programas
pastorales de la Conferencia Episcopal
y de algunos de sus organismos, en
la necesidad de un anuncio misionero
que introduzca a estos alejados en
un proceso de "reiniciación"
cristiana. Para atender convenientemente
esta doble urgencia misionera es necesario
plantear un "itinerario de Iniciación
cristiana de adultos bautizados"
o, si se prefiere, un itinerario de
neocatecumenado.
Iniciativas
eclesiales existentes
126 Para orientar
los procesos catequéticos de
los adultos nuestra Comisión
Episcopal de Enseñanza y Catequesis
publicó en el año 1991
unas orientaciones pastorales tituladas
Catequesis de adultos.
En España
hay numerosas iniciativas que responden
a esta necesidad indicada antes, cuidando
aquellos elementos que componen una
Iniciación cristiana de carácter
catecumenal. Todas merecen reconocimiento
dado su carácter eclesial.
Sin embargo no todas las catequesis,
ni los programas de educación
en la fe de adultos, pueden llamarse
de Iniciación cristiana en
sentido propio. Para que los carismas
en su genuinidad sean recibidos por
la Iglesia, deben ser discernidos,
y en ocasiones ayudados en su maduración
y en el despliegue de sus virtualidades.
Entre las iniciativas
más notables y difundidas sobresalen
el "camino neocatecumenal"
y los procesos de formación
cristiana que tienen algunos movimientos
apostólicos y comunidades eclesiales.
Confiamos en que las presentes Orientaciones
serán útiles para los
mismos, a fin de completar o perfeccionar
sus programas y ponerlos en práctica,
con la aprobación de los obispos.
Nuevas exigencias
pastorales
127 Ciertamente
toda catequesis de la Iglesia, y también
la de adultos, es una exigencia interna
de los sacramentos de iniciación...
y pretende... "hacer captar y
vivir las inmensas riquezas del Bautismo
ya recibido"262, de ahí
que muchos de los programas catequéticos
de adultos en nuestras Iglesias tengan
un carácter catecumenal, y
como se indica en las citadas Orientaciones
pastorales Catequesis de adultos hay
algunas dimensiones de fondo que son
comunes al "catecumenado bautismal"
y a la "catequesis de adultos",
tales como la dimensión teologal
o vinculación del hombre a
Dios; la dimensión pascual
o la vida nueva en Cristo; la dimensión
eclesial, por la que el catecúmeno
recibe la fe de la Iglesia; y la dimensión
antropológica, por la que el
hombre es acogido en su persona y
en su historia.
Por todo esto,
aunque el itinerario que proponemos
tenga destinatarios y objetivos específicos
distintos que los de la "catequesis
de adultos" creemos que puede
desarrollarse dentro de un grupo de
catequesis de adultos, cuando no sea
posible hacerlo con un grupo específico
de "bautizados no catequizados".
Catequesis
para adultos bautizados no catequizados
128 "El
desarrollo ordinario de la catequesis
(para bautizados no catequizados)
generalmente corresponderá
al orden propuesto a los catecúmenos;
pero al proponerla el sacerdote, el
diácono o el catequista tenga
presente la peculiar condición
de estos adultos que ya han recibido
el Bautismo"263. En el itinerario
para "bautizados no catequizados"
nos ajustaremos al modelo del itinerario
amplio "por etapas o grados"
ya que en este caso no se produce
la situación excepcional de
tener que administrar, sin dilación,
el sacramento del Bautismo.
a) Anuncio
misionero y nueva evangelización
129 El anuncio misionero a bautizados
increyentes o indiferentes presenta
de alguna manera más dificultades
que el que se hace a no bautizados.
En este caso la "novedad"
del Evangelio ha de ser presentada
con toda fuerza como novedad regeneradora
de la vida, gracias al acontecimiento
único de la Redención
de Jesucristo, sobre la base de
un testimonio de vida y de una
invitación que ofrezca
gratuitamente esperanza para el
hombre cautivo por su pecado y
miseria. Sólo cuando se
desciende a la auténtica
realidad del hombre, a su verdad,
éste puede acoger el "Kerigma".
¿Cuando se produce esa
acogida? Cuando, en el tiempo
escogido por el Señor,
la Buena Noticia encontrada como
gracia, desvela y comunica su
origen. En este momento, el evangelizador
pasa a ser "fiador"
ante la comunidad cristiana, ante
la Iglesia, que acoge en su seno
a un cristiano bautizado que quiere
iniciarse en el conocimiento y
la vida de Cristo en su Iglesia.
