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Un
encuentro difícil
Muchos de los padres, que recorren
hoy procesos de Catequesis Familiar,
no han sido iniciados en la fe. O,
por alguna razón, a pesar de
haberlo sido, han hecho otras opciones
que los han mantenido en una fe infantil
y olvidada.
Se acercan a una comunidad eclesial
y piden para sus hijos la Primera
Comunión. Inmediatamente se
desencadena un sistema de atención
a su pedido. La Iglesia pone en marcha,
a través de sus agentes catequísticos,
un proceso comúnmente diseñado
para los que tienen fe. Se produce,
entonces, la gran dicotomía
entre lo que la familia pide y lo
que la Iglesia se dispone a darle.
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La familia tiene un propósito
social y la Iglesia le ofrece
la inserción comunitaria. |
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La familia llega pidiendo un sacramento
y la Iglesia quiere ayudarlos
a crecer en la fe. |
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La familia se resigna a hacer,
durante un tiempo, aquello que
se le pide y la Iglesia se propone
frutos de conversión y
de incorporación a Cristo
y a la comunidad. |
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La familia no tiene fe o tiene
una fe pequeña y adormecida
y la Iglesia supone una fe creciente. |
En estas condiciones
se inicia el camino. Así comienza
el diálogo entre la familia
y la Iglesia. Caminan por el mismo
territorio, pero tienen mapas muy
distintos… y se hace difícil
el encuentro.
Volver
a empezar
Volver a empezar supone preguntarse,
sincera y agudamente, acerca de la
fe de esos padres que integran nuestros
grupos de Catequesis Familiar. Acercarse
a ellos, no desde los supuestos o
deseos; sino desde la verdad. Caminar
con ellos, como Jesús con los
discípulos de Emaús,
para que antes de que anochezca su
fe, lo reconozcan finalmente al partir
con ellos el Pan.
"Una ambigüedad aqueja
a la Catequesis Familiar: la familia
es el primer lugar de iniciación
cuando lleva vida cristiana; pero
cuando no vive la fe, aunque sus miembros
hayan sido bautizados, es destinataria
de evangelización".[1]
He aquí la clave. Estos adultos
que piden la Primera Comunión
para sus hijos son destinatarios de
evangelización. Con ellos habrá
que reiniciar el camino. Sin suponer
su fe, habrá que anunciar a
Jesús como novedad que suscita
una respuesta libre de fe.
Volver a empezar el camino implica
dar pasos, reconociendo que un proceso
de Catequesis Familiar es, fundamentalmente,
una Catequesis con adultos que se
inician o que se reinician en la fe.
Por lo tanto, han de distinguirla
las mismas etapas [2] que caracterizan
al proceso catecumenal:
| Personalización |
Busca preparar a la persona y
al grupo para la adecuada acogida
de la Palabra de Dios, suscitando
la pregunta religiosa y propiciando
experiencias de encuentro con
el Misterio. |
| Propuesta
del seguimiento de Jesús |
Se realiza el anuncio de Jesús
y su Evangelio, como buena noticia
que salva al hombre y como invitación
a aceptarlo y a seguirlo. La Iglesia
reza por ellos y les entrega los
Evangelios como señal de
que ya son oyentes de la Palabra. |
| Iniciación
integral o catecumenado |
Es el paso fundamental de este
proceso. Aquí se realiza
la principal estructuración
de la identidad cristiana. Busca
la adhesión consciente
y definitiva a Cristo; la conversión
de la vida a los valores evangélicos;
la experiencia de la salvación
de Dios y la introducción
en el Misterio Pascual de Cristo,
por la plena participación
en los Sacramentos; la integración
efectiva en la comunidad cristiana
y la comunión con la Iglesia;
el compromiso en las tareas de
edificación de la Iglesia
y de la evangelización
del mundo. Si aún no se
han recibido los Sacramentos del
Bautismo y de la Confirmación,
éste es el momento adecuado
para hacerlo. Si se trata de un
camino de reiniciación,
se puede subrayar la centralidad
de esta etapa con la entrega del
Símbolo. |
| Identificación
eclesial e integración
comunitaria |
Se profundiza en el Misterio de
la Comunidad Cristiana y en el
significado de los Sacramentos.
Se favorece y acompaña
un discernimiento vocacional encaminado
a descubrir el carisma, ministerio,
servicio al cual Dios ha llamado
a cada uno. Finalmente, la comunidad
envía a los iniciados o
reiniciados que se constituyen
en testigos de Jesús. |
Probablemente
los procesos de Catequesis Familiar
que conocemos no recorren las etapas
anteriores o lo hacen sólo
parcialmente. Tal vez se mantienen
algunas formas exteriores, como la
entrega de la Palabra o la del Símbolo;
pero se ha olvidado o no se tiene
en cuenta la naturaleza, la finalidad
y el valor gradual de cada paso.
De
lo social a lo comunitario
Romper la dicotomía inicial,
compartir el mismo mapa, favorecer
el encuentro
Todo esto implica
reconocer a la familia tal cual es
y darles la posibilidad de crecer
en la fe a partir del lugar en el
cual su fe está. Sin falsos
supuestos que desvirtúan los
procesos.
Detrás de la búsqueda
social de los padres que piden la
Primera Comunión para sus hijos
se esconde una búsqueda religiosa.
Sólo que ella queda, a veces,
sofocada por una propuesta inadecuada.
La Catequesis Familiar está
llamada ser ocasión privilegiada
para
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Hacer consciente y explícita
la pregunta religiosa que anida
en el corazón de todo hombre
y de toda mujer. |
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Anunciar a Jesús como novedad
que convoca a una nueva vida y
que suscita la respuesta libre
de la fe. |
| Renacer
a la fe, reencontrarse con la
fe, volver a decir que sí
a la propuesta de Jesús. |
|
Convertirse a los valores del
Evangelio. |
|
Recibir, por primera vez, los
Sacramentos. O volver a recibirlos,
después de mucho tiempo.
Hacerlos significativos en la
vida de las personas, reconociendo
en ellos verdaderos signos del
amor de Dios. Celebrar la fiesta
de los Sacramentos en la comunidad. |
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Descubrir en la comunidad cristiana
el don de la comunión con
Jesús, Amigo y Señor,
y con los hermanos. |
| Hacer
la experiencia de la fraternidad
y del servicio. |
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Saberse llamado, elegido y provisto
de dones para responder a ese
llamado. |
| Dejarse
enviar por la comunidad para ser
testigos de Jesús. |
Favoreciendo
el paso de lo social a lo comunitario,
la Catequesis Familiar, en el seno
de la comunidad cristiana, constituye
un ámbito privilegiado para
la iniciación o reiniciación
cristiana de los padres.
Comunidad "iniciadora"
y fecunda, capaz de proponer y suscitar
la fe. Comunidad que asume su condición
profética en todo lo que dice,
vive y celebra. Se reconoce llamada
por Dios al anuncio de un estilo nuevo
de vida, capaz de motivar, enamorar
y contagiar, haciendo optar por la
misma fe, el mismo bautismo, la misma
Palabra y el mismo Pan compartidos
en esa comunidad.
1. GARCÍA
AHUMADA, Teología de la Catequesis
Familiar de Iniciación Eucarística,
"Catecheticum" 3 (2000),
48.
2. En la denominación de las
etapas del proceso catecumenal seguimos
al Pbro. Iván Darío
Giraldo. "La iniciación
cristiana y el proceso catecumenal".
Ponencia durante el Seminario - Taller
Regional "La Catequesis como
proceso permanente de maduración
en la fe". DECAT - CELAM, mayo
de 1998.
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