No hay tiempo determinado para
todo este proceso ni línea
divisoria entre lo que es tarea
del evangelizador y respuesta
de conversión.
La celebración del sacramento
de la misericordia del Padre que
acoge al hijo pródigo,
convocando a una fiesta a toda
la familia, será el hito
más importante de esta
etapa. Se debe invitar, pues,
al inicialmente convertido a que
se alegre por la misericordia
de Dios y que reconozca su miseria,
su verdad, participando en una
celebración de la Penitencia,
para la que el "fiador"
y el sacerdote previamente le
hayan preparado.
b) La catequesis
130 "Las verdades que se
profundizan en la catequesis son
las mismas que hicieron mella
en el corazón del hombre
al escucharlas por primera vez.
El hecho de conocerlas mejor,
lejos de embotarlas y agostarlas,
debe hacerlas aún más
estimulantes y decisivas para
la vida"264. En este tiempo,
pues, debe mantenerse con todo
rigor y "novedad" el
Evangelio, si bien lo propio de
esta etapa será su presentación
sistemática y orgánica.265
Para conseguir la novedad, la
fuerza, la organicidad y la sistematización,
el "catequizado" debe
seguir esta etapa como miembro
de un grupo o comunidad. No basta
ya el testimonio de un amigo,
del "fiador"; se requiere
ahora ya que la fe la manifieste
eclesialmente. El grupo, la comunidad
es el ámbito en que la
Palabra de Dios resuena y actúa
con poder. El Catecismo de adultos,
en preparación por la Conferencia
Episcopal Española, será
un instrumento garante de la integridad
de la fe de la Iglesia, que el
"bautizado no catequizado"
ha de conocer, celebrar, vivir
y orar.266
Los ritos catecumenales han de
hacer patente deben dejar muy
clara la condición de bautizado
del que sigue este itinerario.
Las celebraciones de la Palabra,
las celebraciones penitenciales,
los exorcismos y bendiciones,
así como la Eucaristía
dominical, son hitos importantes
de su crecimiento en la fe. Las
concreciones sobre la duración
de este itinerario corresponden
sobre todo a los directorios diocesanos.
c) Celebración de los sacramentos
y mistagogia
132 La última etapa de
este itinerario de iniciación
convendrá también
situarla en torno a la celebración
del Misterio Pascual: "Procesos
catequéticos diversos,
de jóvenes y adultos, podrán
con toda razón concluirse
o expresarse en la Vigilia pascual
de la comunidades cristianas con
la profesión de fe y la
renovación de los compromisos
bautismales"267. Es un momento
que corresponde al tiempo de purificación
e iluminación, y, en este
caso, también a la mistagogia.
"Se trata de un tiempo más
breve, en el que los adultos,
ya catequizados propiamente en
la segunda etapa, recapitulan
y gustan lo vivido en ella y asumen
públicamente los compromisos
de los sacramentos de la Iniciación
cristiana, que ellos ya recibieron"268,
o que van a recibir por vez primera
en la Vigilia Pascual, sea la
Confirmación o la Eucaristía.
133 Para quienes van a recibir
los Sacramentos de la Confirmación
y de la Eucaristía, se
tendrán durante la cuaresma
las catequesis presacramentales
y se pueden celebrar los ritos
de "entregas" del Símbolo
de la fe y de la Oración
dominical, adaptados a su condición
de bautizados. En la solemnidad
de Pentecostés los miembros
del grupo de catequesis con toda
la comunidad pueden celebrar una
fiesta final del itinerario recorrido,
posiblemente con los otros grupos
de la diócesis en torno
al obispo.269
4. LA INICIACIÓN
CRISTIANA DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
NO BAUTIZADOS
El Ritual
de la iniciación de niños
en edad catequética
134 Es necesario
referirse también a una situación
cada día más frecuente.
Se trata de la petición del
Bautismo para niños, y en ocasiones
adolescentes, que, por diversas causas,
no fueron bautizados de párvulos.
En la mayoría de los casos
se trata de niños que han empezado
a asistir con sus compañeros
bautizados a la catequesis parroquial,
con vistas a hacer la Primera Comunión.
Sin entrar ahora en el análisis
de las causas por las que esos niños
o adolescentes no recibieron el Bautismo
en los primeros meses de su vida,
es necesario exponer algunos criterios
básicos para orientación
de los responsables de la pastoral
catequética y litúrgica.270
135 El Ritual
de la iniciación cristiana
de adultos, en su capítulo
quinto, desarrolla un Ritual de la
iniciación de niños
en edad catequética (aproximadamente
entre los seis y los dieciseis años),
"destinado a los niños
que no habiendo sido bautizados en
la infancia, y llegados a la edad
de la discreción y de la catequesis,
vienen para la Iniciación cristiana,
ya traídos por sus padres o
tutores, ya espontáneamente,
pero con su permiso"271. Esto
quiere decir, en primer lugar, que
no se puede usar en estos casos el
Ritual del Bautismo de párvulos,
como si fueran unos recién
nacidos, y en segundo lugar que la
solución pastoral ha de ser
también necesariamente distinta
de la que se adopta para la iniciación
sacramental de los niños ya
bautizados. Conviene recordar también
que tanto los niños no bautizados
llegados al uso de la razón
como los adolescentes no bautizados,
son equiparados por el Código
a los adultos a efectos de la pastoral
de la Iniciación cristiana.272
136 Se ha de
procurar, por tanto, que la Iniciación
de estos niños y adolescentes
se haga por etapas, jalonándolas
con diversos ritos. En el caso de
los niños, es conveniente que
su iniciación se apoye en el
grupo de los demás niños
de su edad que van siguiendo la catequesis
de la comunidad273, y que los ritos
que señala el Ritual se celebren
al mismo tiempo que se desarrolla
el itinerario de sus compañeros.
La catequesis ha de ser introducción
no sólo en la doctrina de la
fe, sino también en la conversión
y en la experiencia de la vida de
la comunidad cristiana. Se trata,
por tanto, de ofrecer a esos niños
no bautizados un verdadero y propio
catecumenado orientado a la progresiva
comprensión de la Palabra de
Dios, de la oración eclesial
y de la celebración litúrgica,
y a un compromiso de fidelidad al
Evangelio y de amor al prójimo.
137 La entrada
en el "segundo grado" de
la Iniciación cristiana de
estos niños (escrutinios o
ritos penitenciales) se tendrá
en una celebración conjunta
con los niños bautizados que
vayan a celebrar su "primera
confesión", durante la
cuaresma274. La celebración
de los sacramentos de la iniciación
se hará en la noche de Pascua
o en domingo. En todo caso, el Bautismo
habrá de celebrarse en la Misa
en la que participan por primera vez
los "neófitos". En
esta misma celebración se confiere
la Confirmación por el Obispo
o por el presbítero que administra
el Bautismo275. El presbítero
que, por razón de su oficio
o por mandato del Obispo diocesano,
bautiza a quien ha sobrepasado la
infancia, goza ipso iure de la facultad
de confirmar276. No obstante, ofrézcase
al Obispo el bautismo de aquellos
niños que han cumplido catorce
años, para que lo administre
él mismo, si lo considera conveniente.277
Repercusiones
en la pastoral del bautismo
138 La presencia
de estos grupos de niños que
reciben todos los sacramentos de la
iniciación en edad catequética,
plantea a veces un interrogante sobre
la práctica del bautismo de
párvulos: algunas personas,
en efecto, prefieren que sean los
mismos niños los que profesen
la fe de la Iglesia antes de recibir
el bautismo. Habrá que tomar
en cuenta esta tendencia para no magnificar
pastoralmente estas situaciones, poniendo,
de algún modo, en entredicho
la legitimidad del Bautismo de párvulos,
pero no por este motivo habrá
que bautizar casi en secreto a estos
niños e independientemente
de la recepción de la Primera
Comunión, pues una práctica
de este tipo repercutiría no
menos gravemente en una desvalorización
del sentido del Bauitismo.
139 "Como
niños recién nacidos,
desead la leche espiritual pura, a
fin de que, por ella, crezcáis
para la salvación, si es que
habéis gustado que el Señor
es bueno. Acercándoos a El,
piedra viva, desechada por los hombres
pero elegida, preciosa ante Dios,
también vosotros, cual piedras
vivas, entrad en la construcción
de un edificio espiritual, para un
sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios
espirituales, aceptos a Dios por mediación
de Jesucristo... Vosotros sois linaje
elegido, sacerdocio real, nación
santa, pueblo adquirido, para anunciar
las alabanzas de Aquel que os ha llamado
de las tinieblas a su admirable luz".278
Estas palabras
de la primera carta del Apóstol
Pedro, en un tono de homilía
bautismal, sintetizan las reflexiones
y orientaciones que hemos propuesto
como ayuda a las Iglesias particulares
en su cometido de determinar un proyecto
propio de Iniciación cristiana
bajo la autoridad del Obispo, que
respondan a las circunstancias específicas
de cada lugar y constituyan una verdadera
renovación tanto de la catequesis
como de la celebración de los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación
y de la Eucaristía.
140 Con este
motivo ejercemos nuestro deber pastoral
y manifestamos juntamente nuestro
aliento y nuestra confianza en los
presbíteros, diáconos
y catequistas, y en todas las personas
que con su entrega generosa cumplen
con el mandato misionero del Señor
a su Iglesia, en los diversos ámbitos
de la educación en la fe y
de la pastoral litúrgica, desde
la familia y la parroquia a los movimientos
eclesiales, pasando por la escuela
y la enseñanza religiosa escolar.
De manera particular
queremos animar a los fieles laicos
a que asuman esperanzadamente su vocación
y su misión en este campo específico
de la transmisión de la fe
y de su crecimiento y desarrollo en
la vida de la Iglesia. "Cristo
realiza su función profética
no sólo a través de
la jerarquía, sino también
por medio de los laicos. El los hace
sus testigos y les da el sentido de
la fe y la gracia de la palabra".279
LXX
ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA
EPISCOPAL 27 de noviembre de
1998
SIGLAS
AG Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre
la acción misionera de la Iglesia
Ad Gentes (7 Diciembre 1965).
CA Comisión Episcopal de Enseñanza
y Catequesis, Orientaciones Pastorales
Catequesis de Adultos (Diciembre 1990).
CC Comisión Episcopal de Enseñanza
y Catequesis, Orientaciones Pastorales
La Catequesis de la Comunidad (Febrero
1983).
CCE Catecismo de la Iglesia Católica
(11 Octubre 1982).
CD Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre
el oficio pastoral de los Obispos
en la Iglesia Christus Dominus (28
Octubre 1965).
CCL Corpus Christianorum, Series Latina
(Turnholti 1953 ss.).
CIC Codex Iuris Canonici (25 Enero
1983).
ChL Juan Pablo II, Exhortación
apostólica Christifideles Laici
(30 Diciembre 1988).
CSEL Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum
Latinorum (Wn 1866 ss.).
CT Juan Pablo II, Exhortación
apostólica Catechesi Tradendae
(16 Octubre 1979).
DD Juan Pablo II, Carta apostólica
Dies Domini (31 Mayo 1998).
DGC Congregación para el Clero,
Directorio General para la Catequesis
(15 Agosto 1997).
DV Conc. Ecum. Vat. II, Constitución
dogmática sobre la divina revelación
Dei Verbum (18 Noviembre 1965).
EC Congregación para la Educación
Católica, La Escuela Católica
(19 Marzo 1977).
EN Pablo VI, Exhortación apostólica
Evangelii Nuntiandi (8 Diciembre 1975).
FC Juan Pablo II, Exhortación
apostólica Familiaris Consortio
(22 Noviembre 1981).
LG Conc. Ecum. Vat. II, Constitución
dogmática sobre la Iglesia
Lumen Gentium (21 Noviembre 1964).
PO Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre
el ministerio y la vida de los presbíteros
Presbyterorum Ordinis (7 Diciembre
1965).
RICA Ritual de la Iniciación
Cristiana de Adultos (6 Enero 1972).
SC Conc. Ecum. Vat. II, Constitución
sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum
Concilium (4 Diciembre 1963).
TMA Juan Pablo II, Carta apostólica
Tertio Millennio Adveniente (10 Noviembre
1994).
UR Conc. Ecum. Vat. II, Derecho sobre
el Ecumenismo Unitatis Redintegratio
(21 Noviembre 1964).
VhL Conferencia Episcopal Española,
Instrucción pastoral La verdad
os hará libres (20 Noviembre
1990).
NOTAS FINALES
1 Cf Hch 16,14.
2 Cf 1Co 4,15; Ga 4,26.
3 Cf S. Agustín Contra litt.Petilliani
III, 56,68: PL 43,385; CSEL 32.222
4 S. Agustín Epist. 23,4: PL
33,96; CSEL 34/1.67
5 PO 6; Cf. Ritual de la Iniciación
cristiana de adultos (RICA) 1972;
Pablo VI, Const. Apost. Divinae Consortium
Naturae; Exh. Apost. Evangelii Nuntiandi
34; Juan Pablo II Exhort. Apost. Catechesi
Tradendae 44; Juan Pablo II Exhort.
Apost. Christifideles Laici 61.
6 Discurso del Papa Juan Pablo II
a los obispos de las provincias eclesiásticas
de Granada, Sevilla y Valencia, en
su visita "ad limina" (7-7-98),
en L'Osservatore romano 28 (1541),
10 de julio de 1998, p. 5.
7 Cf Planes pastorales de la Comisión
Episcopal de Enseñanza y Catequesis
desde 1982. Documentos de la Conferencia
Episcopal Española: Testigos
del Dios vivo (1985); La verdad os
hará libres (1990). Congresos
de la Conferencia Episcopal española:
Evangelización y mundo actual
(1985); Parroquia Evangelizadora (1988);
Jesucristo, la Buena Noticia (1997).
8 Conferencia Episcopal Española,
Plan Pastoral 1994-1997. Para que
el mundo crea, III, p.17.
9 n.120.
10 Cf CD 15; cf DGC 222-223.
11 Cf DGC 277.
12 Cf nn. 39; 41; 45; 50 y 55.
13 Cf CT 45.
14 Cf CC 252; CA 62.
15 Cf LG 14.
16 Cf ChL 32-44.
17 Cf 1 Co 15, 10.
18 Cf Flp 3, 14.
19 Cf Lc 24,13-35.
20 Cf Ap 21, 2.9; Ga 4,26.
21 DV 2.
22 Cf Rm 4,16; 9,6-8; Gal 3,5-9; 4,4-7.
23 Cf Oración después
de la 2ª lectura de la Vigilia
pascual: "Oh Dios, Padre supremo
de los creyentes, que multiplicas
sobre la tierra los hijos de tu promesa
con la gracia de la adopción
y, por el misterio pascual, hiciste
de tu siervo Abrahán el padre
de todas las naciones, como lo habías
prometido...".
24 Cf CCE 1092 ss.
25 CCE 1212.
26 Cf Gal 4,19; Ef 4,13.
27 Cf Mc 16,15; SC 6.
28 Cf Mt 28,20.
29 0Cf Jn 20,21-22; Hch 2,8-36.
30 Cf CCE 1069; 1153.
31 Cf CCE 1091; 1099; 1108; 1139.
32 Cf LG 8.
33 "Evangelizar constituye, en
efecto, la dicha y vocación
propia de la Iglesia, su identidad
más profunda" (EN 14);
cf EN 13-15.
34 CD 11; cf LG 26.
35 TDV 41; cf EN 62.
36 CD 11.
37 EN 63.
38 Cf DGC 109-113; 203.
39 DGC 274.
40 Ceremonial de los Obispos, 404;
cf LG 26.
41 Cf Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los
sacramentos, La Liturgia Romana y
la inculturación, Roma 1994,
n. 16.
42 CCE 1212.
43 CCE 1275; cf RICA, Obser. generales
1-2; y Pablo VI, Motu proprio Divinae
Consortium Naturae (15-VIII-1971)
págs. 9-10, en el Ritual de
la Confirmación.
44 DGC 66; cf 63-65.
45 CCE 5; cf DGC 60 ss.
46 Cf SC 64; CD 14.
47 CT 23; cf CCE 1074-1075.
48 Cf DGC 69 ss.
49 DGC 70.
50 Cf DGC 72; 274.
51 Cf CCE 1229.
52 Cf CCE 1230.
53 Cf SC 64.
54 Cf CCE 1231 y 1233; CIC c. 788;
RICA cap. V; Comisión Episcopal
de Liturgia, La Iniciación
cristiana de los niños no bautizados
en edad escoplar (16-IX-1992) en Boletín
Oficial de la Conferencia Espiscopal
Española 36 (1992) 231-235.
De esta problemática se hablará
más adelante.
55 Cf CCE 1232.
56 DGC 177; cf 178.
57 Cf DGC 277, y más adelante
en el n. 63.
58 Cf RICA Obser. previas 9; cf Juan
Pablo II, Ecclesia in Africa, 57.
59 RICA Obser. previas 18
60 De symb. ad catech, 1, 1; PL 40,
637, I, 1 ; cf. In Ioan. 44, 2: CCL
36, 382, 2, 14-20; la misma catequesis
del Obispo de Cartago, amigo y discípulo
de S. Agustín: Quodvultdeus,
De Symbolo, 1, 1: CCL 60, 306, 9-13;
AG 14 y CIC c. 206.
61 Cf SC 102.
62 Sin este nuevo lenguaje, esencialmente
bíblico y litúrgico,
trabajado por los Santos Padres y
continuado en el magisterio de la
Iglesia, no se puede entender el cristianismo.
Una muestra lograda de esa mentalidad-lenguaje
se encuentra en el Catecismo de la
Iglesia Católica.
63 RICA Obser. previas 19
64 Cf RICA 133-151.
65 Cf RICA Obser. previas 21-26; 152-207.
66 RICA 157.
67 CCE 1213.
68 Cf Hch 2,42.
69 Cf RICA 237-239.
70 RICA Obser. previas 38.
71 Cf Juan Pablo II, Carta Apost.
Dies Domini, 31 de Mayo de 1998.
72 Cf DGC 256.
73 Cf CC 267; Comisión Episcopal
de Enseñanza y Catequesis,
Orientaciones pastorales sobre la
Enseñanza Religiosa Escolar,
66-69.
74 Cf SC 42.
75 Cf supra nn. 18-21.
76 CC 268.
77 Cf CD 11; CIC c. 369.
78 Cf CIC c. 858.
79 Cf SC 42; CIC c. 515, 1.
80 ChL 26.
81 Cf CT 67; CC 268; DGC 257-258.
82 Cf CT 67; véase más
adelante los nn. 36-37.
83 Carta de los derechos de la familia
de la Santa Sede, 22 de octubre de
1983, artc. 5, en Ecclesia 2152 (1983)
1515-1517.
84 CIC c. 774, 2.
85 FC 39; cf CC 272.
86 Cf CT 68; DGC 255.
87 Cf DGC 261-262.
88 ChL 30.
89 DGC 259.
90 Sagrada Congregación para
la Educación Católica.
La Escuela Católica 9.
91 CIC c. 795.
92 Cf EC 53-56.
93 Cf Comisión Episcopal de
Enseñanza y Catequesis, Orientaciones
pastorales para la enseñanza
religiosa escolar 40-41; EC 38-43.
94 Ibidem, 61.
95 Cf Ibidem, 64-65.
96 Cf Ibidem, 62-63.
97 Cf Conferencia Espiscopal Española,
Plan Pastoral 1994-1997. Para que
el mundo crea, III, 9.
98 Cf DGC 47-48; 60; 65-66.
99 CT 23; CCE 1074.
100 CCE 1072.
101 SC 59.
102 CCE 1075; cf DGC 88; 108; 128.
103 DGC 66.
104 AG 14.
105 Cf DGC 84 ss.
106 DGC 67; cf CT 22.
107 DGC 67.
108 DGC 67.
109 Cf supra n. 31.
110 Cf DGC 88.
111 DGC 89.
112 Cf DGC 139-142.
113 DGC 143.
114 Cf AG 13; RICA 19.
115 DGC 237.
116 Cf DGC 239.
117 Cf DGC 240-245.
118 DGC 235.
119 Cf CCE 1210; 1212. Supra nn. 9-12.
120 SC 7.
121 Cf SC 10.
122 RICA Obser. generales 2; cf LG
31.
123 RICA Obser. previas 34.
124 Cf CIC c. 842, 2; 851, 1; etc.
125 DGC 71; cf 176; 178; 181; 207.
126 Cf DGC 118; 208.
127 CCE 1075; cf DGC 89; 108; 117;
129.
128 Cf Lc 4,19.
129 Cf CCE 1168 y 1165.
130 Cf SC 106; 102.
131 Cf CCE 1166.
132 CCE 1167.
133 Cf Conferencia Episcopal Española,
Instrucción pastoral, Sentido
evangelizador del Domingo y de las
fiestas (1992), 13-23, en Boletín
Oficial de la Conferencia Episcopal
Española 36 (1992) 211-228.
134 Cf Ibidem 21. Véase también
Juan Pablo II, 1 de abril de 1998:
L'Osservatore Romano, ed. española
de 3-IV-1998, p. 12.
135 Cf DD 46-49.
136 Cf SC 11.
137 Cf DGC 89.
138 Véanse las "Orientaciones
previas" de cada uno de los Rituales.
139 Cf Ceremonial de los Obispos 7;
9; 404; etc.
140 CCE 1213; cf 1277, 1279.
141 UR 22.
142 Cf CCE 1277. 1279.
143 Cf Hch 2,38.
144 Cf CCE 1302; 1315; TMA 45.
145 Cf CCE 1298; SC 71.
146 CCE 1285; cf LG 11.
147 CCE 1304; cf 1303-1305; 1316.
148 LG 11.
149 Misal Romano, Pleg. Eucarística
III.
150 Cf SC 71.
151 Cf CCE 1306; CIC c. 889, 1; 890.
152 Juan Pablo II, Alocución
a los obispos de Francia (27-X-1987)
5. Véase también la
Nota de la Comisión Episcopal
para la Doctrina de la Fe, Algunos
aspectos doctrinales del sacramento
de la Confirmación (24-X-1991)
en Boletín Oficial de la Conferencia
Episcopal Española 32 (1991)
159-160, 1-2.
153 CCE 1322.
154 Cf CCE 1324-1327.
155 Cf CIC, c. 914.
156 CCE 1244; cf 1385-1389.
157 Congregación para el Culto
Divino, Directorio para las Misas
con Niños, de 1-XI-1973, n.
8.
158 Cf CCE 1420-1421.
159 CCE 1422.
160 CCE 1310.
161 Cf CIC c. 914; Apéndice
del Directorio Catequístico
General (1971).
162 Véanse a este respecto
las indicaciones en Conferencia Episcopal
Española, Instrucción
pastoral Dejáos reconciliar
con Dios, de 15-IV-1989, 76.
163 Cf supra, nn. 6; 15; 32 y 63.
164 Cf Ceremonial de los Obispos,
nn. 7, 9, 404, etc.
165 DGC 274; cf supra n. 14.
166 PO 6.
167 CEE, Plan Pastoral 1994-1997.
Para que el mundo crea, pag. 11.
168 CEE, Plan Pastoral 1994-1997.
Para que el mundo crea, pág.
17.
169 ChL 58.
170 Cf Fundación S.M., Los
valores de los niños españoles,
1992, p. 49; Los jóvenes españoles,
94, p. 207.
171 Cf J.M. Estepa. Discurso de clausura
en las XXV Jornadas Nacionales de
Catequesis: "Es más, mucho
más, lo positivo que lo negativo.
Y en este sentido tenemos que tener
siempre conciencia lúcida de
que la línea honda de los acontecimientos
en la Iglesia es más positiva
siempre que negativa. El Espíritu
de Dios ha fecundado el camino, ha
fecundado a su Iglesia. Es más,
mucho más, por tanto, lo que
ha fecundado el Espíritu de
Dios que los obstáculos que
nosotros hemos puesto" en El
sacerdote y la catequesis, Madrid
1992, p.162.
172 EN 24.
173 Cf TDV 26.
174 Cf TDV 38.
175 Cf TDV 54-56.
176 Concilio Provincial Tarraconense,
resolución 1,d.
177 DGC 277.
178 Cf 2 Pe 1,4.
179 Cf 1Tm 2,3-4; 1 Jn 4,10.
180 Para la situaciones más
difíciles ver Congregación
para la Doctrina de la Fe, Instrucción
sobre El Bautismo de los Niños
(20-X-1980), en AAS 72 (1980) 1137-1156.
181 Cf SC 67.
182 Cf SC 27.
183 CCE 1257.
184Cf CCE 1250-1252; 1257; 1263-1264.
185 CIC c. 867, 1.
186 Cf Ibidem.
187 Congregación para la Doctrina
de la Fe, Instrucción sobre
el Bautismo de los Niños, de
20-X-1980, n. 15.
188 Cf Ritual del Bautismo de niños,
1970 nn. 1-108, especialmente: 10-32;
54-60 y 87-103; supra 51.
189 Cf CIC cc. 872-874.
190 Cf CIC C.874
191 Cf FC 81.84.
192 Cf Congregación para la
Doctrina de la fe, Instrucción
sobre el Bautismo de los Niños,
n. 31.
193 Cf Ibidem n. 30.
194 Cf Ritual del Bautismo de Niños,
nn. 15-20.
195 Cf CIC c. 857.
196 Cf supra nn. 32-33.
197 Cf CIC c. 856.
198 Ritual del Bautismo de los niños,
n. 47.
199 CIC c. 891.
200 Cf CIC c. 1065, 1; Ritual del
matrimonio, n. 18.
201 Decreto (25-XI-1983), art. 10,
en Boletín Oficial de la Conferencia
Episcopal Española, 3 (1984)
102.
202 Cf DGC 184-185.278; Comisión
Episcopal para la Doctrina de la Fe,
Sobre algunos aspectos doctrinales
del sacramento de la Confirmación,
1.
203 Cf Concilio de Trento, DS 1628.
204 Boletín Oficial de la Conferencia
Episcopal Española, 32 (1991)
159-160.
205 Ibidem, 1.
206 Ibidem, 2.
207 Ibidem, 3.
208 Ibidem, 4.
209 Ibidem, 5.
210 Ritual de la Confirmación,
Obser. previas 13.
211 Ibidem.
212 Cf Alocución de Juan Pablo
II a un grupo de Obispos del Sur de
Francia en la visita "ad limina"
(27 de Marzo de 1987), en L' Osservatore
Romano, Año XIX 40 (1987) 705-706.
213 Cf Concilio de Trento, DS 1628.
214 Cf DD 36.
215 Cf CCE 1306 ss.
216 Cf CCE 1306; ver también
1212;1233; 1275.
217 Cf CCE 1307.
218 CCE 1322.
219 Cf Ef l,13.
220 Cf CCE 1312-1313.
221 CCE 1313; cf 1318.
222 CIC c. 891.
223 Cf CCE 1297; Ceremonial de los
Obispos 274-276.
224 Cf Ceremonial de los Obispos 12.
225 CCE 1327.
226 CIC c. 913, 1.
227 Ibidem c. 914.
228 Véase la Declaración
de la Congregación para la
Disciplina de los Sacramentos, La
Penitencia antes de la Primera Comunión,
de 24-V-1974, en AAS 65 (1973), 410;
y Congregación para el Culto
Divino, Directorio para las Misas
con Niños, de 1-XI-1973, n.
12, en AAS 66 (1974) 30-46.
229 Cf DD 36.
230 Cf Sagrada Congregación
de Ritos y Consilium, Instr. Eucharisticum
mysterium 6, en AAS 59 (1967) 539-573.
231 Cf Mt 10,32; Rm 10,9.
232 Cf DGC 69-72.
233 Cf supra n. 56.
234 Gn 4,7b.
235 Ritual de la Penitencia, Praenotanda,
n. 6.
236 Cf DGC 274.
237 Las posibles adaptaciones del
RICA que pueden hacer las Conferencias
Episcopales se especifican en el nº
30 de las Observaciones generales
y en los nn. 12 y 65 de las Observaciones
previas.
238 Cf CIC cc. 781-792.
239 CIC c. 788,3.
240 CIC c. 851, 1.
241 Cf RICA 44; 66; 240.
242 CIC c. 863.
243 Cf RICA 240-277.
244 Cf supra nn. 25-31.
245 Cf RICA 277.
246 RICA 274-277.
247 Cf RICA, 6 y 7; se habla en latín
de "tempus investigationis".
248 CA 204.
249 RICA, Obser. previas 12.
250 RICA 50.
251 Cf RICA, Obser. previas 19.
252 RICA, Ibidem.
253 RICA 98-132.
254 RICA 133-151.
255 Cf RICA 152-191; Obser. previas
52.
256 Cf RICA 193-207.
257 Cf RICA 208-234.
258 Cf RICA 235-239.
259 Cf RICA 295-305.
260 RICA 295.
261 EN; CT; Sínodo extraordinario
1985; ChL; etc.
262 ChL 61.
263 RICA 297.
264 CT 25.
265 Cf CT 21.
266 En estos momentos, el Catecismo
Esta es nuestra fe puede cumplir con
esta finalidad, de modo sumario, pero
suficiente para los niveles básicos
de catequesis de adultos. Según
el nivel cultural del catequizando
le será asimismo accesible
directamente el Catecismo de la Iglesia
Católica.
267 CC 96.
268 CA 217.
269 El bautizado no catequizado que
se inicia con este itinerario pasa
gradualmente de la condición
de catequizando a la de miembro activo
de la comunidad cristiana. Cf Comisión
Episcopal de Enseñanza y Catequesis,
Orientaciones pastorales. Catequesis
de adultos, especialmente los nn.
86-105 (características de
la catequesis de adultos) y nn. 198-222
(estructura gradual de la catequesis
de adultos).
270 Cf Comisión Episcopal de
Liturgia, La Iniciación cristiana
de los niños no bautizados
en edad escolar, en Boletín
Oficial de la Conferencia Episcopal
Española, 36 (1992) 231-235.
271 RICA 306.
272 Cf CIC c. 852, 1.
273 Cf RICA 306-313.
274 Cf RICA 332.
275 Cf RICA 344 y 362.
276 Cf CIC c. 883, 2.
277 Cf CIC c. 863.
278 1P 2,2-5.9.
279 LG 35; cf CCE 904-907
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